Seguramente no fue el más talentoso, ni el más ágil, y tampoco el jugador más importante en todos los equipos de su carrera, pero su inteligencia en el campo de juego, y especialmente dentro del área, llevaron a Miroslav Klose al olimpo del fútbol mundial. Su humildad y modestia son sus principales características dentro y fuera de la cancha. Siempre será recordado como un futbolista honesto y un ejemplo a seguir. Un hombre que supo poner su talento como goleador al servicio del equipo.
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Klose nació el 9 de junio de 1978 en Opole, Polonia. Su padre fue futbolista profesional en el Odra Opole de su país natal y su madre hizo parte de la selección femenina de balonmano. Para cuando Miroslav tenía 8 años, su familia decidió mudarse a Alemania para escapar del comunismo. “Recuerdo que mi primer día de clases en Alemania fue terrible, yo solo sabía decir ‘gracias’ y ‘si’. En un momento, el profesor nos puso a hacer un trabajo y yo deje la hoja en blanco. Frente a todo el salón empezó a gritarme e insultarme. Yo no entendía nada, pero me escapé de la escuela”, asegura el delantero.
A partir de esa experiencia decidió empezar a aprender el idioma desde los campos de fútbol. Su espíritu y sus ganas en el terreno de juego eran admirados por sus compañeros y sus entrenadores, pero no tenía un talento que sobresaliera entre el equipo. Por esto fue apartado del equipo y su sueño de ser profesional se veía truncado.
Su espíritu luchador llevó a Klose a seguir entrenando y practicando su técnica con el baló. Por cuestiones de la vida, Michael Dusek -ojeador de jugadores para el F.C. Kaiserslautern- fue a ver un partido de dos equipos aficionados con el propósito de ver a un defensor central del que le habían hablado para ficharlo. El equipo rival tenía como delantero a Miroslav y volvió loco a ese jugador que principalmente iba a mirar Dusek. Luego de ese partido, su carrera profesional empezó a tomar forma.
Sus padres pusieron una condición para que se dedicara a la pelota, debía terminar una carrera profesional. El sistema educativo en Alemania determina en qué campo le irá mejor a los niños y los clasifica dependiendo de sus habilidades. Para Klose eran las manualidades y fue así como se graduó de carpintero.
(Bayern Leverkusen, a la final de la Copa de Alemania)
En el año 2000 debutó como profesional con el Kaiserslautern en su primera temporada con el equipo jugó 45 partidos y marcó 12 goles, esto llamó la atención del entonces entrenador de la selección alemana de fútbol, Rudi Voller, quien lo convocó para un partido de eliminatorias para el Mundial de 2002 frente a Albania. A falta de pocos minutos para el final, Klose ingresó al campo haciendo su debut y marcando el gol del empate. Otro tanto frente a Grecia y un triplete frente a Israel y otro ante Austria lo llevaron a ser el delantero titular del equipo que buscaría su cuarta corona mundialista en Corea y Japón.
En aquella Copa del mundo volvió a relucir tras marcar tres goles de cabeza en el primer partido de su equipo frente a Arabia Saudita con un marcador final de 8-0. Frente a Irlanda y Camerún marcó un tanto por encuentro, también con la testa, y quedó como segundo goleador del certamen detrás del brasileño Ronaldo Nazario. Igualmente, se convertía en el primer jugador en marcar cabezazos en una Copa del Mundo.
En su regreso al Kaiserslautern siguió cosechando buenas actuaciones y fue en 2004 que dio el salto de calidad y se vistió con los colores del Werder Bremen. En 132 partidos, repartidos en tres temporadas, marcó 63 goles con el cuadro verdiblanco de Alemania y volvió a ser convocado para la Copa del Mundo de 2006. En ese torneo volvió a anotar cinco tantos y se llegó la Bota de Oro aunque su selección quedó en el tercer lugar.
Para 2007, Klose llegó al Bayern Múnich con la esperanza de ser campeón continental, título que el cuadro bávaro no conseguía desde 2001. Consiguió seis títulos nacionales con los de Múnich pero la orejona se la hacía esquiva. En 2010 volvió a un Mundial, esta vez en Sudáfrica y marcó cuatro goles para que Alemania volviera a conseguir la medalla de bronce, pero había un récord al que se acercaba. En sus tres apariciones en el torneo había marcado 14 goles, uno menos que Ronaldo -quien tenía la marca de más anotaciones en este certamen.
Para 2011, luego de que las negociaciones para la renovación de su contrato con el Bayern Múnich no se concretaron, Klose deja Alemania para jugar en el calcio de Italia. La Lazio se haría con los servicios del nacido en Polonia. En su primera temporada marcaría 13 tantos, en la segunda 15 y se convertiría en el primer jugador en la historia del equipo en anotar cinco goles en un partido cuando el conjunto de la capital venció 6-0 al Bologna.
Su talento estaba intacto y a sus 36 años fue llamado por Joachim Low para buscar el título mundial que se le había echo esquivo en Brasil 2014. El cuadro germano era el favorito en la competencia, pero en su segundo partido, frente a Ghana, las cosas se estaban complicando. A pesar de comenzar ganando con un tanto de Mario Gotze, los africanos se pusieron en ventaja. A falta de 20 minutos para el final, desde un tiro de esquina, Klose alcanzó a desviar un cabezazo y marcar el gol del empate y para llegar al récord del ‘fenómeno’ Ronaldo.
Para las semi finales, frente al cuadro local. Klose arrancó como titular ante la sorpresa de todos. A los 23 minutos del primer tiempo ante la atenta mirada del Estadio Mineirao de Belo Horizonte, el nacido en Polonia rompía la marca de más goles anotados en un Mundial y ponía el dos a cero en el marcador. Ese partido terminaría 7-1 a favor d los teutones y luego vencerían en la final a Argentina por 1-0.
Durante dos años más disfrutó de la pelota. En total marcó 63 goles en la Lazio en 171 partidos. Ante el estadio Olímpico de Roma decidió ponerle fin a su carrera y dedicarse a ser entrenador. En la actualidad es el asistente técnico de Hans-Dieter Flick en al Bayern Múnich.
Con 303 goles en toda su carrera, 71 de esos con la selección de su país y siendo el máximo goleador de esta, Miroslav Klose no será recordado como el delantero más letal de la historia. Su instinto goleador y su voluntad para ayudar al equipo antes de pensar en él es el legado que deja el máximo artillero de la historia de los mundiales. Por más futbolistas como este es que hay que trabajar.