Andrés Iniesta, aquel que fue apodado como “El cerebro del Barça”, tuvo una época difícil previa a la gloria del 2010. Un episodio de depresión lo tenía alejado de sus compañeros. Un silencio extenso no solo llamaba la atención del camerino sino de su familia. En el estadio y en los televisores vimos siempre a un jugador excepcional, y los pocos partidos que pudo jugar mal siempre se atribuyeron a los bajones que hacen parte de la carrera de cualquier deportista. Y entonces es cuando olvidamos que detrás de los héroes o los ídolos que creamos en el fútbol hay seres humanos que son tan mortales o frágiles como nosotros.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta?
La depresión de Iniesta estalló con la muerte de Dani Jarque, central de Espanyol, en agosto de 2009. El catalán falleció en medio de una concentración del equipo en Italia. Fue entonces Carles Puyol quien le dio la noticia que lo llevaría a una de las etapas más difíciles de su vida: “La noticia me heló el corazón. Los siguientes días en Barcelona fueron terribles. A partir de ahí, empezó mi caída libre hacia un lugar desconocido. Vi el abismo. Y fue entonces cuando le dije al doctor: ‘No puedo más’”, escribió el volante español en su libro La jugada de mi vida.
Puede leer: Andrés Iniesta renovó contrato en Japón y jugará, mínimo, hasta los 39 años
En el fútbol, como en la vida, hay muchos tabúes alrededor de la salud mental. Incluso los hinchas o medios de comunicación podemos muchas veces influir en la ansiedad o depresión de un jugador, pues la pasión y la crítica, en muchas ocasiones, no conocen de límites y desconoce también la condición humana de quienes visten la camiseta que queremos. El caso de Iniesta, que si bien se aparta de críticas y presiones, sí nos recuerda que detrás de las estrellas del deporte hay personas que afrontan duelos, dudas y temores. Ese “genio del Barça” perdió por un tiempo su norte, evocó la mortalidad como el aspecto más natural de nuestra existencia.
Entre 2009 y 2010 el Barcelona ganó todo lo que jugó a nivel nacional e internacional. En medio de la euforia nadie podía imaginarse que uno de los estandartes de aquella época dorada, encabezada por Pep Guardiola, podía traer implícito un caos al interior de Andrés Iniesta. El tabú y los prejuicios son tantos que nos cuesta creer que, en medio de la gloria, no puede haber espacio para el desasosiego. Y se dirá que fue débil, que era imposible no estar feliz al ser campeón en todas las competiciones, pero lo cierto es que fue su momento más humano, y aunque festejó cada triunfo, por dentro sabía que algo seguía resquebrajado. Y es ahí donde radica la valentía, pues con el pasar de los días no solo trabajó con sus amigos y psiquiatras para ser el jugador de siempre, sino para ser el Andrés Iniesta de siempre, el que se divertía con la pelota, el que mostraba la generosidad de su corazón y la velocidad de su inteligencia para pensar en el otro y no primero en él.
Le puede interesar: “Lo que actualmente se juega no es fútbol, es una versión de él”: Óscar Washington Tabárez
No fue la Liga Española, no fue la Supercopa de España, no fue la Champions League, no fue la Supercopa de Europa, no fue el Mundial de Clubes. Fue el Mundial de Sudáfrica. Y fue ese campeonato del mundo no solo por ser el primero para su país, sino porque fue ahí donde rindió el homenaje a Dani Jarque y supo que dentro de su corazón se hizo justicia. En aquella final contra Holanda, Andrés Iniesta volvió a sentir esperanza. Ese silencio que antecedió el grito de millones fue el fin de su descenso y el regreso a los cielos a los que nunca más dejó de pertenecer.
Ese gol sobre el final del partido lo sacó de la depresión. En su genialidad sabía que su instinto no le iba a fallar. Debajo de la camiseta azul oscura de la selección de España llevaba un esqueleto que decía “Jarque siempre con nosotros”. Esa volea que cazó en el área y significó el primer Mundial para su país fue su mayor gesto de correspondencia a la historia de su fútbol y el mayor gesto de nobleza para el amigo que lloró por varios meses. No fue un gol dedicado a una patria, primero fue dedicado a la memoria de Dani Jarque, un futbolista como él, un ser humano como él. La lealtad se puede vestir de mil maneras, pero esa en particular fue una de las muestras más grandes.
La camiseta con que Iniesta le rindió homenaje a Dani Jarque en el Mundial que ganó España gracias al “Cerebro” reposa en el estadio del Espanyol, donde hay un espacio que honra la memoria del defensa catalán. El gol de aquel 11 de julio de 2010 no solo hizo eterno a Iniesta por lo que representó para un país, sino también reafirmó el legado de Jarque para la posteridad. Un grito en donde se fueron las tristezas y donde Andrés vio escapar a la depresión.
“Recuerdo muchas tardes de confesiones y secretos compartidos en Sudáfrica. Andrés me contó cosas muy personales que le ocurrieron ese año. Yo no las conocía. Después de eso, mi admiración hacia él es todavía mayor. Y, sobre todo, el orgullo de que mi amigo marcara ese gol fue aún más grande. No se podía encontrar a nadie mejora para firmarlo. Nadie podía haber llevado con más naturalidad ser el elegido”, dijo Fernando Torres en palabras que quedaron registradas en La jugada de mi vida.