El fútbol mundial atraviesa un momento turbulento en el ámbito institucional, quizás el más turbulento de toda su historia. La revelación hecha por The Times el pasado martes sobre un plan de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) para vender parte de sus derechos comerciales a inversionistas privados desató un fuerte enfrentamiento con la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA), al que horas después se sumó la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe (Concacaf).
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La iniciativa, impulsada por Gianni Infantino, presidente de la FIFA, ha provocado reparos y pronunciamientos en la mayoría de las confederaciones continentales. Alegan falta de transparencia en las negociaciones con los inversores vinculados a esta operación y presuntos conflictos de interés.
La propuesta por la que arrancó esta polémica fue la creación del FIFA Forward Enterprise (FFE), empresa controlada por la FIFA a la que se transferirían los derechos comerciales y operativos de sus principales torneos, entre los que están los mundiales de selecciones y clubes, en las ramas femenina y masculina de todas las categorías.
La operación tiene un fuerte vínculo con Wall Street y cuenta con el respaldo de grupos inversionistas como JPMorgan y Thrive Capital, firma de Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump. La FIFA pretende captar unos USD 4.200 millones mediante la venta de una participación cercana al 20 % de la nueva empresa a fondos de inversión de largo plazo.
Tras la revelación del Times, la primera confederación que pegó el grito fue la UEFA, que anunció ayer que sus 55 federaciones acordaron al unísono no participar en competiciones organizadas por la FIFA si el organismo mantiene su plan de abrir la propiedad comercial de los mundiales a privados. El organismo criticó la información diciendo que la “FIFA no puede seguir utilizando nuestro deporte para enriquecerse a sí misma y a sus amigos”. En su comunicado cuestionó la falta de transparencia con la que fue diseñado el proyecto de la FFE y apuntó a un conflicto de intereses.
Infantino, en un video publicado en la mañana del jueves, dijo que la FFE “forma parte de un proceso democrático, de consulta y, sobre todo, representa una oportunidad, pero no una obligación”. También afirmó que va a impulsar al máximo el desarrollo del fútbol a nivel mundial. No sirvió de mucho, pues Concacaf se sumó al rechazo. Reunida de forma extraordinaria, convocó a los presidentes de sus 41 federaciones miembro para debatir la propuesta y por unanimidad dijo que no, uniéndose así a la postura europea frente al proyecto.
La confederación señaló en un comunicado que “durante la reunión, los miembros expresaron profundas preocupaciones sobre la falta de debido proceso en torno a la propuesta, el plazo artificialmente impuesto y la ausencia de cualquier revisión o aprobación por parte de órganos de gobernanza relevantes de la FIFA”. También cuestionó la necesidad de recurrir a capital privado tras el Mundial más rentable de la historia.
Cabe recordar que la tensión había aumentado cuando este miércoles se conoció que Infantino fijó el 19 de septiembre como plazo para que las federaciones decidan si respaldan la iniciativa, fecha que se cruza con el Mundial Femenino Sub-20 de Polonia. En teoría, las selecciones europeas no participarían en este torneo, ni en el Mundial Femenino Sub-17 de Marruecos, a disputarse entre octubre y noviembre. La FIFA incluso ofreció un incentivo de USD 20 millones para quienes voten a favor antes de que venza el plazo, algo que la UEFA calificó como una forma de presión.
Fuera de Europa y Norteamérica, los reparos han tenido otro tono. La Confederación Asiática de Fútbol (AFC) manifestó molestia por no ser consultada antes, aunque hasta el momento no se ha pronunciado en contra de la propuesta de forma explícita. La Confederación Africana de Fútbol (CAF), por su parte, anunció que estudiará la iniciativa antes de tomar una decisión.
Al momento de la publicación de este artículo, la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) y su presidente Alejandro Domínguez no han emitido una comunicación formal sobre la propuesta de crear el FFE. Con la Concacaf ya del lado de la UEFA, el silencio sudamericano empieza a pesar más.
Con los recientes anuncios, la FIFA perdió el respaldo de dos confederaciones que agrupan a selecciones de enorme peso comercial: España -vigente campeón del mundo y coanfitrión de la próxima cita orbital-, Francia, Inglaterra y Alemania por un lado, y Estados Unidos, México y Canadá —los últimos anfitriones del Mundial— por el otro. Entre ambas se acercan al número de votos que se necesitan para tener una mayoría que le pondría fin al FFE.
Para que el proyecto entre en vigor deberá recibir el respaldo de al menos 106 de las federaciones afiliadas a la FIFA. Sobre el papel no parece sencillo, pues el contexto político daba la impresión de favorecer a Infantino antes del jueves. La razón principal era el incentivo financiero, pues la FIFA ofrecía hasta USD 40 millones por federación entre el ciclo actual y el próximo -los USD 20 millones del pago inmediato para los que votaran a favor más otros USD 20 millones repartidos en años posteriores-. Para federaciones con presupuestos limitados decirle que no a esa cifra es muy difícil.
Las críticas a Infantino también han llegado desde otros frentes. Joseph Blatter, expresidente de la FIFA, aseguró en X que “la estrecha relación entre el presidente de la FIFA y el presidente de Estados Unidos alcanzó una dimensión financiera que daña profundamente al fútbol”, en referencia a los vínculos entre Infantino y Trump. Al directivo le achacan que, en el último Mundial y luego de una llamada con Trump, al futbolista estadounidense Folarin Balogun, expulsado en los dieciseisavos de final, le suspendieron la sanción que debía cumplir en octavos y pudo jugar como si nada. Por ese tipo de hechos es que su independencia está en duda.
Los cuestionamientos también apuntan a que uno de los grupos interesados en invertir en el proyecto es liderado por empresarios cercanos al presidente Trump como Joshua Kushner. Aunque la FIFA insiste en que conservará el control de la nueva empresa, la entrada de tanto capital privado alimenta las dudas sobre intereses políticos y financieros.
Queda la pregunta: ¿y si ofrecen tanto dinero a cada federación, por qué no habrían de pedir algo a cambio? Con dos de las confederaciones más influyentes ya en contra, el futuro del FFE entró a un momento de incertidumbre. Para unos, la propuesta multiplicaría los recursos de las federaciones más pequeñas; para otros, marcaría el inicio de una transformación con consecuencias imprevisibles para la gobernanza del deporte.
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