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Franco Baresi, el silencioso gigante de la defensa italiana que hoy llora el fútbol

El italiano, ídolo del AC Milan y campeón del mundo en España 1982, falleció este viernes a los 66 años.

31 de julio de 2026 - 02:00 p. m.
El italiano, ídolo del AC Milan y campeón del mundo en España 1982, falleció este viernes a los 66 años.
Foto: EFE - ROBERTO BREGANI
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A Franco Baresi sus compañeros lo describían como un hombre de pocas palabras. Por más que suene a cliché, lo que realmente hablaba por él era su manera de jugar. Este viernes el histórico capitán del Milan y leyenda de la selección italiana falleció a los 66 años, dejando un vacío que trasciende los colores rossoneri y de la Azzurra para alcanzar a todos los amantes de este deporte.

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Su partida se sintió especialmente en Milán, no solo en la ciudad, sino en el equipo que lleva su nombre. Los jugadores, concentrados en Perth (Australia) dejaron su camiseta número 6 sobre el césped y la rodearon en silencio, formando un círculo alrededor del símbolo de quien no fue simplemente un futbolista exitoso, sino uno de los mayores ídolos que haya vestido la camiseta rossonera.

Baresi consiguió algo reservado para muy pocos, el de convertirse en una superestrella desempeñándose como defensor central. En un deporte acostumbrado a apuntaban hacia los goleadores y los creativos, él logró que millones de aficionados admiraran el arte de anticipar, ordenar una defensa o recuperar un balón sin necesidad de una falta. Inspiraba respeto entre sus rivales, pero también admiración. No era extraño que durante las décadas de los ochenta y los noventa su camiseta figurara entre las más solicitadas en la Serie A.

Tras conocerse su fallecimiento, volvió a hacerse viral un viejo video protagonizado por Diego Armando Maradona. En las imágenes, el argentino luce con orgullo la camiseta número 6 de Baresi tras intercambiarla durante un partido. “Esta camiseta pertenece a un gran jugador, creo que Franco Baresi es el mejor como defensor. Este es un recuerdo que guardaré por el resto de mi vida”.

Y es que Baresi construyó su leyenda enfrentando a los mejores futbolistas de una de las épocas más brillantes del calcio. Se cruzó con el Maradona del Napoli, el Platini de la Juventus, con Roberto Baggio en distintos equipos, con Gianluca Vialli cuando lideraba a la Sampdoria y Gabriel Batistuta en la Fiorentina. Incluso en los entrenamientos encontraba una prueba permanente frente a Marco van Basten, uno de los mejores delanteros de todos los tiempos.

Durante veinte temporadas defendió una sola camiseta. Entre 1977 y 1997 disputó 719 partidos oficiales con el Milan, una cifra que explica por sí sola el peso que tuvo en la institución. Ningún entrenador dudó de su liderazgo ni de su capacidad para dirigir desde el fondo.

Su fidelidad encontró recompensa en una colección de títulos difícil de igualar. Con el conjunto lombardo levantó seis Scudettos, tres Copas de Europa, dos Copas Intercontinentales, tres Supercopas de Europa y cuatro Supercopas de Italia. Fue protagonista de una de las épocas más gloriosas del club y terminó convirtiéndose en uno de los futbolistas más laureados de su historia.

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Entre 1987 y buena parte de la década siguiente integró una defensa que todavía hoy es considerada una de las mejores jamás vistas. Bajo las órdenes de Arrigo Sacchi y posteriormente de Fabio Capello, compartió la última línea con Mauro Tassotti por la derecha, Paolo Maldini por la izquierda y Alessandro Costacurta como compañero de zaga. Aquel cuarteto convirtió al Milan en un muro casi infranqueable para los mejores equipos del continente y marcó una época. Para buena parte de la prensa italiana, además, Baresi fue “el corazón moral del gran Milan de Sacchi”.

Pero el éxito de Baresi no se limitó al ámbito de los clubes. Con la selección italiana logró una colección de medallas que muy pocos pueden exhibir. Fue campeón del mundo en España 1982, aunque no disputó minutos debido a que los titulares en la defensa eran Gaetano Scirea y Claudio Gentile. Tras quedarse fuera de la convocatoria para México 1986, regresó convertido en el líder absoluto de la Azzurra.

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En el Mundial de Italia 1990, dirigido por Azeglio Vicini, fue uno de los mejores defensores del campeonato. Los italianos terminaron terceros después de recibir apenas dos goles en todo el torneo.

Cuatro años después, ya con Arrigo Sacchi en el banquillo, condujo a Italia hasta la final de Estados Unidos 1994, en la que cayó frente a Brasil en la tanda de penaltis. Allí, incluso después de perderse buena parte del torneo por lesión, regresó para disputar el partido decisivo, confirmando que, mientras estuviera en condiciones, era imprescindible.

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Sacchi, la mente detrás del exitoso Milan de los 80 y 90, lo definió como “un fuera de serie, de pocas palabras, pero un ejemplo para todos. Un luchador que siempre lo daba todo. Tenía una capacidad táctica extraordinaria, dirigía la defensa con astucia y era muy difícil de superar en el uno contra uno”.

Las reacciones a su fallecimiento no tardaron en llegar desde todos los rincones del fútbol. Entre las más emotivas estuvo la de Paolo Maldini, compañero durante más de una década y socio en una de las zagas más recordadas de la historia. “Hoy siento el mismo vacío que cuando, por cualquier razón, no podía salir al campo contigo. Te querremos siempre, capitán. Nos enseñaste a luchar hasta el último aliento, a amar la camiseta y el balón, a ser un verdadero líder. Lo hiciste con el ejemplo, todos los días; pocas palabras, pero muchísimos hechos”, escribió el histórico número 3 del Milan.

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No fue casualidad que Italia produjera un futbolista de semejante categoría. Baresi nació en un país donde defender siempre fue considerado un arte. La Azzurra construyó buena parte de su identidad alrededor de zagueros memorables como Gaetano Scirea, Paolo Maldini, Fabio Cannavaro, Alessandro Nesta, Jacinto Facchetti o Antonio Cabrini. Él no solo estuvo a la altura de esa tradición, sino que terminó ocupando un lugar privilegiado entre ellos.

Mucho antes de convertirse en capitán del Milan, Franco era apenas un niño de Travagliato, un pequeño municipio de la provincia de Brescia. La vida lo obligó a madurar demasiado pronto. Cuando era adolescente perdió a sus padres, una tragedia que lo dejó huérfano junto a sus hermanos. Aquella adversidad moldeó el carácter sereno, disciplinado y resistente que años después exhibiría sobre el césped, donde parecía no alterarse jamás incluso en los momentos de mayor presión.

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El fútbol también marcó la historia de su familia. Su hermano mayor, Giuseppe Baresi, hizo pruebas con el Milan, pero fue descartado antes de iniciar una brillante carrera en el Inter, club del que también sería capitán. Franco, curiosamente, intentó seguir el mismo camino y fue rechazado por el conjunto nerazzurro. Entonces apareció el Milan, una alternativa que terminaría cambiando la historia del fútbol italiano. Allí permaneció durante veinte temporadas y llevó el brazalete de capitán durante quince de ellas.

Cuando colgó los guayos en 1997 no buscó continuar el camino habitual de muchos exfutbolistas hacia los banquillos. Prefirió dedicar buena parte de su tiempo a la formación de jóvenes en las divisiones menores del Milan y convertirse en uno de los grandes embajadores de la institución. En 2020 fue nombrado vicepresidente honorario del club.

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Pocas decisiones resumen tanto la dimensión de un futbolista como retirar el número que vistió durante toda su carrera. Cuando Baresi anunció su retiro, el Milan decidió que nadie volvería a utilizar la camiseta número 6. Fue un homenaje en vida reservado únicamente para los inmortales del club, el mismo reconocimiento que años más tarde recibiría Paolo Maldini con el número 3.

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El Milan no entregó un parte médico detallado sobre las causas de su fallecimiento. Sin embargo, la agencia Reuters informó que el histórico defensor murió tras una batalla relacionada con el problema pulmonar que enfrentaba desde el año pasado, cuando fue sometido a una intervención para extirparle un nódulo.

Su partida, a los 66 años, puso fin a una vida marcada por la fortaleza con la que enfrentó cada desafío, dentro y fuera de las canchas. Dicen que los grandes defensores son aquellos cuya influencia trasciende las estadísticas, porque su verdadero legado se mide en el respeto que despiertan. Franco Baresi fue exactamente eso.

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Por Daniel Bello

Periodista de la Pontificia Universidad Javeriana. Fue practicante de Pacifista entre 2020 y 2021. Desde el 2019 escribe sobre fútbol, política e historia en El Espectador. Tiene experiencia cubriendo paz, mundo y medio ambiente. daniel_eudosio dbello@elespectador.com
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