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Las goleadas a Millonarios

Cuando un equipo profesional de fútbol pierde 5 a 1, el análisis lógico es atribuirle la mayor responsabilidad a la defensa.

02 de marzo de 2015 - 07:12 p. m.
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Desde el pasado domingo, cuando se dio el pitazo final del juego entre Deportivo Cali y Millonarios, ese ha sido el común denominador entre los observadores del balompié nacional. El onceno bogotano fue vapuleado por los azucareros y las mayores recriminaciones han sido para los encargados de la custodia de su arco, incluyendo su guardameta, el uruguayo Nicolás Vikonis.

No obstante, evaluando lo que ha sucedido con el equipo desde mediados de 2014, se advierte que no es la primera goleada en poco tiempo. En agosto de 2014, Nacional humilló a los embajadores por marcador de 5 a 0. Ese fue el comienzo del fin de la era del español Juan Manuel Lillo en la conducción de Millonarios. Un mes después, el día que debutó como estratega el argentino Ricardo Lunari, el clásico bogotano se saldó 4 a 1 en favor de Santa Fe. Es decir, Lunari empezó con el sol a las espaldas.

La mala racha siguió de largo, el equipo fue eliminado de las finales del segundo semestre 2014 y Ricardo Lunari sufrió tres partidos más en los que le encajaron 12 goles en contra. Ese mismo septiembre en que llegó Lunari, Águilas de Pereira le ganó 4 a 2, en octubre Medellín lo goleó 4 a 1 y casi cerrando el torneo Cali lo dejó por fuera de toda opción al derrotarlo por 4 a 3. En todos esos juegos, la imagen que quedó fue la de un equipo con defensores tratando de hacer goles y la retaguardia libre para que se los hicieran.

Algo parecido sucedió el pasado domingo en el estadio de Palmaseca, para los hinchas azules regresó el pánico de las goleadas y deja de entrada un interrogante: ¿cuál es la diferencia entre el equipo que orientó Juan Manuel Lillo en el primer torneo de 2014 que perdió con Junior el acceso a la final en definición por penaltis pero que tuvo un buen rendimiento en el torneo y el que tuvo que dejar semanas después el mismo Lillo y sufrir más tarde Lunari? Si son casi los mismos jugadores, ¿qué puede haber pasado?

Lo más fácil es concluir que los defensores y encargados de la contención en el medio campo o ya cumplieron un ciclo o atraviesan por una época nefasta. Pero antes que insistir en esa visión simplista del problema cabe preguntarse: ¿Y los delanteros? Es ahí donde la reflexión cambia. Así como se dice que todo gran equipo empieza con una sólida defensa, también se afirma que toda óptima defensa empieza con un buen ataque. Y en este último tema la crisis de Millonarios salta a la vista.

En el primer torneo de 2014, el delantero clave de Millonarios era Dayro Moreno, hoy en el fútbol mejicano. Le fue tan bien que terminó siendo ídolo de la afición azul e incluso en la Asamblea Ordinaria sus socios de a pie llegaron a plantear que las reservas económicas del club se emplearan para comprar al jugador. Cuando se fue se notó enseguida que el esquema del equipo había cambiado. Pudo ser otro de su misma enjundia o de su rendimiento goleador, pero el equipo bogotano no le dio máxima importancia a este asunto.

Para reemplazar a Dayro Moreno fue contratado Fernando Uribe, procedente de Nacional, y luego se sumaron el peruano Andy Polo, el guajiro Anderson Plata y el antioqueño Jonathan Agudelo. Después llegó el chileno Sebastián Pinto. Con ellos, uno de la casa, Yuber Asprilla. Entre todos no lograron ni remotamente acercarse a lo que hizo y logró entre la afición Dayro Moreno. El equipo fue eliminado y solo se quedaron Uribe y Agudelo, que precisamente son los dos titulares del equipo actual.

Fernando Uribe, de inocultable condición técnica, hábil para finalizar las jugadas y un número de goles que lo salva de mayores críticas. Pero no del gusto de la afición azul por una simple razón: como se dice en el argot futbolístico, por pecho frío. En cuanto a Jonathan Agudelo, autor de unos pocos goles, se le reconocen sus ganas, su juventud, pero definitivamente no mete miedo y eso lo detecta cualquier rival de peso. El pasado domingo salió del campo sin lograr un solo acercamiento al arco azucarero.

Agudelo no tiene la culpa, juega lo que puede y seguramente podrá hacer más, pero en un equipo que necesita quien mantenga ocupados a los defensas contrarios, o quien rompa los cercos para que Uribe, sin incomodarse mucho, la meta, salta a la vista que él no puede ser la solución. La alternativa podría ser, aunque todavía no está claro, el argentino Maximiliano Núñez, quien ha jugado algunos minutos cuando el equipo está remando en sentido contrario, pero su opción está supeditada a que salga de la cancha otro extranjero.

El arquero Vikonis es necesario. Román Torres de capa caída pero esencial en la defensa. El volante Federico Insúa lo trajeron para que tome las riendas del equipo. Solo pueden estar tres extranjeros en la cancha, lo cual plantea que Maxi Núñez debe esperar su turno. En esas condiciones, por ahora la suerte está echada. Son Agudelo y Uribe los inicialistas. En la nómina está también Víctor Salazar, pero su primera presentación en la Copa Aguila dejó mucho que desear. No se oye decir que para este torneo llegue alguien más.

Se rumoró con insistencia que vendría a Millonarios otro delantero, pero finalmente el propio Lunari dijo que por ahora no. Sin embargo, en las actuales condiciones, es evidente que se necesita. Si Uribe no lucha con más bríos y Agudelo no pasa de proteger el balón para tratar de cederlo a los creativos y esperar el retorno al vacío, el equipo va a seguir sufriendo con rivales fuertes. Le ganaron en condición de local a Patriotas por la mínima diferencia pero sufriendo y a Cúcuta y Cortuluá, dos equipos recién ascendidos de la B.

No obstante, el camino que se viene es bravo para los azules. Y como están las cosas, si no se quiere ver a Román Torres o a Osvaldo Henríquez tratando de hacer los goles que no hacen los delanteros, o si no se quiere constatar a un equipo desordenado o retrocediendo con desesperación, el equipo tiene que mantener ocupados a los defensores y volantes de primera línea de sus rivales. Y eso se hace también con delanteros de peso, que no solo anoten sino que desacomoden a los equipos contrarios.

Si se repiten los videos del 5 a 1 del pasado domingo en Cali, o el 5 a 0 con Nacional en 2014, o el 4 a 2 con Águilas de Pereira, o el 4 a 1 con Santa Fe o el 4 a 3 con Cali, la película es parecida. Los defensas de delanteros, los volantes de primera línea tratando de cubrir espacios en los contragolpes como si fueran corredores de 100 metros planos. Los armadores tratando de apelar a su ingenio para pasar los muros. Y los delanteros, naufragando entre la sequía goleadora y la avidez de los defensas contrarios para lanzarse al ataque.

En conclusión, hoy están en la picota pública, desde Nicolás Vikonis y Román Torres, hasta Andrés Cadavid, Fabián Vargas, Deiver Machado o Kevin Rendón. Pero ya es bueno que la afición embajadora le exija a la dirigencia del club y a su director técnico Ricardo Lunari, que también piense en cómo va a afrontar el resto del torneo con una línea de ataque tan débil o de tan limitados esfuerzos. En un equipo con historia de delanteros inolvidables, es hora de que se piense al menos en uno que encare.

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