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Messi dice adiós a las Eliminatorias y Sudamérica se inclina ante su legado

El astro rosarino empieza su adiós del fútbol. Este jueves jugará con la albiceleste su último partido de clasificatorias en Buenos Aires.

04 de septiembre de 2025 - 02:07 p. m.
Lionel Messi le presenta la Copa del Mundo al público del Monumental de Buenos Aires.
Foto: EFE - Juan Ignacio RONCORONI
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Es el primer capítulo de la última novela: el adiós de Lionel Messi. Hace un par de semanas, cuando el astro argentino dijo que jugaría su último partido oficial en Buenos Aires, muchos entendieron que, ahora sí, el final del camino empieza a estrecharse. “El partido con Venezuela es muy especial para mí porque va a ser el último por Eliminatorias”, dijo el 10. La frase no solo fue una confesión íntima, sino también una sentencia colectiva: los argentinos saben que asistirán a una despedida que, aunque esperada, duele como si fuera prematura.

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Que el jugador más importante en la historia de las eliminatorias sudamericanas anuncie su retiro de ese escenario significa el cierre de un ciclo que parecía inagotable. Seguramente, aunque no está confirmado, Messi jugará el Mundial de 2026, y ese será el epílogo absoluto de su vida con la selección. Sin embargo, lo de Buenos Aires esta noche tendrá un matiz distinto: un adiós que simboliza la última estación de un viaje que duró dos décadas.

Desde su debut en 2005, con apenas 18 años y gracias a José Néstor Pékerman, Messi lleva veinte años marcando una era en el fútbol argentino, sudamericano y mundial.

Ha jugado en La Paz, en Montevideo, en Asunción, en Barranquilla, en cada rincón hostil del continente. Ha caído y ha resurgido, ha llorado finales perdidas y ha celebrado títulos que lo reconciliaron con un país entero. Su figura trascendió las fronteras: es al mismo tiempo mito y memoria, presente y futuro.

Lo que hace aún más impresionante este camino es que todo comenzó con un golpe de realidad: aquel debut en Hungría en el que fue expulsado al minuto de entrar. Nadie podía prever entonces que aquel chico callado se convertiría en el líder absoluto de todas las estadísticas con la camiseta celeste y blanca. De sus primeros goles en 2006 ante Croacia y en el Mundial de Alemania, a la conquista total de Catar en 2022, cada instante quedó registrado en la piel de varias generaciones.

Messi, una máquina de los números

Los números en eliminatorias no tienen comparación. Messi es el máximo goleador histórico del torneo, dueño de cifras que desafían cualquier parámetro. Con más de 30 goles, dejó atrás a Batistuta, Suárez, Salas y todos los cañoneros de la región. Sus estadísticas incluyen dobletes, hat-tricks y goles de tiro libre que se repiten en la memoria como rezos de fe futbolera. Nadie ha marcado tanto en tantas canchas distintas del continente.

Además, es el futbolista con más presencias en la historia de la selección argentina: 193 partidos, con 112 goles y 59 asistencias en total. Duplicó los registros de Batistuta, triplicó los de Agüero, y dejó a Di María y Mascherano como testigos de su reinado. Es imposible entender la última década de la Conmebol sin poner su nombre en la primera línea de cada estadística.

La redención del elegido

No todo fue luz. Durante años, Messi fue cuestionado por no levantar títulos con la selección, señalado injustamente como un extranjero en su propia tierra, un catalán disfrazado de argentino. Lloró en silencio tras las finales perdidas. Incluso amagó con renunciar a la selección. El peso de la camiseta parecía más grande que su talento, aunque siempre fue infinito.

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La redención llegó en el Maracaná en 2021, cuando Argentina derrotó a Brasil en la final de la Copa América. Ese título cambió su historia: ya no era el mejor del mundo sin medallas con la selección, sino el héroe que había roto una sequía de casi tres décadas. Lo que vino después fue un torrente: la Finalísima contra Italia, la Copa del Mundo en Catar y, más recientemente, la Copa América de 2024 en Estados Unidos, contra Colombia. Messi lo ganó todo. Adelante, no queda nada.

Messi, al ganar el Mundial.
Foto: EFE - Alberto Estevez

Su legado con Argentina es infinito. Ningún futbolista había cargado tanto tiempo con el peso de un país sobre sus espaldas. Ninguno había dado tantas alegrías, ni había generado tanta discusión, tanto amor y tanta rabia. Messi lo soportó todo: las comparaciones con Maradona, las exigencias imposibles, los viajes eternos, los estadios hostiles. Y al final, triunfó.

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En la Conmebol y en el mundo, su huella es imborrable. El chico que un día eligió a Argentina por encima de España se transformó en símbolo continental, en patrimonio universal. Este adiós a las eliminatorias no es solo el cierre de un capítulo, sino el inicio de una leyenda que se seguirá contando como si fuera una epopeya. Porque Messi no se va: se queda para siempre en cada gol, en cada jugada, en cada recuerdo de quienes lo vieron jugar. El adiós de Messi es, al mismo tiempo, la eternidad de Messi.

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