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Maradona y los instantes posteriores a ser campeón del mundo

Hace 35 años, el 29 de junio de 1986, el astro argentino levantó la copa más deseada tras vencer a Alemania en la final.

29 de junio de 2021 - 03:05 p. m.
El 29 de junio de 1986 Maradona levantó la Copa Mundo, el mayor éxito de su carrera.
Foto: Agencia AFP
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Ya había pasado el legendario partido de cuartos de final: el de “la mano de Dios” y el “gol del siglo”. Ya Argentina había disipado las críticas con las que había llegado a México a disputar la Copa del Mundo de 1986. Ya Maradona había demostrado que era uno de los más grandes de todos los tiempos y que su actuación individual pasaría a la eternidad como una de las más influyentes en la historia del fútbol y del deporte. Era el 29 de junio de aquel año.

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En la salida a la cancha del estadio Azteca, los argentinos se pegaban puñetazos en el pecho. Gritaban y arengaban. Otros rivales se habían intimidado desde ese momento, pero Alemania era diferente. “Con estos no hay caso, viejo… Estos no se asustan con nada”, le dijo Diego Armando Maradona al Tata Brown al ver que los teutones ni se inmutaban. Estaban concentrados en las tácticas que iban a implementar para frenar a Maradona y sus compañeros.

Una de ellas era que Lothar Matthäus marcaría a Maradona, pues sabía quitar y darle buen destino a la pelota. Pero el plan les falló a los alemanes y Argentina se puso 2-0 arriba con goles de Brown y Jorge Valdano. Cuando faltaban menos de 20 minutos para el final, la selección albiceleste saboreaba el triunfo y brindó ventajas en el juego aéreo. Esa herramienta la aprovechó Alemania para anotar a los minutos 73 y 80 por intermedio de Rummenigge y Voller, respectivamente.

Faltaban siete minutos para culminar el tiempo reglamentario y, una vez más, apareció la magia del “10” para poner una asistencia memorable a Burruchaga, quien definió y decretó el 3-2 que le dio a Argentina su segundo título mundial. “¡Cómo grité ese gol de Burruchaga, cómo lo grité! Me acuerdo que hicimos una montaña enorme, uno arriba del otro, ya nos sentíamos campeones del mundo, faltaban seis minutos, ya estaba y… Bilardo nos empezó a gritar: ‘¡Déjense de joder, déjense de joder!¡Vayan a marcar vos y Valdano a marcar, dale, dale!’”, es el testimonio de Maradona que se lee en el libro Yo soy el Diego, bajo la editorial Planeta.

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El árbitro brasileño Arppi Filho dio el pitazo final y Maradona vivió el momento más feliz en su carrera como futbolista: “En el estadio Azteca lo único que se escuchaba era los gritos de los argentinos que estaban ahí, porque los mexicanos se habían quedado mudos, entonces me largué a llorar… ¿¡Cómo no me iba a largar a llorar si siempre me había pasado lo mismo en los grandes momentos de mi carrera!? Y este era el máximo, el más sublime. Con la Copa en las manos nos fuimos para el vestuario y empezamos a putear a todo el mundo, a todo el mundo. Era mucha bronca junta y en medio de esa bronca me pasó algo impresionante…”.

Maradona le dijo a Bilardo que se desahogara y dijera todo lo que llevaba dentro. El técnico campeón solo se acordó de Osvaldo Zubeldía y no hizo reproche alguno por las críticas recibidas por parte de la prensa antes del campeonato. En el campo de entrenamiento dieron la vuelta Olímpica, luego fueron invitados a la casa de gobierno de Argentina. En las imágenes eternas de televisión se ve a Maradona gritando en un balcón de Casa Rosada. “En ese balcón se me cruzó todo por la cabeza: Fiorito, Argentinos, Boca, todo. Todos los sueños cumplidos”.

Y los festejos llegaron hasta su casa. Él veía cómo cientos de niños se posaron afuera de ella para agradecerle. Como él hacía cosas impensadas, “una noche de esas, hice entrar a dos chiquitos, porque me dio mucha, demasiada pena: jugué un ratito con ellos a la pelota en el living, la mamá nos miraba y no lo podía creer. Me parece que ellos ni se dieron cuenta de que habían estado conmigo, pero yo sentía una lástima, una lástima tremenda. Íntimamente sentía que todo eso era demasiado… Yo sólo había ganado un Mundial”.

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