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Magia frente a Neymar en su regreso a las canchas

Los mexicanos del Deportivo Mago se coronaron campeones internacionales del torneo que enfrentó a equipos de cinco integrantes y donde recibir un gol significaba la pérdida de un jugador.

28 de julio de 2018 - 12:40 p. m.
En la final contra Argentina, el equipo mexicano se impuso por cinco goles a dos. / Cortesía Redbull
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Tras su participación con la selección en el Mundial de Rusia, Neymar regresó a las canchas el pasado 21 de julio. Lo hizo en Santos, la ciudad donde creció y deslumbró a sus vecinos y amigos con sus primeras gambetas. Lo hizo para cumplir el sueño de casi 400 amantes del fútbol provenientes de 62 países, quienes tuvieron que triunfar en las eliminatorias de sus países para ganarse un cupo en la tercera edición del Neymar Jr’s Five, que al final coronó a la delegación mexicana. 

Pocos tenían fe en los mexicanos, pues las miradas y comentarios apuntaban a equipos con una tradición futbolística consolidada. Desde un principio, los asistentes al torneo que buscaba a un equipo de cracks preparado para hacer frente al astro brasileño y sus amigos, se concentraron en países como Alemania, Inglaterra, Brasil y Francia. Nadie esperaba que, con magia, precisión y mucho corazón, la escuadra manita levantara el trofeo de campeones mundiales.

Durante dos días fueron comunes las gambetas y engaños con la cintura. Tampoco faltaron los remates de taco y con la cabeza. El evento futbolístico contó con todos los ingredientes de una gran competencia internacional, en el que tampoco se ausentó el juego limpio y la unión por una misma pasión. 

Camino a la final

El torneo estuvo dividido por fases. En primer lugar, equipos de cinco países ocuparon cada uno de los 12 grupos que definieron a los 32 integrantes de la siguiente ronda. Hasta este punto era común escuchar los halagos a dos países: Argentina y Brasil. “Los argentinos saben mover el balón. Su estrategia es cerrar los espacios, ahí roban el balón y se van de contra a la otra portería”, decía uno de los asistentes del evento cuando el equipo gaucho hacía sonar las redes del proveniente de Rumania para clasificarse a la ronda de 16 con un contundente cinco a uno.

Los locales también dieron de qué hablar. Confiados y con el apoyo que les generaba la localía, Brasil se consolidaba como un firme candidato a llevarse el trofeo. Su fútbol se traducía en diez minutos de bicicletas, caños y paredes. No recibieron goles en la primera y segunda fase de eliminación directa, y marcaron diez goles en esos dos encuentros. 

Justo cuando cinco mexicanos que no superaban los 1,8 metros de altura eliminaban a la robusta y espigada delegación sudafricana; periodistas, jugadores y demás asistentes se dirigieron a la cancha número tres, en la que el equipo colombiano, en medio de abucheos, pitidos y esporádicos gritos de aliento, eliminaban a los dueños de casa. Entre lágrimas, los jugadores brasileños se despedían de la oportunidad de jugar con uno de los íconos de su país.

Colombia fue una de las sorpresas del torneo al eliminar a la favorita, Brasil, en las semifinales. /Cortesía

Las semifinales llamaron a enfrentarse a los cuatro mejores equipos masculinos de la competencia: Argentina, México, Emiratos Árabes Unidos y Colombia. Fueron estos dos primeros los que, frente al astro brasileño, consiguieron un cupo a la final.

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Simultáneamente se desarrollaba la competencia femenina. Desde un principio, cuando en la fase de grupos triunfaron por cinco goles frente a Colombia, las jugadoras italianas se robaban las miradas y la atención del público. Su juego era dinámico. No daban un balón por perdido y, quizás, este fue el atributo que las llevó a disputar la final contra el equipo brasileño. Brasil e Italia, un partido que trae a la memoria duelos épicos como los presenciados en los mundiales de 1982 y 1994, se repetía para coronar a las primeras campeonas del evento organizado por Red Bull. 

El triunfo y la gloria

La presión se hizo presente en las finales. México, con calma y causando una sorpresa generalizada, eliminó a una Argentina que, incluso con un jugador en la cancha, no dio el duelo por perdido y marcó un segundo gol en solitario. El pitido del árbitro, que anunció el final del partido y la consagración como campeones mundiales, fue la antesala de un estridente canto que repetía: “Ay, ay, ay, ay, canta y no llores”, entonando “Cielito lindo” los miembros del equipo mexicano levantaron el trofeo que emula al de la Copa del Mundo.

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En la final femenina cada movimiento y cada pase fueron calculados. Pasaron diez minutos y el balón no entró en ninguno de los dos arcos. Al final, el título se disputó en un uno contra uno, en el que Brasil sacó la ventaja y levantó por primera vez el trofeo en la categoría de mujeres. Dani Alves, otro futbolista brasileño, acompañó a Neymar durante la entrega de los trofeos. 

El tan esperado momento había llegado. Era hora de jugar con el diez de la verde-amarilla. Junto a sus amigos, quienes lo han acompañado en su carrera como futbolista y que se ven junto a él en redes sociales, Neymar llevó la competencia a otro nivel. Frente a los niños del Instituto Projeto Neymar Jr., el jugador del PSG compartió con los ganadores del torneo. Fueron dos partidos cargados de emotividad, en el que las risas y una que otra lágrima fueron protagonistas. 

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“Lo que realmente me emociona es que esta edición atrajo a más jugadores de más países, así que me alegra saber que todos quieren participar, y me siento feliz de ser parte de ella. El hecho de que las finales hayan tenido lugar en el barrio donde crecí me llena de energía en este momento”, aseguró Neymar al terminar el partido contra mujeres.

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