Minuto 19 del segundo tiempo de la final de la Copa América de 2001 en el estadio Nemesio Camacho El Campín. La selección de Colombia, dirigida por Francisco Maturana, tenía acorralada a la de México. Giovanni Hernández fue derribado por un rival a un costado del área. Freddy ‘Totono’ Grisales se paró al frente del balón para ejecutar el cobro, pero Iván López se acercó y acomodó el balón a su gusto. Levantó el centro con el borde interno de su botín derecho e Iván Ramiro Córdoba, el capitán, con el número dos en su camiseta, saltó y metió un cabezazo cruzado que terminó con el balón adentro del arco sur del escenario bogotano.
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“Freddy venía ejecutando las pelotas quietas. Él ya había tenido la posibilidad y teníamos que variar. Cogí el balón y cobré. Se cambió y, afortunadamente, eso sirvió para lo que se generó después: el gol, el título y el triunfo que merecíamos por lo que habíamos hecho. A Iván Ramiro le llegó bien la pelota, pudo conectarla y hacer el gol que fue la felicidad”, le contó López a El Espectador recordando la gesta del 29 de julio de 2001, un día memorable e insuperable, pues significó el único título de la selección colombiana de mayores hasta ahora.
Esa Copa América fue especial. Se disputó entre el 11 y el 29 de julio y no contó con la participación de Argentina, que se negó a venir por la difícil situación de orden público que afrontaba Colombia. Cali, Barranquilla, Medellín, Manizales, Pereira, Armenia y Bogotá fueron las sedes. Colombia ganó los seis partidos que disputó, anotó 11 goles y no recibió ninguno. En la fase de grupos superó a Venezuela (2-0), Ecuador (1-0) y Chile (2-0). En cuartos de final a Perú (3-0) y en la semifinal a Honduras (2-0).
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Fabián Vargas, uno de los volante de esa plantilla, explica que “era un equipo muy sólido, con un gran ambiente. Siempre que nos reunimos recordamos lo que decía en ese momento Pacho (Maturana) sobre que el equipo cuando ganaba no se cambiaba, cómo Víctor Aristizábal se enojaba cuando no jugaba y el tremendo respaldo de la gente en todo lado. Fue una experiencia maravillosa”.
Otro protagonista del título de esa Copa fue el antioqueño Juan Carlos Ramírez, quien era suplente, pero luego de un amistoso ante el Júnior de Barranquilla, previo la torneo, se quedó con el puesto y a la postre fue uno de los jugadores con más minutos en cancha. Ramírez fue el volante centro encargado de recuperar y salir jugando, una especie de Leonel Álvarez en los noventa. “Jugaba en el Júnior y nuestro primer partido del torneo era en Barranquilla, así que tenía ventaja de alguna manera. Jugué ese amistoso y me gané un espacio en el equipo. Creo que lo que más hay que destacar es la unión del grupo gracias a un motivador y líder como Pacho Maturana. Nos convenció a todos que podíamos hacer historia”, dijo el ahora formador de jugadores.
La presión por la necesidad de darle alegrías a un país que vivía los días más duros de la guerra, con un proceso de paz fallido y una guerrilla envalentonada, fue dura. Pero fue la tranquilidad de Maturana la que sirvió para calmar los ánimos y llevar a los jugadores a pensar solo en fútbol. “El profe nos dio su confianza, nos pidió que jugáramos por nuestras familias y nuestros compatriotas. En cada partido sentíamos que de nosotros dependía darle alegrías al país y, afortunadamente después de todo, cumplimos con ese objetivo”, agregó Ramírez.
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Víctor Aristizábal, quien fue el máximo artillero del campeonato con seis goles, admite que “el equipo estaba muy fuerte mentalmente, pero la carga emocional era bastante grande, más allá de que casi todos éramos ya experimentados”. Pero todo valió la pena al ver a Iván Ramiro Córdoba levantando el trofeo. Poco después, entre lágrimas, el capitán admitió “Este es el día más feliz de mi vida y quiero compartirlo con mi familia y con toda Colombia, que nos ha apoyado desde el principio”. Su compañero en la zaga central y más tarde también capitán del seleccionado nacional, Mario Alberto Yepes recordó: “Colombia organizó esa Copa y superó muchos problemas, nos la merecíamos realmente”. El hombre encargado de cuidar el arco, Óscar Córdoba, quien ya había ganado dos Copas Libertadores y una Intercontinental con Boca Juniors, asegura que “ganar un trofeo con tu país es insuperable y fue especial haberla obtenido precisamente ante nuestra afición”.
El 29 de julio de 2001, exactamente hace 19 años, el fútbol colombiano recibió su graduación. Ese título solamente se compara con momentos como el empate 4-4 frente a la Unión Soviética en Chile 1962, el 1-1 contra Alemania en Italia 1990 o la participación en el Mundial de Brasil 2014. “Título es título”, dicen quienes le dan mayor valor a la gesta de Maturana y sus muchachos, quienes encararon ese torneo con una premisa que les inculcó el entrenador: “En la vida lo más importante es tener sueños, sin miedo a que en algún momento se puedan hacer realidad”.