¿Habrá una mejor forma de conmemorar un título que logrando otro? La respuesta la tiene Luis Carlos Perea, uno de los cuatro jugadores que estuvo en todos los partidos que disputó Nacional en su campaña libertadora de aquel 89 y esta semana como entrenador dio una vuelta olímpica con el Miami Strike Force en Orlando, Florida.
Al ex defensor que hace 10 años se radicó en Estados Unidos, la categoría prejuvenil que dirige, le hizo recordar la gloria al llevarse el ‘Memorial Day Soccer Shootout’ que se disputó en Disneyworld, esa que su memoria no tiene tan presente, pero que acelera el corazón cada vez que alguien le agradece por lo que consiguió vestido de verde en El Campín.
¿El 31 de mayo es una fecha que siempre tiene presente?
Lo recuerdo cuando se acerca la fecha y más aún con las llamadas de los periodistas que año tras año tienen presente ese lindo momento y aunque no me pongo a pensar mucho en eso, ahora que veo que ha pasado mucho tiempo, me llena de orgullo que Colombia todavía se acuerde de lo que logramos.
¿Su vida tuvo un antes y un después tras ese título?
Sí porque una amplia vida deportiva no sería lo mismo sin ser campeón y esa Libertadores partió nuestras vidas en dos, al punto que hoy nos hacen sentir como esos héroes que fueron a la guerra y defendieron con honores la bandera del país.
¿Haber jugado todos los partidos de esa campaña lo hizo sentir más campeón?
Como nunca he sido amante de la estadística, hasta ahorita me entero que los jugué todos y eso me llena de un orgullo y una satisfacción insuperables.
¿Hubo algún momento crítico en ese camino hacia la Copa?
Claro, varios, como el juego de vuelta contra Racing en Avellaneda porque daba miedo esa llegada al estadio en medio de insultos y cosas que nos tiraban de todas partes, después le cayó una bengala cerca a René (Higuita) y ya en el juego alcanzaron a igualar la serie con el 2-0, hasta que al final apareció Felipe Pérez para marcar el descuento y ese gol nos dio la clasificación.
¿Ese fue el escollo más duro?
No, hubo dos más: la final contra Olimpia porque ambos partidos fueron a muerte y había más nervios de parte nuestra porque ellos estaban más acostumbrados a finales y además en Asunción sentimos la hostilidad porque la noche anterior al partido estábamos en el lobby y escuchamos tanto ruido afuera que pensábamos que era una manifestación y no, eran los hinchas de Olimpia que nos tuvieron casi toda la noche con tambores y cánticos. Ya en Bogotá, no fue fácil igualar el 2-0 de la ida y después de lograrlo, vino la angustia de los penales que hizo tan especial ese título porque al final todo el país se volcó en ovación.
¿Con cuál delantero de tantos que enfrentó, tuvo un duelo aparte?
Sin lugar a dudas, Raúl Vicente Amarilla, el atacante de Olimpia que fue uno de los más peligrosos que enfrenté en toda mi carrera porque si bien era delgado, tenía una estatura exuberante y como todos los paraguayos, contaba con una saltabilidad impresionante y la verdad nos tocó guerrear mucho con Andrés (Escobar) para controlarlo porque era un fuera de serie.