A la hora de dormir, Isaías Rodríguez siempre encontraba la forma de salir de la cuna. En medio de las madrugadas, cuando los cuerpos descansan y las mentes sueñan, ese pequeño empezó a crecer formando su pasión. No podía pensar en otra cosa que no fuera fútbol. La oscuridad fue el cómplice perfecto. Mientras sus padres, Carlos Rodríguez y Jennifer Perdomo, dormían, él se las ingeniaba para despojarse de la pijama, encontrar el uniforme en el armario y vestirse de futbolista. Como si su habitación fuera el vestuario perfecto para salir a conquistar el mundo.
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Hoy, ese niño ya tiene 17 años y cada día se entrena con la esperanza de convertirse en un profesional del balón. Uno como James Rodríguez, Juan Fernando Quintero y Richard Ríos, sus ídolos, pues a pesar de nacer en Tampa, Estados Unidos y batallar con el español, siente un profundo sentido de pertenencia por la patria de sus padres. “Desde pequeño ha sentido ese amor por el fútbol”, dice Carlos Rodríguez, su papá, un ex canterano del Deportivo Cali que llegó a Estados Unidos para terminar el colegio y terminó ganándose una beca para estudiar en la universidad gracias a su talento futbolístico. Los dos han creado una conexión especial a partir de la pelota. “Compartí todas las divisiones inferiores con jugadores como Jaime de la Pava y Mayer Candelo”, asegura el padre que sueña con que su hijo siga sus pasos y los supere.
Esas son precisamente las conexiones que lo mantienen atado a Colombia. A pesar de que no viene hace cuatro años al país, el chico de 17 años no descarta la idea de debutar en la primera división colombiana, un objetivo que ha estado persiguiendo desde que tiene memoria. Su primer club en Estados Unidos fue Tampa Bay United, pero fue con el famoso Inter Miami, el mismo equipo que acaba de estar en Medellín con Lionel Messi, que se hizo campeón de la MLS Cup, pero en la categoría Sub-17. Un torneo de suma importancia en la nación norteamericana y que va perfilando las joyas que harán parte de la liga en el futuro. Una especie de draft, selección de futuras promesas, como ocurre en el béisbol, baloncesto y el fútbol americano. Esos deportes son más populares que el fútbol en ese país, pero nunca lograron persuadir a Isaías.
“El fútbol siempre ha sido el espacio donde puedo reír, disfrutar y sentirme bien”, afirma el joven talento. Y mucho más en los escenarios importantes, como las finales. Esos escenarios le gustan. Dice que se siente en el aire cada vez que tiene una esférica entre los pies. Es como si el viento en la cara, el olor a césped recién cortado y los rayos de sol en su rostro fueran su hábitat natural. Esa atmósfera nutre su inspiración, ahí puede hacer pases filtrados, encarar, rematar al arco y controlar el ritmo del partido con su pierna diestra. Así define su juego.
“Cuando era niño siempre tenía un balón bajo el brazo. Ahora que juego de 10, como James, lo quiero hacer para la selección de Colombia”. El adolescente ha sido llamado en varias oportunidades para representar a la selección juvenil de Estados Unidos, y aunque ha aceptado, dice que su gran sueño es hacerlo con la camiseta amarilla. “Toda mi familia nació en Colombia. Por eso quiero hacerlos felices jugando para el país. Además, me encanta la pasión con la que se vive el fútbol allá”. Eso sí, su madre es la primera en reconocer lo difícil que ha sido llegar hasta acá. Saber que será incluso más difícil después. “Este camino ha sido muy bonito, pero también muy difícil. Nunca olvidamos de dónde venimos, el país que nos vio nacer y es algo que le inculcamos a Isaías desde pequeño”, manifiesta la madre.
Por su lado, su papá, que es el encargado de sembrar en Isaías este amor por el fútbol también dice que el acercamiento con la Federación Colombiana de Fútbol (FCF) ha sido complicado. “En su tiempo llegará, pero realmente son pocos los jugadores actuando en el extranjero que tienen una oportunidad en las selecciones de Colombia juveniles”.
A Isaías Rodríguez no le importa. Sigue soñando con la posibilidad. En el Mundial será un hincha más de Colombia durante la Copa del Mundo de Estados Unidos, México y Canadá 2026. Especialmente porque en 10 años se ve en el lugar de los cracks que hoy lo hacen soñar. “Yo quiero que Colombia sea campeón. Estar ahí algún día sería mi mayor sueño. Eso haría muy feliz a mi familia”.
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