El Al-Hilal de Arabia Saudita dio la gran sorpresa de los octavos de final del Mundial de Clubes al eliminar al Manchester City inglés en un emocionante 4-3 que se decidió en el tiempo extra. En cuartos de final tendrá como rival al Fluminense de Brasil, que cuenta entre sus filas con el colombiano Jhon Arias.
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Con una nómina que incluye a futbolistas de amplio recorrido en la élite europea como Yassine Bounou, Kalidou Koulibaly, Rúben Neves, Sergej Milinkovic-Savic y Malcom, además de la base de la selección saudita, el onceno dirigido por Simone Inzaghi dejó por fuera al único equipo que había terminado la fase de grupos con puntaje perfecto.
“Teníamos que hacer algo extraordinario. Sabemos lo bueno que es el Manchester City. Sabíamos que teníamos que escalar el Everest sin oxígeno y lo hicimos genial”, comentó Inzaghi tras la victoria. “Siento una grandísima satisfacción. Han hecho un partido histórico contra un grandísimo adversario”.
La victoria de Al-Hilal sobre el City podría considerarse como la más importante de un equipo saudí a nivel oficial. También es un espaldarazo a la multimillonaria inversión que ha realizado el Gobierno Saudí a su fútbol, que ha dado pasos de gigante en los últimos años.
El onceno con sede en Riad, con su golpe sobre la mesa en el Mundial de Clubes, demostró que no solo es un comprador de estrellas que están en el ocaso de su carrera, sino que también le puede competir a los equipos que hacen parte del más alto nivel.
Para el Fondo Público de Inversión de Arabia Saudita, máximo accionista del equipo, es un triunfo que sirve para “justificar” el multimillonario gasto que hizo el Gobierno de Arabia Saudita en consolidar una nómina competitiva en el onceno más laureado de sus fronteras.
La apuesta de Arabia Saudita por el fútbol
El gobierno saudí, liderado por Mohammed bin Salman, príncipe heredero y primer ministro del país árabe, ha invertido miles de millones de dólares en eventos y proyectos deportivos como parte de su estrategia Vision 2030. Su meta es diversificar la economía del país, que es muy dependiente del petróleo, y ubicarse como uno de los principales epicentros del fútbol en los próximos años.
Como parte de esa millonaria inversión, los saudíes apostaron en grande a la hora de incorporar talento a la Saudi Pro League, la primera división de dicho país. Uno de los primeros hitos ocurrió en enero de 2023, cuando Cristiano Ronaldo, múltiple ganador del Balón de Oro y referente histórico de esta disciplina, firmó con el Al-Nassr.
La llegada del astro portugués abrió la puerta a que más talentos del primer nivel europeo vieran con buenos ojos el hecho de continuar sus carreras en Medio Oriente. Hace dos años, nombres como Neymar, Karim Benzema, N’Golo Kanté, Roberto Firmino y Riyad Mahrez, entre otros, firmaron con clubes saudíes.
El Fondo Público de Inversión de Arabia Saudita adquirió la mayoría de cuatro clubes de la primera división. Además de ser dueño del Al-Hilal, también cuenta con Al-Ahli, Al-Nassr y Al-Ittihad. Con su apoyo económico ha sido posible que esos equipos cuenten con talentos que brillaron en la élite.
Se estima que la inversión gubernamental ronda los $10.000 millones de dólares. La petromonarquía no se limita solo a sus propias fronteras, pues también destinó una parte de esos recursos para adquirir el 80% de las acciones del Newcaslte United de la Premier League en una operación que rondó los 300 millones de euros.
Los árabes también han negociado con ligas europeas para llevar algunos de sus torneos a Medio Oriente. Un ejemplo son las Supercopas de España e Italia, que se celebran en territorio saudí desde hace un par de temporadas. En el horizonte está la organización de la Copa Mundial de Fútbol de 2034.
Valor propagandístico del deporte
Este tipo de inversiones le sirven al régimen saudí para llamar la atención, limpiar su imagen internacional y opacar otras informaciones que salen de sus fronteras como las violaciones de derechos humanos, sus políticas ultraconservadoras respectos al rol de la mujer y la censura de voces críticas.
El Gobierno de Arabia Saudita no solo ha apostado por el fútbol, sino que también se ha movido en otras disciplinas que mueven mucho dinero como el boxeo, la Fórmula 1 y golf (LIV Golf). Dichas inversiones han sido consideradas por sus críticos como un ejemplo de Sportswashing.
Dicho término hace referencia al uso que un estado o nación hace del deporte para mejorar su reputación. Una traducción no literal sería “blanqueamiento deportivo”, y tiene el objetivo de desviar la atención mediática. Un ejemplo es Rusia, que a pesar de ser cuestionado por la anexión a Crimea, encarcelamiento de opositores políticos y la represión de personas LGBT, organizó el Mundial de 2018.
La administración de Mohamed bin Salman no ha sido ajena a escándalos y denuncias. Su Gobierno ha sido señalado por el asesinato del periodista Jamal Kashoggi en el consulado saudita de Turquía (2018), la crisis humanitaria en la Guerra de Yemen en la que su ejército intervino desde 2015, la represión religiosa y sus políticas que discriminan a la mujer, entre otras.
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