Desde 2016, KPMG, una de las empresas de consultoría más importantes del mundo, ha dedicado parte de su recurso humano para identificar a los clubes más destacados según su valor como organización. En enero de 2020 entregaron el último escalafón, en el que aparecen seis equipos de la Premier League inglesa entre los 10 primeros, una muestra de que la revolución, al fin de cuentas, ha sido el proyecto en los últimos años y que la atracción del torneo, de la hinchada y de los mismos escenarios, ha servido como un imán para grandes capitales, que han depositado sumas astronómicas para hacer del campeonato el más seguido del planeta.
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Manchester United está avaluado en 3.342 millones de euros, Liverpool en 2.658, Manchester City en 2.606, Chelsea en 2.218 y Arsenal, que cierra ese top 10, en 1.852 (entre los 30 primeros hay 17 de Inglaterra). Si bien Real Madrid es el club que está en la cima (3.478 millones), los ingleses son mayoría por, entre otras cosas, la capacidad que han tenido de explotar los derechos de televisión y penetrar en un mercado que cada vez es más demandante: el asiático.
Según la BBC, la Premier es vista por 4.700 millones de personas en 185 países y deja ganancias de 7.700 millones de euros por temporada, mucho más que las ligas de España, Italia, Alemania y Francia. El modelo de negocio, que cambió en 1992 (desde ese entonces el torneo adquirió el nombre de Premier League), permitió que muchos equipos pasaran de generar pérdidas a un superávit que los hizo más que rentables.
Ahora bien, todo esto ha sido posible porque la Premier es garantía de espectáculo y de grandes contrataciones. Y detrás de eso hay fondos extranjeros que provienen de todos los puntos cardinales del mundo.
Por ejemplo:el poderoso City es así de poderoso porque tiene el soporte financiero del jeque Mansour bin Zayed Al Nahayan, miembro de la familia real de Abu Dabi y dueño del City Football Group. Desde 2008, cuando compró el equipo por 150 millones de libras, ha invertido más de 1.300 millones con tal de encaminarlo por la senda de su rival de ciudad. Desde entonces ya van nueve títulos, entre ellos el de liga de 2011-2012, cuando rompió una sequía de 44 años.
En cuanto a Chelsea, Roman Abramovic es quien decide qué se hace y qué no. El magnate ruso, que consiguió su dinero al crear, entre otras cosas, un emporio petrolero, se hizo el dueño del conjunto de Londres en 2003, cuando le pagó a Ken Bates 77,8 millones de libras. Desde su llegada, el conjunto de Stamford Bridge creció tanto, que ya tiene una Champions League (2011-2012), el trofeo más importante de los 18 conseguidos en 17 años.
En la misma ciudad, pero más al norte, el que manda es el estadounidense Stan Kroenke, máximo accionista del Arsenal. El equipo Gunner forma parte de un conglomerado en el que también están los Colorado Rapids de la MLS, los Angeles Rams de la NFL, los Denver Nuggets de la NBA y los Colorado Avalanche de la NHL. En otras palabras, este multimillonario del negocio inmobiliario tiene una institución por cada disciplina de la que es aficionado.
Y así también está Aiya Watt Srivaddhanaprabha, propietario de Leicester (campeón en 2016); Nassef Sawiris, multimillonario egipcio que decidió invertir en Aston Villa; el chino Guo Guangchang y Wolverhampton y los estadounidenses Joshua Harris (Crystal Palace); Jhon Henry y Thomas Werner (Liverpool), y el británico iraní Farhad Moshiri, mandamás de Everton, nuevo club del colombiano James Rodríguez.
“Entendieron que la apertura era necesaria y que hacer del fútbol inglés un fútbol mundial era la clave. Y por eso es que la Premier puede gastar lo que gasta y darse el lujo de invertir sumas que en otros países se salen de proporción”, dijo Robin Jellis, editor de la revista TV Sports Markets, en entrevista con The Sun.
Pero no siempre fue así, pues en la década de los 80, tras el pulso que mantenían dos televisoras locales (ITV y la BBC), los partidos no eran transmitidos y en 1982 se perdió la mitad de ese torneo sin poder ver los encuentros. Ya a comienzos de los 90, cuando apareció el nombre comercial de Premier League, Rupher Murdoch aprovechó este suceso y ofreció el producto como la principal novedad de ventas de televisión por suscripción de Sky Tv.
Ese círculo de rendimiento ha ido en alza: los derechos son cada vez más costosos y, por ende, el porcentaje que le toca a cada equipo, lo que termina en la contratación de los mejores del mundo. A lo anterior hay que añadirle un detalle que no es menor, que es la evolución que han tenido los ingleses para hacer la producción de los partidos. En cuanto a lo tecnológico, IMG ha ido a la vanguardia, por lo que se ganó en 2019 el derecho a hacer todo este trabajo por tres temporadas (40 horas de contenido exclusivo, retransmisión de los 380 encuentros y un canal propio que tiene programación las 24 horas).
No todo es dinero
Más allá de las pequeñas fortunas que se gastan en Inglaterra, y que en los últimos años han hecho que la incapacidad de asombro sea mayor, la Federación de Fútbol les ha apostado a los proyectos base, a invertir en sedes deportivas y programas de proyección y formación de juveniles. “Quieren que las grandes figuras sean locales. Y para competir con los que llegan de otras naciones hay que saber cómo potenciar el talento de nosotros”, escribió Peter Jason, del diario Daily Mail.
Según la prensa inglesa, la Federación aumentó el presupuesto para las categorías base en un 56 % en 2015 y eso llevó a que, dos años después, la selección fuera campeona del Mundial sub-20 de Corea del Sur (venció 1-0 a Venezuela) y que en 2018 se alcanzaran las semifinales de la Copa del Mundo de Rusia, algo que no sucedía desde Italia 1990.
“Se dieron cuenta de que de nada les servía tener una Liga tan poderosa si su producto interno era bastante flojo. Y por eso es que en la última década han surgido futbolistas de un nivel enorme”, apunta Andrew Dillon, periodista del diario The Sun, quizá refiriéndose a Trent Alexander-Arnold, Raheem Sterling, Harry Kane, Jadon Sancho, Mason Greenwood, Tammy Abraham y Danny Ings, por nombrar algunos.
Los ingleses han ido asimilando el mensaje de que el dinero compra estrellas y que con estas vienen ideas de juego novedosas que, en el fondo, nutren a los futbolistas locales. Por eso, desde los adentros, se presiona porque lleguen entrenadores extranjeros que alimenten con su conocimiento la universalidad de cada club y la concepción de este deporte. Y eso lo han hecho bien estrategas como José Mourinho, Arsene Wenger, Pep Guardiola y Jürgen Klopp, entre otros. Tener a los mejores es el camino para ser mejor.
De estar vivo, seguramente el escritor uruguayo Eduardo Galeano iría contra este sistema y diría que “el juego es un simple espectáculo, con pocos protagonistas. Y el negocio más lucrativo del mundo, que se organiza no para jugar, sino para impedir que se juegue”. Sin embargo, se resignaría y le sacaría provecho a todo con tal de ver la pelota rodar.
El papel de la violencia
En los años 80, los Hooligans (palabra utilizada para referirse a los hinchas británicos que generaban disturbios dentro y fuera de los estadios) generaron un temor colectivo y alejaron a las gentes de los estadios y, por ende, del fútbol. Las peleas dentro y fuera de los escenarios, y los radicalismos de quienes fueron tomando poder sin tocar la pelota, obligaron a que las autoridades inglesas buscaran la manera de terminar con una situación insostenible.
De hecho, luego de la tragedia de Heysel (29 de mayo de 1985 en Bruselas, Bélgica), en la que murieron 39 aficionados, en su mayoría de Juventus, tras una avalancha provocada por aficionados de Liverpool, Inglaterra tuvo que reflexionar (la UEFA sancionó al país con dos años sin que sus equipos pudieran participar en torneos internacionales) con medidas extremas, como la prohibición del ingreso a los estadios de por vida, cárcel para quienes cometieran hechos delictivos en las gradas, además de la creación de una policía especializada y la carnetización.
El gobierno destinó recursos para que los clubes capacitaran a su personal e instalaran cámaras, y así fuera sencillo identificar a los responsables de los desmanes. Además, quienes no tenían el dinero para comprar una entrada quedaron relegados a la televisión.
Y esto aumentó la demanda en niveles descomunales. Y por eso los principales bares de las ciudades fueron los primeros en adquirir paquetes de cable para reunir a los hinchas e incrementar sus ventas. De manera lenta, certera y profunda la violencia se erradicó a través de una serie de acciones necesarias encaminadas y que hoy, mirando al pasado, se entienden como pilares para que la Premier sea el campeonato más poderoso del mundo.