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Los jugadores que han decidido no representar a su país de nacimiento

El español Brahim Díaz se cansó de esperar el llamado de España, donde nación, y vestirá los colores de Marruecos. Casos como el suyo ha habido varios, entre ellos el de colombianos como Julián Quiñones y Carlos Llamosa.

18 de marzo de 2024 - 12:15 p. m.
Brahim Díaz nació en Málaga (España) pero jugará para la selección de Marruecos.
Foto: EFE
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El talento a merced del mejor postor. La FIFA ha sido indulgente por la fragilidad del hecho, por la sensibilidad que lo rodea. Algunos jugadores pueden elegir entre varios seleccionados nacionales por contar con doble ciudadanía, pero nunca es fácil desprenderse de los amores imposibles. Deciden sus cabezas y sus corazones.

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Deciden por el interés que muestran por su talento. Deciden por el proyecto deportivo, por los compañeros, por la flexibilidad, por influencia. O tal vez nunca tienen realmente la posibilidad de elegir. 2013 fue uno de los mejores años de Diego Costa. Bajo el mando de Diego Simeone, con las líneas blancas y rojas del Atlético de Madrid, El Lagarto logró marcar 36 goles en la temporada.

Su despliegue de fútbol fue un sueño ladino; logró un número imposible que jamás volvería alcanzar, una marca que rompía con todo registro personal. Su desempeño fue sublime, tanto, que los fanáticos colchoneros se olvidaron momentáneamente de Radamel Falcao García.

Los ojos del mundo entero se posaron en su juego, en sus goles, en su talento; y la selección de Brasil por fin notó sus atributos únicos. Diego Costa nació en Lagarto, un pequeño y tórrido municipio de Sergipe, en el noroeste del gigante sudamericano. Lo que explica, de inicio, sus profundas ligaduras con el fútbol.

Cuando recibió el llamado de la canarinha se sintió halagado, orgulloso y feliz, pero la ilusión se fue desdibujando rápidamente. Apenas si pudo jugar en los dos partidos amistosos, contra Italia y Rusia, en los que se mantuvo, perplejo, en el banco de suplentes. La realidad fue chocante y deprimente, Luiz Felipe Scolari, entrenador de la verdeamarela entre 2013 y 2014, lo despreció. Sintió que solo había sido convocado porque Jorge Mendes era su representante.

“La posibilidad de representar a España surgió y acepté. ¿Cómo iba a decir que no? Y cuando lo hice empezaron a decir que Felipao me quería. Pero él jamás volvió a llamarme. Salió a decir a Jornal Nacional que le había dado la espalda a millones de brasileños. ¡Por el amor de Dios!” dijo Costa unos años después con el tono enojado y cansino, cuando el escenario se mostraba más apaciguado y febril.

El Lagarto jugó para dos selecciones campeonas del mundo, para dos superpotencias del fútbol, y lo pudo hacer porque la regla dictaminada que un jugador podía vestir la camiseta de una selección diferente si no había disputado partidos dentro de una competencia oficial antes con otra, y él apenas si estuvo presente en dos amistosos olvidables con la verdeamarela. En el Mundial de Brasil 2014 jugó con La Roja y recibió silbidos de los aficionados brasileños.

Un año después, Diego Costa sufrió una lesión que lo dejó parcialmente indispuesto, y Vicente del Bosque, entrenador de España, tuvo que apurar a Munir El Haddadi para cubrir su vacío en la selección durante el proceso rumbo a la Eurocopa de Francia 2016.

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El proceso del joven Munir era prematuro, pero la amenaza constante de Marruecos despertaba una sensación de envidia y escasez que el seleccionador español no pudo ignorar. Así que, valiéndose de su doble ciudadanía, el diamante culé fue llamado a cumplir con su deber. El jugador respondió con actitud sumisa y dispuesta, casi arrastrado por una oportunidad brillante y enceguecedora, pero igual que Costa, vio cómo, tan pronto como tomó la decisión, el espejismo se fue tornando opaco y difuso.

El ahora jugador de UD Las Palmas tuvo un par de partidos sobresalientes con La Roja, pero pronto el interés por su fútbol mermó. Las miradas se desviaron y el jugador cayó en un estupor semiconsciente. Estaba decepcionado y contrariado. España no lo volvió a convocar y rezagada había quedado la posibilidad de representar a Marruecos, la nación de su padre, la suya. Munir El Haddadi entró al minuto 77 en un partido de clasificación para la Eurocopa del 2016, contra Macedonia. Entró envalentonado, chocó las palmas con Koke Resurrección y jugó 23 minutos oficiales.

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La regla era clara, ya no podría cambiar de parecer. Pero las reglas pueden mutar, es por eso que el joven marroquí inició una apelación con el TAS, el Tribunal de Arbitraje Deportivo, logrando en 2020 que la regla fuera modificada o modernizada, como indica el Congreso de la FIFA.

Lo primero es que el jugador no puede haber participado en más de tres partidos con la selección absoluta antes de cumplir los 21 años, incluidos partidos de clasificación. No puede haber representado a esa nación en competiciones oficiales como la Copa del Mundo o torneos intercontinentales, y la última participación con la absoluta debe haber tenido una diferencia de tres años.

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El camino se abrió gracias a Munir en aquel momento desafortunado; gracias a la avaricia y la glotonería de talento que tienen los grandes equipos europeos. En este momento El Haddadi ya acumula 11 partidos con Marruecos y ha marcado dos goles. El caso más reciente y sonado es quizá el de Brahim Díaz, que, jugando en el Real Madrid, y habiendo nacido en Málaga, decidió, tras deliberar por mucho tiempo, jugar para Marruecos; país de donde proviene su padre, Sufiel Abdelkader. Pero la decisión no fue fácil, nunca lo es.

Brahim añoraba jugar con La Roja pero su paciencia se agotó, se negó a ir al mundial de Rusia y al Mundial de Catar con Marruecos esperando aquel llamado fantasmagórico que jamás llegó, así que, cansado y decepcionado, se decantó por representar a la federación que había apostado por él desde un principio, aunque él, ignorante, no hubiera asistido al primer y segundo llamado.

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Más selecciones con extranjeros

Y la lista de jugadores que han representado a otras federaciones aunque tengan ligaduras con otras, o sus padres tengan otra procedencia, o ellos mismos nacieron y fueron criados en otras tierras, es muy larga.

Está, por ejemplo, Jorge Luiz Frello, ‘Jorginho’, jugador del Chelsea, que nació en Imbituba, un pequeño pueblo costero de Brasil, rodeado de un mar transparente y tranquilo, que decidió defender la bandera Italiana, país al que emigró con 15 años, y al que logró darle como tributo la Eurocopa del 2020.

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Gonzalo Higuaín nació en Francia, pero su corazón es inconfundiblemente albiceleste. Jugó con la camiseta de Argentina 75 partidos y marcó 31 goles. Hakim Ziyech nació en los Países Bajos y hasta alcanzó a jugar en las categorías inferiores del seleccionado naranja, pero en 2015, sin chistar, salió rumbo a Marruecos, en honor al origen de su familia, arrastrado por sus raíces.

Thiago Alcantara y Rodrigo Moreno nacieron en Brasil pero ambos tomaron la decisión de jugar con la selección de España, lugar en el que crecieron. Caso contrario al de Sergej Milinkovic-Savic y Achraf Hakimi que aun habiendo nacido en suelo español, decidieron representar a Serbia y a Marruecos respectivamente.

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También Fernando Muslera buscó la gloria en otras tierras, pues aunque nació en Buenos Aires, en 1986, decidió representar a Uruguay, pues su corazón y su alma, y su familia, uruguayos todos, lo impulsaron a hacerlo. Y vaya que fue una buena decisión, pues pudo regalarle al equipo, con el que ha jugado 130 partidos internacionales, la Copa América del 2011, jugada en Argentina.

Colombia también tiene algunos jugadores expatriados, algunos nombres ignorados y olvidados. Empecemos por Carlos Llamosa, que fue el primer jugador colombiano que disputó un mundial con otra camiseta. Debutó con Atlético Huila a los 20 años, cuando el club apenas se estaba estructurando. Pero la vida y las circunstancias viscerales lo llevaron a emigrar a los Estados Unidos.

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Trabajó seis años en las torres gemelas como conserje, por 2,190 días estuvo oculto bajo aquellas imponentes edificaciones, hasta el día de su caída, que recuerda con amargura y dolor. Pero su sueño estaba fuera de esas cuatro paredes, alejado del pavimento y el frío.

En 1998 obtuvo la ciudadanía Estadounidense y dos semanas después se estrenó como jugador de la selección de fútbol de ese país, logrando llegar a los cuartos de final de la Copa del Mundo del 2002. Llegó a portar el listón de capitán. Curiosamente, el único título como futbolista que ganó fue en la segunda división de Colombia, con Atlético Huila, en el año 91.

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Carlos Bejarano se cansó de esperar y a los 28 años decidió acudir al llamado de Guinea Ecuatorial. Wbeymar Angulo decidió jugar para Armenia, donde se radicó tras fichar por un club de ese país en el lejano Cáucaso. Jesús Ferreira es otra joya perdida, que con 23 años tomó la decisión de defender a Estados Unidos, convencido por su padre y por su corazón, el que, según declara, le pertenece exclusivamente al país de Las Barras y Las Estrellas.

El colombiano arribó a México en 2015 al fichar por los Tigres UANL y desde ese momento no ha abandonado el país.
Foto: Instagram: Julian Quiñones

O Julián Quiñones, que aunque jugó en las selecciones menores de Colombia, decidió rechazar el llamado de la selección absoluta porque su deseo era jugar con México, país que lo acogió y adoptó. Y así podríamos seguir casi sin descanso.

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Colombia, según estadísticas de CIES, Football Observatory, en 2022 expatrió a 446 futbolistas, ubicándose sexto en la lista de países que más exportan por detrás de Brasil, Francia, Argentina, Inglaterra y España; y desde el 2017, el crecimiento ha sido tan incontrolable, que Colombia ocupa el segundo puesto, con un porcentaje de 48.8, solo por detrás de Francia. Si los seleccionadores ignoran el talento, estos decidirán jugar para otros.

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