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Fútbol exótico: Julián Guevara y su expedición en Indonesia

El volante colombiano, surgido en las divisiones menores del América de Cali, encontró en un club del sureste asiático marcado por una tragedia su hogar.

27 de enero de 2026 - 07:00 a. m.
El volante vallecaucano Julián Guevara llegó al Arema de Indonesia a finales de 2023. Registra 58 partidos, tres goles y dos asistencias.
Foto: Arema FC
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Cuando Julián Guevara decidió jugar en Indonesia, pocos en Colombia sabían que aquel país isleño de más de 270 millones de habitantes alberga una de las pasiones futbolísticas más extremas del planeta. El fútbol allá se vive con intensidad en las redes, las calles y los estadios, donde la multitud puede abrazar o devorar a sus héroes con la misma ferocidad.

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El camino de Guevara hacia ese fútbol empezó en Cali. Pasó por las divisiones menores de América de Cali en una época difícil para la institución. Fue previo al descenso en 2011, cuando las deudas agobiaban a la parte directiva y en la parte deportiva no había un rumbo determinado. No pudo debutar entonces y aseguró que se debió más que a una falta de espacio, a la crisis institucional.

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Foto: El Espectador

Tuvo que tocar puertas para hacerse profesional y las encontró en el ascenso de Ecuador, aunque con engaño previo de un supuesto agente. “Fueron más días de aguantar hambre que otra cosa, pero hay que estar dispuesto a todo”. Su estreno fue con la Universidad Técnica de Cotopaxi.

Entró en una pausa que aprovechó para estudiar administración de empresas, pero no dejó de inisistir en lograrla en el fútbol. En 2016 presentó pruebas en Malta con Naxxar Lions, y quedó. Después pasó a Finlandia, primero defendió los colores de PS Kemi y luego Inter Turku. Allá encontró el rendimiento que le permitió cumplir el sueño de su carrera.

Regresó a Colombia en 2019 para vestir la camiseta de América de Cali. “Yo hice el proceso al revés: me formé, me fui y volví. Jugar en América es la cúspide de mi carrera. Es ver tu sueño realizado de niño. Mi familia es 100 % americana. Saber que en la cancha y en la pantalla está toda tu familia, todos hinchas. Eso es lo máximo que me pasó”.

Tras jugar en los Diablos Rojos pasó por Pasto, Delfín (Ecuador), Alianza Petrolera y Jaguares. Pero fue Indonesia la que cambió su trayectoria y también su vida familiar. Julián recuerda que su llegada al mercado asiático no fue casual. Su nombre ya sonaba allá desde 2017, pero como estaba bajo contrato, no prosperó.

Ya a finales de 2023, con 33 años, decidió dar el salto a ese destino exótico del sureste asiático al firmar con el Arema FC de la ciudad de Malang. Esa decisión no solo le abrió la puerta a una liga desconocida para muchos, sino que le dio una mayor estabilidad económica y un proceso deportivo a más largo plazo.

Arribar a Indonesia significó, también, enfrentarse a un choque cultural constante. Guevara cuenta que la vida diaria allí —desde la oración colectiva hasta la comida, el ayuno en época de ramadán o las motos inundando las calles— le mostró un mundo distinto a cualquier experiencia anterior.

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“Estás haciendo trabajos de entrada en calor y de momento empieza a sonar. Cuando la primera vez lo vi, todos los compañeros locales se pararon, empecé a mirar como diciendo: ‘¿Qué es lo que pasa?’, y todo el mundo se puso a rezar”, recuerda sobre su primer entrenamiento con el equipo.

Fenómeno demográfico

Una de las cosas que más impacta a quienes llegan a Indonesia es la intensidad con que se vive el fútbol. Y si a eso se le suma que se trata del cuarto país más poblado del mundo, por lo que al ser un deporte tan popular, la visibilidad de cada jugador ya se vuelve masiva.

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“Muchos jugadores que llegan aquí, y no han sentido eso previamente, a veces lo confunden y creen sentirse como una estrella, porque es mucha la atención. Por ejemplo, soy una persona muy pública acá, los hinchas hacen que la persona se vuelva así sin quererlo”. Recuerda que en su paso por América tuvo visibilidad, pero que no se compara con lo que vive en Arema, donde se triplicó.

Como para poner en perspectiva. Arema, su equipo, es de la provincia de Java Oriental, donde la población ronda los 40 millones de habitantes. Ese nivel de exposición amplifica lo bueno y lo malo. En un país tan poblado y conectado, un gol puede traerte menciones por doquier, pero un mal partido volver tus redes sociales en un infierno.

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Y así como en las tribunas se vive con intensidad, en el campo también hay un pulso, un ir y venir constante. “Es un fútbol de mucha transición, muy aguerrido, muy rápido, no tan táctico, sí muy físico, muy ida y vuelta, el tiempo entero. Aunque es muy desconocido para nosotros en Colombia, ofrece buena garantía. Lo vivo muy feliz. Es un calendario bien organizado”.

La vida de Julián en Indonesia también ha evolucionado fuera del campo. Ha aprendido el idioma, el bahasa indonesio, y en paralelo se ha formado pensando en los años posteriores al cierre de su carrera. Con su esposa e hijos integrados en un ambiente internacional, su vida fuera de Colombia se ha cristalizado en un sentido de arraigo difícil de explicar para quienes no han vivido fuera.

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La resiliencia en Malang

El club en el que juega, Arema FC, estuvo en el centro de una de las tragedias más graves del deporte en Asia. En un partido disputado en 2022, en el estadio de Kanjuruhan, después de una derrota contra Persebaya Surabaya, miles de aficionados invadieron el campo y la policía respondió con gases lacrimógenos. Se desató una estampida humana mortal que dejó al menos 125 muertos y cientos de heridos.

“Las familias tienen ceremonias especiales. He asistido a un par de eventos de conmemoración. El equipo sigue cargando con muchas situaciones. Lo que intentamos es acercar nuevamente a la hinchada. Teníamos tres años sin jugar de local. Recién esta temporada volvimos a hacerlo en un estadio 95 % nuevo”.

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Guevara no vivió aquel trágico episodio, llegó poco más de un año después, pero lo ha sentido profundamente. Ese duelo colectivo sigue latente en Malang. La puerta 13 del estadio, donde ocurrieron muchos de los decesos, permanece intacta por respeto a las víctimas.

En Arema quieren escribir páginas más alegres en su historia sin ignorar aquel episodio que los marcó. Con Julián, uno de sus capitanes y piezas fijas en el esquema, apuntan alto en la liga. En 2024 ganaron la Piala Presiden y este 2026 van por más.

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Julián Guevara en acción con Arema FC.
Foto: Arema FC

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Por Daniel Bello

Periodista de la Pontificia Universidad Javeriana. Fue practicante de Pacifista entre 2020 y 2021. Desde el 2019 escribe sobre fútbol, política e historia en El Espectador. Tiene experiencia cubriendo paz, mundo y medio ambiente. daniel_eudosio dbello@elespectador.com
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