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Después del final

La operación que terminó con la muerte de Mohamed Merah, el asesino de Toulouse, desató la polémica.

24 de marzo de 2012 - 09:00 p. m.
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Aunque las comunidades judía y árabe de Francia dicen que fue un caso aislado, tienen miedo de lo que pueda venir.

La cacería

La autopsia realizada el viernes reveló que Mohamed Merah, el hombre que según uno de los negociadores de la policía se enorgullecía de “poner a Francia de rodillas”, habría recibido veinte impactos de bala en el tiempo que le tomó salir del baño de su apartamento y dar el salto por la ventana, el último acto de su vida. Así terminaba la cacería que los investigadores de la policía habían empezado el fin de semana, cuando al asesinato de tres uniformados se sumó el de tres niños judíos y un rabino de una escuela de Toulouse.

Mohamed Merah, de 23 años, fue descrito para la AFP por el sicólogo que lo atendió desde los 12 años, cuando tuvo el primer problema con la policía, como “un muchacho frágil desde el punto de vista afectivo”. Merah había pasado por varios orfanatos y familias sustitutas luego de que, a sus cinco años de edad, sus padres se divorciaran. Los problemas afectivos del joven comenzaron a ser más evidentes cuando a los 19 años fue detenido por delitos menores e intentó suicidarse colgándose del techo de su celda.

Fue a la salida de prisión que Merah comenzó a interesarse por el islam radical y, según las autoridades francesas, efectuó un primer viaje a Afganistán. Las autoridades de ese país y la OTAN han afirmado que no existen pruebas de ese viaje, pero la cercanía a varios grupos radicales hizo que Merah y uno de sus dos hermanos estuvieran en la lista de personas a las que se les prohíbe subir a cualquier aeronave que transite sobre territorio estadounidense.

Una operación imperfecta

La muerte de Merah ha desatado la polémica en Francia. Varios expertos militares, entre ellos, Christian Prouteau, fundador de GIGN (Grupo de Intervención de la Gendarmería Nacional), aseguran que las fuerzas especiales francesas (Raid) hubieran podido usar granadas lacrimógenas o somníferas y haberlo capturado vivo. La disputa entre las diferentes autoridades ha sembrado entre los internautas dudas sobre varias lagunas existentes en lo que oficialmente se ha comunicado sobre Merah y la operación policial. Así, en varios blogs y en las redes sociales se cuestiona la aparente contradicción entre una llamada hecha a una periodista de la cadena France 24, en la que Merah se adjudicaba la autoría de los hechos, y las declaraciones del ministro del Interior, según las cuales el joven se preparaba para dos atentados más contra policías y militares de la región.

Hasta el día de hoy, sólo la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, se ha referido a la inmigración y el extremismo. El resto de aspirantes a la presidencia, cuyas elecciones se celebran el 22 de abril, han mostrado prudencia. Ni François Hollande reprocha al partido en el poder del fracaso que representa que Merah no hubiera sido detenido a tiempo, ni Sarkozy ha señalado negativamente la tolerancia de los socialistas frente a la inmigración.

El presidente-candidato, sin embargo, ha retomado el tema de la inseguridad, que fue su punta de lanza de la campaña que en 2007 lo llevó al poder. Sarkozy convirtió su discurso de campaña en un llamado a la unidad nacional, convirtiendo a su más amenazante rival, Hollande —quien según todas las encuestas anteriores al caso Merah le arrebataría la presidencia en la segunda vuelta— en aspirante en desventaja.

Si bien a nivel oficial los representantes de las comunidades judía y árabe de Francia han declarado que lo ocurrido en Toulouse es un caso aislado, hay preocupación. Mientras los primeros se sienten vulnerables, a los segundos los ronda el fantasma de la estigmatización y la discriminación. Temen también que las masacres favorezcan a los candidatos de derecha, pese a que éstos, al menos públicamente, han llamado a la unidad nacional sin distinción de creencias religiosas.

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El miedo se siente. El viernes, los pasajeros de las líneas 8 y 12 del metro parisino eran obligados a evacuar los trenes por culpa de un “paquete sospechoso” en inmediaciones de la Asamblea Nacional; las unidades militares continuaban haciendo presencia en las calles de las principales ciudades del país. Y horas más tarde otro “paquete sospechoso”, esta vez en la plaza del Capitolio, en Toulouse, obligaba a cancelar una gran reunión pública de homenaje a las víctimas.

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