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Crisis en su fútbol: Golpe de estadio en Argentina

No es un conflicto de ahora. Estalló a partir de la muerte de Julio Grondona, el 31 de julio de 2014. A los reclamos de los jugadores por deudas atrasadas, se suman los problemas de la AFA con la FIFA.

03 de marzo de 2017 - 11:40 p. m.
Foto: AFP - JUAN MABROMATA
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Fue un eslogan publicitario de la década del 40, una frase que tomó como propia José María Muñoz, uno de los narradores deportivos más populares del país durante cuatro décadas. “Fútbol, pasión de multitudes” se ajusta a la idiosincrasia argentina. Y es una cuestión de Estado, literalmente. Sin ir más lejos, el gobierno argentino invirtió US$625 millones desde agosto de 2009 hasta este viernes. El programa “Fútbol para todos”, cuyo autor intelectual fue el ex presidente Néstor Kirchner, irrumpió en la escena cotidiana tras romper el contrato con TSC, propiedad del Grupo Clarín, medio al que el santacruceño le declaró la guerra. Con la excusa de transmitir los partidos de los campeonatos locales a lo largo y ancho de Argentina a través de la televisión abierta, los dirigentes de los clubes aceptaron gustosos el nuevo esquema y vivieron a expensas de los fondos públicos. (Vea: Los autogoles del fútbol argentino)

Y Julio Grondona, el histórico mandamás de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), concentraba el poder y el dinero. A casi tres años de su muerte y a siete de la subvención gubernamental, el fútbol donde surgieron Diego Maradona y Lionel Messi está en una crisis profunda, a tal punto que no es posible asegurar la reanudación de los torneos de primera, originalmente prevista para este viernes y sin fecha de programación.

La historia no comenzó el jueves, cuando Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA) nucleó a los capitanes de los clubes en su sede del barrio de Monserrat, en la ciudad de Buenos Aires, y decidió llevar adelante una huelga de piernas caídas.

El conflicto estalló a partir de la muerte de Grondona, el 31 de julio de 2014. Don Julio partió y los dirigentes se encontraron sin ese líder al que casi todos respondían incondicionalmente. No fue casualidad que haya estado 35 años al frente de la AFA y, sin saber una palabra de inglés, se haya transformado en el vicepresidente de la FIFA.

El “Jefe” de la calle Viamonte manejaba la caja con muñeca política. Y acaparaba voluntades, claro. Durante una década prestó dinero en forma indiscriminada. Adelantos de los contratos de televisión, canjes de cheques, pagos de embargos y hasta sueldos atrasados a los futbolistas de los clubes.

Todo gracias a la tesorería. El pagadiós, sin intereses, generó un desfinanciamiento atroz en la casa madre de la pelota. Y a pesar de la ayuda del dadivoso directivo, que ni siquiera reclamaba intereses, los equipos de todas las categorías acumularon deuda y llegaron a una situación límite, de desahucio.

Sus sucesores no lograron enderezar el rumbo. Luis Segura se corporizó en el presidente. Y fue una herencia pesada. Se armó un plan de desendeudamiento que quedó trunco. Y crecieron las divisiones entre los dirigentes. Ni siquiera pudieron celebrar las elecciones del 3 de diciembre de 2015. Ya es legendario el empate 38-38, algo imposible teniendo en cuenta que votaban 75 asambleístas. Entonces, Segura buscaba la continuidad en el poder y Marcelo Tinelli, conductor de TV y vicepresidente de San Lorenzo, quería ocupar el sillón de Julio Grondona.

La pelota siguió rodando, a bordo de los conflictos, Mauricio Macri ganó las elecciones y se propuso terminar con el “Fútbol para todos”, herramienta política durante el mandato kirchnerista. El expresidente de Boca Juniors (1995 a 2007), que llegó a la Casa Rosada como el hombre del cambio en el país, bajó claras instrucciones en cuanto a la AFA: había que recuperar el dinero que se despilfarró en los tiempos de Grondona. Y era tal el caos que reinaba en Viamonte que FIFA nombró una comisión normalizadora para que se haga cargo de la conducción.

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A esa altura, ya pesaba una investigación por el desvío de fondos públicos a cargo de la jueza María Servini, con Segura apuntado. También fueron procesados Aníbal Fernández, Jorge Capitanich y Juan Abal Medina, exjefes de gabinete de Cristina Fernández de Kirchner.

Armando Pérez, presidente de Belgrano de Córdoba, tomó la manija. Después de una auditoría interna, arrojó los resultados de la deuda: US$31’250.000. Se estableció un cronograma de pagos, esta vez con las retenciones correspondientes.

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El campeonato de primera estuvo cerca de no empezar. La primera b nacional, segunda división del fútbol argentino, paró en septiembre. El Gobierno retrasó los pagos. Y aunque a fin de año terminó jugándose con normalidad, el anunciado final del “Fútbol para todos” generó inquietud. Se abrió una licitación pública para vender los derechos audiovisuales con un piso de US$187’500.000. Participan Fox-Turner, ESPN y MediaPro.

Casi en simultáneo se abría una disputa interna política. Aquella que se arrastraba desde el tristemente célebre 38 a 38. Hubo conciliábulos permanentes. Asambleas. Con Daniel Angelici, presidente de Boca Juniors, como principal gestor del armado de la “nueva AFA”. Una contradicción, a fin de cuentas, ya que todos los dirigentes, del primero al último, estuvieron bajo el ala grondonista. El miércoles 29 habrá elecciones. Y tan dividida está la dirigencia que Claudio Tapia, mandamás de Barracas Central, podría tener de opositor a Alejandro Marón, ex Lanús y actual miembro de la Cámara de Resolución de Disputas de la FIFA y asesor jurídico de la Conmebol. Cuenta con el apoyo de Rodolfo D’Onofrio, presidente de River Plate, enfrentado políticamente con Angelici.

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En el medio de esta lucha de intereses hubo clubes que dejaron de pagar los sueldos. En el ascenso, incluso, se registraron casos de futbolistas que tuvieron que buscar otros trabajos para subsistir. Ramiro Montenegro, defensor de Excursionistas, club de la primera B, consiguió una chamba de albañil. Diego Sueldo, mediocampista de Altos Hornos Zapla, equipo del Federal A, vende sánduches de milanesa después de entrenarse. La situación es desesperante.

Los jugadores se pusieron firmes en solidaridad con sus colegas más comprometidos económicamente. “No jugamos”, dijo Sergio Marchi, secretario de FAA. Los dirigentes presionaron. Hubo conciliación obligatoria en el Ministerio de Trabajo, una oferta de la AFA para pagar los salarios atrasados con la última cuota de “Fútbol para todos” y una ingeniería financiera que incluyó un préstamo de los clubes de primera división. No fue aceptada. Central-Godoy Cruz y San Lorenzo-Belgrano, que debían jugar el viernes, fueron suspendidos. Hasta se amenazó con incluir juveniles ante la retención de tareas de los profesionales. De hecho, Primera B Metro, C y D anunciaron que jugarán con chicos de las divisiones inferiores.

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Los técnicos de primera, ante esta posibilidad, se plantaron. Y hubo un cuarto intermedio por la noche. Con más negativas. Porque el fútbol argentino entró en una espiral. Y parece no tener fondo.

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