Si bien repite que con Johan Cruyff comenzó todo, lo que a veces olvida es que con su pierna derecha fue que se materializó el proyecto de Barcelona y del fútbol total. Que gracias a un remate suyo se terminó la frustración de una hinchada que disfrutaba del juego, pero no de las grandes victorias, y que en 1992 entró al grupo de los grandes de Europa al ganar la Champions League. Michael Laudrup era el del talento, Hristo Stoichkov el de los arranques inesperados y el temperamento, y él aportaba con su sentido común y su noción de orden en la cancha.
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En principio lo criticaron por parecer lento, muy grande y, sobre todo, muy caro (mil millones de pesetas de la época). Pero Ronald Koeman demostró que atrás era impasable y que tenía las capacidades de dirigir a una defensa de tres hombres que dejaba espacios desmedidos y que tenía que sacrificarse para que adelante pudieran hacer lo que Cruyff quería. En otras palabras, era el mariscal de campo.
Koeman, de cintura tiesa, y conocido como Tintín a comienzos de la década de los 90 por su piel blanca y el contraste de sus ojos claros y de sus blondos cabellos, era el otro entrenador en la cancha. Y esa vocación de entender el juego lo hizo uno de los alumnos predilectos de Cruyff. “Me cautivó que siempre procuró jugar atractivo. Y que al final, por más influencia que tuviera de aquí y de allá, era él mismo, genuino. Y eso he tratado de hacer desde que me dediqué a esto”, dijo recientemente en una entrevista con Radio Cataluña.
En esa misma charla, Koeman utilizó la analogía del fútbol como una casa en construcción. “Empiezas desde abajo. Es imposible tener la segunda planta sin un primer piso sólido. Y tienes que respetar normas y saber tomar riesgos para que todo no se te venga al piso”. Después de su retiro, en 1998 (jugó 537 partidos y marcó 217 goles, una buena cifra para un defensor), el holandés fue asistente de Louis Van Gaal en el Barça al año siguiente en una la temporada en la que el club blaugrana salió campeón con 11 puntos de ventaja sobre Real Madrid.
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Curiosamente, ese año, fue él quien tuvo que servir como puente entre los jugadores y un Van Gaal rígido, a veces terco, y de trato lejano con una plantilla que lo comprendió gracias a la gestión de Koeman, que todavía estaba pasando ese umbral entre futbolista y entrenador. “Me gustaba hablar con ellos, escucharlos, compartir en el vestuario y preguntarles por sus vidas, sus familias. Sabía lo que era estar del otro lado y por eso mi tacto era diferente”.
Esa fue la primera parada de un camino en el que ya aparecen Ajax, Benfica de Portugal, PSV Eindhoven, Valencia, Southampton, Everton, solo por nombrar algunos, y los títulos de la liga holandesa, de la Supercopa de Portugal (2005), la Copa del Rey (2008), entre otros. Koeman, que se ganó un nombre corriendo en el terreno de juego, ya construyó otro fuera de este. Y con el paso de los años, y de mucho trabajo, llegó en 2018 a la selección de su país con el objetivo de retornar a las raíces y de regresarle el prestigio a un conjunto que quedó fuera del último Mundial en Rusia.
De hecho, recién asumió el cargo, el DT cambió el lugar de concentración, dejó a un lado Noordwijk y la playa, y el ambiente que llamaba a la diversión, y se llevó el equipo a Hoenderloo, un lugar austero y familiar, propicio para la calma de una selección tan multicultural. Pequeños detalles que cuentan.
Visto como un ganador a lo largo de su trayectoria, Koeman es, en los Países Bajos, el heredero de la familia que quedó a la deriva luego de la muerte de Cruyff, la del fútbol de conceptos y la base de esa naranja mecánica subcampeona del mundo en 1974. El alumno aventajado entiende que la pelota, como el mundo, gira y cambia. Y que ir a la vanguardia requiere no olvidar las raíces, pero sí hacerlas más fuertes con cosas nuevas. “Ahora hay que ser muy físicos. Combinar la técnica, la táctica y la rapidez. Ya no basta con tocar bien. El juego es frenético y si no entras en ese dinamismo no eres competitivo”.
En 2003 no fue entrenador de Barcelona porque la directiva no quiso pagar el dinero de su cláusula de rescisión cuando era DT de Ajax. Ahora, 17 años después, parece que no será problema que Koeman vuelva a Cataluña, pues en su contrato con la Federación Holandesa de Fútbol hay una disposición que le permite retirarse en cualquier momento. El problema sería su vinculación con el Barça, sabiendo que en un año habrá un cambio radical en la dirigencia y que quienes lo llevan ahora probablemente ya no estarán después.
Pero eso no parece importar, pues en la ciudad condal se cree que Koeman es el hombre para tomar las riendas de un barco que no está a la deriva, sino a punto de hundirse. Las reuniones entre las partes se siguen llevando a cabo . Puede que este martes se haga la presentación. Incluso el miércoles o el jueves. Lo cierto es que el hombre del gol de 1992, el que es recordado con cariño, tendrá el desafío más grande de su carrera como DT: hacer del Barça lo que ya fue en días pasados.