En los alrededores del estadio de Anfield, la casa del Liverpool, se está propagando un rumor. Las barras organizadas del club pretenden erigir una estatua en homenaje a Jurguen Klopp, el entrenador alemán que le devolvió la gloria al club de la ciudad de los Beatles.
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Hay consenso para hacerlo. En cinco temporadas el técnico teutón se ha ganado el cariño y el respeto de una de las aficiones más fieles pero a la vez exigentes de Europa. Y lo ha hecho a punta de resultados y buen juego. Aunque desde que llegó hizo de los ‘Reds’ en conjunto ganador, apenas en 2019 pudo celebrar. El año que acaba de terminar ganó la Liga de Campeones, la Supercopa de Europa y el Mundial de Clubes. Ahora es líder sólido de la Premier League y, si no ocurre nada extraordinario, conseguirá el título de Inglaterra después 30 años.
Klopp es un hombre extraordinario, aunque parece ordinario, o mejor, común y corriente. De vez en cuando sorprende a los hinchas al llegar caminando al estadio. Sale con frecuencia a pasear a sus mascotas por el vecindario o visita centros comerciales. Hasta ha llegado anónimamente a bares de la ciudad a tomarse un par de cervezas.
Es apasionado por su trabajo y por eso no deja ningún detalle al azar. Tiene cerca de 20 colaboradores, con los que planifica el trabajo de toda la temporada, pero con evaluaciones y balances casi a diario. Y a quienes están a su lado les exige la misma entrega, aunque lo hace con cariño y familiaridad. Sus cómplices en Anfield han sido Peter Moore, el CEO de la organización, dedicado exclusivamente al aspecto financiero, e Ian Graham, un Ph.D en física teórica que despertó en Klopp el interés por los datos y las estadísticas aplicadas al juego.
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“Con él es imposible relajarse. Siempre está pendiente de todo. Se da cuenta de que estás bajo de forma o de ánimo, de si tienes un problema. Cuando uno está insatisfecho lo nota de inmediato. Es un gran entrenador, además de un tremendo motivador. Y futbolísticamente es un adelantado”, asegura el internacional senegalés Sadio Mané, una de las figuras del equipo. El egipcio Mohamed Salah tampoco ahorra elogios para el alemán: “Nos ha hecho mejores jugadores a todos con la premisa de priorizar siempre el colectivo”.
Klopp llegó al Liverpool en octubre de 2015, cuando reemplazó a Brendan Rogers. Y ya está a la altura de los técnicos más exitosos en la historia del club, Bill Shankley, Bob Paisley, Joe Fagan, Gerard Houllier y el español Fara Benítez. Con un estilo claro, de fútbol vertical, rápido y preciso, ha logrado opacar a Pep Guardiola y su Manchester City, el técnico sensación de la última década y el equipo que aspiraba a batir todos los récords en Inglaterra.
Ahora en el mundo no se habla del tiqui taca del estratega español, sino de la intensidad y presión del alemán. Y eso que antes de comenzar a celebrar sufrió duras derrotas. En la Champions de 2018 ante el Real Madrid y en la Premier de 2019 ante el City, al que le llevaba ocho puntos en Navidad. Ahora esa diferencia con los ciudadanos es casi el doble y parece poco probable que Klopp y sus muchachos vuelvan a fallar. Sería la primera corona del Liverpool con el nuevo formato, implementado en 1993.
Klopp, nacido en Stuttgart hace 52 años, fue un discreto futbolista que sabía que en el banquillo podría marcar diferencia. “Tenía talento de cuarta categoría, pero una mentalidad de primera, por eso jugué en segunda”, explica con modestia el ex defensa, que jugó 12 temporadas en el Mainz. Incluso antes de retirarse ya cumplía funciones como asistente, así que apenas colgó los guayos se hizo cargo del equipo. Y lo llevó a primera división. Allí dirigió al volante colombiano Elkin Soto. En Alemania se hizo célebre en el Mundial de 2006, cuando comentó el torneo para una cadena de televisión. Leía el juego con claridad y lo explicaba de manera agradable y sencilla. Fue una de las revelaciones del torneo.
Entre 2008 y 2015 dirigió al Borussia Dortmund y dejó huella. Ganó cinco títulos y volvió a hacer de ese club el gran rival del todopoderoso Bayern Munich. Allí se distinguió por promocionar jugadores de talentos, pulirlos y venderlos por sumas astronómicas, incluso para un club de ese nivel. El delantero caucano Adrián Ramos estuvo bajo sus órdenes. “La labor de un entrenador no es solamente armar al primer equipo, sino organizar toda la estructura de la empresa”, reconoce.
Su paso a un grande de Europa era inminente y se dio en 2015. Lo que era difícil pronosticar es que calaría tan bien en la idiosincrasia del Liverpool. Para los hinchas rojos, Klopp representa la pasión y el amor que cada uno de ellos siente por el fútbol. “Me gusta ganar, pero no de cualquier manera, me gusta que sea jugando bien, pero no es lo mismo que bonito. En el fútbol y en la vida hay palabras fundamentales como equilibrio, pasión e intensidad, sin ellas mis equipos no existirían”.
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Por eso habla tanto con sus jugadores, en grupo e individualmente. Cree que es clave que se comprometan con el proyecto y entiendan que el éxito del colectivo genera el de cada uno. “Me siento un ganador, aunque son más las veces que pierdo que las que gano. Soy fiel a mis principios y no creo en la suerte, sino en el trabajo”, asegura con esa sonrisa que pocas veces esconde y que se ve tan espontánea, la misma que contagia en las ruedas de prensa, en las que suele bromear con los periodistas.
Antes de la histórica remontada ante el Barcelona, en la semifinal de la semifinal de la pasada Liga de Campeones, demostró su mentalidad. “Antes del partido les dije a los muchachos que si había un equipo al que le podíamos remontar el 3-0 de la ida, era a ese, porque por su estilo y ADN, no se iba a meter atrás a cuidar la ventaja, sino que iba a salir a jugar como en todo lado. Esos equipos que están acostumbrados a imponer condiciones y tener siempre el control, suelen descompensarse en situaciones extremas”, admitió después.
“Su éxito no es gracias a la táctica, ni a la filosofía de juego, es una cuestión de corazón, de alma y de la empatía fantástica que ha creado con su grupo de jugadores”, explicó recientemente el técnico portugués José Mourinho, ahora entrenador del Tottenham. Y tiene razón, para triunfar y dejar huella en una ciudad tan futbolera como Liverpool, no basta con tener conocimientos y ser profesional, se necesita un dos extraordinario, ese que ha convertido a Jurgen Klopp en el hombre de moda en el fútbol mundial.