El encuentro fue interrumpido a los 25 minutos de juego del primer tiempo en Bruselas debido a una tormenta de granizo, que dejó prácticamente blanco el campo.
El árbitro húngaro Viktor Kassai interrumpió el juego y envió a los jugadores al vestuario para evitar cualquier peligro con la caída de piedras de granizo de importante magnitud que pudieran lastimar a los futbolistas, cuando el juego estaba igualado sin tantos.
Las piedras de granizo incluso dañaron la portería defendida por el meta tunecino.