Xavi Hernández, uno de los jugadores más influyentes en la historia de la selección española de fútbol, anunció que no volverá a ponerse la camiseta de La Roja. A sus 34 años, llevaba 14 jugando para el equipo absoluto de España, con el que conquistó un Mundial y dos Eurocopas e imprimió un estilo que se ha reproducido en federaciones y clubes de medio planeta.
“He tomado la decisión de dejar la selección. Creo que mi etapa ahí sí ha terminado”, expresó este futbolista cerebral, quien siempre se destacó en el césped por su capacidad para proteger el balón y entregarlo con ventaja al compañero.
En Ucrania, en el último entrenamiento antes de afrontar la final de la Eurocopa de 2012 frente a Italia, le había confesado al técnico, Vicente del Bosque, su intención de retirarse. El seleccionador acabó convenciéndolo de seguir jugando hasta el Mundial de Brasil.
Esta vez no ha habido marcha atrás. Xavi, quien no se lo dijo directamente a Del Bosque sino que habló con sus allegados, tomó la decisión de forma irrevocable. Lo hizo el día después de perder con Chile, cuando la selección quedó eliminada del Mundial en la fase de grupos y él lo vio desde el banco de suplentes.
“No fue en caliente, era algo que tenía meditado desde hace tiempo. Nos contó que tenía pensado irse a Catar o a Estados Unidos y que ya le costaría más venir a las convocatorias”, cuentan desde la federación. Al final, Xavi no emigró, sino que decidió quedarse en el Barcelona convencido por la propuesta y el discurso de Luis Enrique, ilusionado por seguir siendo el conductor del juego. Pero sí que se va de España. Así se lo comunicó de forma definitiva a la Federación. “Hemos podido conseguir muchos éxitos en los últimos seis u ocho años y ahora soy un aficionado más de la selección española”, dijo.
La determinación de Xavi llegó tras un cúmulo de situaciones, de malas experiencias. Sobre todo, le afectó el último curso con el Barcelona, donde perdió protagonismo y acumuló críticas, donde quedó apartado de la titularidad en varias ocasiones. “Fue una de las peores temporadas de mi vida, acabé decepcionado y el último partido de la Liga, con el título en juego (frente al Atlético de Madrid), lo vi en el banquillo”, comentó.
Ocurre que no veía el mismo fútbol que el entrenador argentino Tata Martino; quería más toque y menos agitación, por lo que debatieron sobre el modelo y la idea de juego azulgrana. Y resulta que Xavi se quejaba porque el equipo no jugaba bien, no porque él no participase tanto como quería. Lo mismo le sucedió en Brasil y quedó señalado.
Acabado el encuentro ante Holanda, luego del sorpresivo 5-1, desde la selección se filtró que habría cambios. Los descartes, ya contra Chile, fueron Piqué y Xavi. “Tenía derecho a enfadarse un poco. Ya dijimos que no era un partido para señalar… y él jugó bien contra Holanda”, cuentan del cuerpo técnico. “Seguramente me equivoqué, porque se lo tenía que haber dicho antes de dar la alineación, pero en ese momento no lo consideré oportuno, porque había más jugadores, y tampoco lo hablé con Piqué. Ahora me arrepiento”, agrega Del Bosque.
Fue, en cualquier caso, un mazazo para el 8 de España, que veía que no jugaba de nuevo en un partido capital. Y ratificó su idea de dejar el equipo, de irse bien lejos. Así, Xavi se marchó de vacaciones tan desanimado como encrespado, molesto por no participar cuando tocaba, por no haber actuado de guía y jerarca como hiciera desde que se lo reclamó Aragonés. “Era lógica su decepción. Pero siempre tuvo muy buena relación con el míster, más allá de algunas discusiones de fútbol. Pero siempre con respeto”, añaden desde la selección. “Eso sí”, interceden desde la Federación, “le pedimos que no dijera nada, al menos en público, porque pensábamos que era mejor que lo reconsiderase. No son pocos los jugadores que acaban volviendo”, explican. Pero Xavi lo tenía más que claro: “Desde ahora soy un aficionado más. Ha sido maravilloso conseguir tantos títulos —un Mundial, dos Eurocopas, un Mundial sub-20 y la medalla de plata en los Juegos de Sidney—. Me voy muy orgulloso”.
Aunque el centrocampista no se lo dijo personalmente a Del Bosque, desde la Federación le transmitieron el mensaje. “No nos lo comentó en Brasil, pero lo sabíamos desde hacía tiempo”, explican en el cuerpo técnico, “pero se ha ganado el derecho a decidir lo que quiera después de 133 internacionalidades”. Y añaden: “Lamentamos que se haya acabado su etapa con nosotros, porque es un jugador irrepetible, el mejor timón de la mejor selección española de la historia”. De hecho, en 2008 se vio al mejor Xavi, encumbrado por Luis Aragonés. Ese que impulsó Frank Rijkaard al reconvertir de mediocentro a interior, ese que en Austria y Suiza fue escogido como el mejor jugador del torneo. Desde entonces no perdió su aura de jugador universal, solo raído el año anterior, cinco años después.
A Xavi, sin embargo, siempre le criticaron su condición de azulgrana y culé, hasta el punto de que cuando no iba por lesión le miraban con recelo, como si no hubiera estado siempre con el grupo. “Ha sido un jugador que ha disfrutado, muy comprometido. Su comportamiento, que quede claro, siempre ha sido muy bueno”, cuentan desde el staff técnico.
Así, sólo el estratega del Barcelona ha podido convencerle en esta ocasión de seguir con el conjunto culé. “Me ha cambiado la mentalidad; ha sido clave para que continúe en el Barcelona”, subrayó. Y España se lo pierde.
Queda por ver, en cualquier caso, cuál es el rendimiento y el protagonismo de Xavi en el equipo, más que nada porque Luis Enrique reclama la línea de presión alta y porque no negocia con el esfuerzo, ataque visceral y repliegue inmediato.
Pero sin ninguna duda, La Roja pierde a uno de sus jugadores más influyentes de los últimos años. Su jerarquía y su liderazgo dentro y fuera de la cancha serán añorados con el pasar de los años.