El juego de este martes en el Metropolitano emuló al disputado en el mismo estadio en febrero de 1997. Un gol que contó con la complicidad de Farid Mondragón, quien pensó que ese tiro tímido, bajito, se dirigía afuera, bastó para que Argentina ganara en la humedad y el calor de Barranquilla a Colombia. Este martes, el escenario no fue disímil al de hace 14 años. Dos errores, dos jugadas ingenuas, le dieron la victoria 2-1 a Argentina.
Sí, el primer tiempo lo ganó Colombia. Leonel lo había advertido a priori: “debemos hacerlos sentir como visitantes. Que sufran el público, y el calor y la humedad”. Una frase premonitoria, o casi. El tanque de oxígeno del plantel dirigido por Alejandro Sabella se acabó en el primer tiempo. No se vio el eslalon de Lionel Messi, o esa figura de un patinador sobre hielo mientras deja rivales en el camino. Los goles de Gonzalo Higuaín en el Real Madrid se quedaron allá, en España. El 9 argentino no tocó el balón en todo el primer tiempo.
Ambos tuvieron la férrea marca escalonada de Gustavo Bolívar y Abel Aguilar. Bolívar había asegurado que Messi era “un jugador común y corriente”, y tuvo razón durante 45 minutos. No más. Luego, ‘La Pulga’ lo puso en ridículo con un par de quiebres de cintura, una de ellas que terminó en gol. En el primer tiempo Colombia fue más preciso: buscó juego por la banda de Pablo Armero, se asociaron Adrián Ramos, James Rodríguez y Dorlan Pabón, el hombre del gol.
Pero en el segundo fue un mar de nervios. El sauna en el que jugaron pareció complicar mucho más a la selección de Colombia que a la de Argentina, de ahí a que muchos jugadores lucieran agotados, incluyendo a James Rodríguez, quien casi siempre luce incansable. Todos fueron erráticos para entregar el balón e imprecisos para aprovechar las pocas opciones de gol que ocasionaron en el segundo tiempo. ¿Y si Camilo Zúñiga hubiese rematado más duro? Un poco más potente su remate con zurda habría bastado para vencer a Romero, quien estaba a menos de 2 metros en esa jugada, cuando promediaba el segundo tiempo.
La selección de Colombia se eliminó a sí mismo en la Copa América. Qué culpa tuvo Hernán Darío Gómez, el entonces técnico, de que un error de Luis ‘Neco’ Martínez hubiese cambiado la historia. Qué culpa tuvo ‘El Bolillo’ de que Yepes chocara con ‘Neco’ y el balón le quedara servido a un rival peruano. Y hasta entonces Colombia era favorita para el título y ampliamente superior a Perú en esos octavos de final del torneo continental.
El triunfo en La Paz acaso borró esa lamentable derrota en Santa Fe (Argentina) contra los peruanos. Pero precisamente esa victoria inédita en la altura del Hernando Siles, quedó enterrada con los sucesos de esta semana contra Venezuela y Argentina.
Qué culpa tiene Leonel Álvarez de que Luis Amaranto Perea tenga una almohada en lugar de empeine. Qué culpa tiene el entrenador antioqueño de que el zaguero le dejara servido un rebote el delantero patriota. Le regaló un empate con sabor a victoria en el Metropolitano. Qué culpa tiene el reemplazo de ‘El Bolillo’, si su hombre de confianza, su capitán, el mariscal Mario Alberto Yepes se equivocó y le regaló el del empate a un tal Lionel Messi , el mismo que se ingenió el tanto de la victoria, minutos después.
Culpa tuvo Leonel por no reaccionar y hacer los cambios apropiados contra Venezuela. Esta vez contra Argentina, la responsabilidad es de los jugadores y su ingenuidad. Del calor que le afectó mucho más a la selección local que a la visitante. A la falta de puntería: el equipo nacional perdió en este miniciclo de eliminatorias al menos ocho jugadas de gol claras. Como esa de Teófilo debajo del arco contra Venezuela. O la de Zúñiga de este martes a centímetros de Romero, solo, mano a mano.
¿Qué culpa tiene Leonel?
Fue irregular en el año la selección de mayores. Colombia fue superior a Perú en el cementerio de los elefantes, allá en Santa Fe. Fue más que Venezuela. Lo fue durante 45 minutos contra Argentina, no una Argentina encopetada, sino plagada de lesiones, ausencias sensibles como las de Cambiasso, Zanetti y compañía. Finalmente el resultado es que Colombia se eliminó a sí mismo en la Copa América y fue su propio obstáculo para superar a Venezuela y Argentina. Los errores, sobre todo los ingenuos, se pagan caro…