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El papa Francisco, el hincha más famoso de San Lorenzo

Jorge Mario Bergoglio no solo tuvo devoción a la iglesia católica, sino también a un club del barrio Boedo, al que de niño iba a ver con su familia.

21 de abril de 2025 - 12:00 p. m.
Jorge Mario Bergoglio no solo tuvo devoción a la iglesia católica, sino también a un club del barrio Boedo, al que de niño iba a ver con su familia.
Foto: San Lorenzo, vía X
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Hay muchas razones por las que uno se hace hincha de un equipo: puede ser una herencia familiar, por proximidad geográfica o porque eres testigo de un fútbol tan bueno que te dan ganas de seguirlo viendo. En el caso de Jorge Mario Bergoglio, a quien conocimos por más de una década como el Papa Francisco, fue una mezcla de todo un poco, aunque sobre todo por lo familiar.

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Bergoglio nació en 1936, año en el que San Lorenzo, que sería su equipo del alma, se impuso a Huracán por tres puntos en la Copa de Honor. El eventual Santo Padre creció en el barrio porteño de Flores, y su padre, Mario José, lo llevó sin falta a Boedo, donde quedaba El Gasómetro, para ver al club azulgrana.

Por el lado de su madre, Regina María Sivori, también había relación con el fútbol, pues ella era pariente lejana de Omar Enrique Sivori, histórico del fútbol argentino. En su niñez, el Papa Francisco fue testigo de un Ciclón que siempre era protagonista a nivel local. Lo vio pelear por el título en varias ocasiones, hasta que en 1946 celebró como hincha su primer título de liga.

En ese equipo brillaron el goleador René Pontoni —quien jugó después en Santa Fe en la época del Dorado—, y el volante Rinaldo «Mamucho» Martino. Ambos fueron sus primeros ídolos. En una entrevista que le hicieron en el Vaticano contó de memoria el once inicial de ese equipo campeón.

Como cualquier niño de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio también jugó a la pelota en la calle. Confesó que se escapaba de casa para ir a dar patadas junto a sus amigos después de la escuela y que tenía dos pies izquierdos, pero eso nunca detuvo a nadie de disfrutar del deporte más popular del mundo. “Jugar te hace feliz, aunque seas un pata dura”, contó en su autobiografía.

Al no ser el más talentoso de sus amigos, no era raro que lo mandaran al arco. Sobre los porteros tenía una metáfora. “Es una posición que lo entrena a uno a encarar la realidad, a enfrentarse a los problemas; puede que no sepas de donde viene exactamente la pelota, pero eso no importa, tienes que tratar de detenerla. Como en la vida”.

Más grande, a los 23 años, cuando ya estaba decidido a convertirse en sacerdote, volvió a celebrar un título ligero de su equipo y sumó a otro jugador a su lista de ídolos: José Sanfilippo, quien sería el máximo goleador histórico del equipo de Boedo. En los 60 entró al seminario y aunque la vocación religiosa no le permitía acompañar al club tanto como antes, su pasión nunca tuvo pausa.

Como hincha, Bergoglio celebró uno o dos títulos por década, al tiempo que ascendía en la jerarquía de la iglesia argentina. A principios de los 90 fue nombrado obispo auxiliar de Buenos Aires y en 1998 se convirtió en Arzobispo. Por esa época el equipo andaba en una mala racha y Fernando Miele, entonces presidente de la institución, contrató al técnico Alfio Basile para que repusiera el rumbo.

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Basile en su primer partido se enteró de que había un cura que bajaba al vestuario para bendecir a los jugadores. Como el estratega era muy supersticioso, le dijo al presidente que lo sacara, ya que lo consideraba de mala suerte. 15 años más tarde, Miele le hizo caer en cuenta al prestigioso entrenador que una tarde cualquiera echó al Papa Francisco.

Tras el nombramiento de Jorge Mario Bergoglio como sumo pontífice, el club confirmó que su carnet de socio, expedido en 2008 con el número 8.235, estaba al día. Como si fuera un mandato divino, en 2013, el mismo año en que al argentino le empezaron a decir “santo padre”, San Lorenzo, que venía de una época difícil en lo financiero y lo deportivo, puso fin a una sequía de seis años sin títulos al imponerse en el torneo apertura.

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“Que haya quedado Bergoglio de Papa es más importante para nosotros que haber salido campeones” expresó Matías Lammens, presidente de los cuervos por aquel año. Los directivos del cuadro azulgrana viajaron el Vaticano para visitar al Obispo de Roma.

Al año siguiente el Ciclón participó en la Copa Libertadores con la bendición del sumo pontífice y logró la más importante consagración continental por primera vez en su historia. Los hinchas de San Lorenzo consideraron al religioso como el amuleto que hizo posible que el milagro ocurriera. Nuevamente una delegación del equipo albiazul viajó para entregarle el trofeo de la Gloria Eterna, junto con una camiseta firmada.

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El papa Francisco siempre confesó su amor por San Lorenzo.
Foto: San Lorenzo, vía X

Por esos días, agosto de 2014, la familia del Papa había sufrido un duro golpe luego de que unos familiares fallecieran en un accidente de tránsito. Edgardo Bauza, entonces técnico del Ciclón, dijo tras el encuentro que el santo padre les agradeció por brindarle “dos minutos de felicidad en un momento muy doloroso para él”.

Parece poético que el pastor de la iglesia universal tuviera como equipo a uno que lleva el nombre de un santo. Aunque por encima lo más lógico es pensar que el nombre del equipo se debe a Lorenzo de Roma, San Lorenzo nació más como un homenaje al Padre argentino Lorenzo Massa, quien dejaba jugar a la pelota a los niños en el patio de una iglesia de Almagro con la condición de que se portaran bien.

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Este lunes 21 de abril, tras varios días de enfermedad, el Papa Francisco falleció. Su principal legado como Sumo Pontífice será darle a la Iglesia Católica un enfoque más moderno, enfocado más en lo humano y menos en lo dogmático. Con su renuncia a los lujos nos recordó su preferencia por los pobres, que no se vive de privilegios ni encerrado en palacios, sino al servicio de los más necesitados.

El hincha más famoso en la historia de San Lorenzo hoy está más cerca del que fuera su jefe directo durante toda una vida dedicada al prójimo. Desde allá tendrá una tribuna de lujo para ver al “santo” que le despertó devoción cuando era apenas un niño que iba con su familia al Viejo Gasómetro.

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Por Daniel Bello

Periodista de la Pontificia Universidad Javeriana. Fue practicante de Pacifista entre 2020 y 2021. Desde el 2019 escribe sobre fútbol, política e historia en El Espectador. Tiene experiencia cubriendo paz, mundo y medio ambiente. daniel_eudosio dbello@elespectador.com
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