El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Sergio Busquets: el mediocampista silencioso que revolucionó el fútbol

El catalán, que ganó todo con Barcelona y con la selección de España, será recordado por su estilo único y elegante que cambió su posición para siempre. Hoy dijo adiós a la actividad profesional.

26 de septiembre de 2025 - 01:03 p. m.
Sergio Busquets, en el arranque de su carrera, cuando ganó el triplete con Barcelona.
Foto: FC Barcelona
PUBLICIDAD

A Sergio Busquets uno podía identificarlo a kilómetros de distancia. Su andar sereno, la cabeza siempre erguida y el balón pegado al pie lo delataban como un jugador distinto. No necesitaba velocidad desbordante ni gambetas espectaculares: lo suyo era una elegancia austera, un control invisible que dominaba el tiempo y el espacio en medio de la cancha. Su estilo fue tan único que, en la historia del fútbol, pocos pueden compararse. Se ha hablado de Didí, aquel mediocampista brasileño que marcó época con técnica y ductilidad. También lo compararon con Pep Guardiola, cerebro del Dream Team de Cruyff, aunque el discípulo acabaría por ampliar la definición del puesto que heredaba. Busquets no fue un mediocentro más: fue un género en sí mismo.

Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO

¿Ya tienes una cuenta?

Su influencia trascendió generaciones. Desde que apareció en el Barcelona de Guardiola en 2008, redefinió el rol del mediocentro defensivo. Ya no se trataba solo de recuperar la pelota y distribuir sencillo, sino de entender que el “5” debía ser el eje que hacía jugar al equipo. Rodri, figura del Manchester City, campeón de todo y primer mediocampista defensivo en ganar un Balón de Oro, reconoció en más de una ocasión cuánto aprendió observando a Busquets. Esa línea de herencia lo confirma: el de Badía del Vallés creó escuela. A partir de él, se exigió que el mediocentro tuviera un pase limpio, visión panorámica y temple para manejar los tiempos.

Con el Barcelona, Busquets integró quizá el mejor mediocampo de la historia junto a Xavi Hernández y Andrés Iniesta. Ese triángulo, afinado por Guardiola, fue el motor que llevó al club a dominar Europa y el mundo. Entre 2009 y 2015, esa sociedad conquistó todo: ligas, copas, Champions, Mundial de Clubes. Busquets fue el equilibrio silencioso, el sostén invisible que hacía brillar a los otros. Como escribió Johan Cruyff alguna vez, “cuando Busquets juega bien, el Barça juega bien”. Esa frase explica por qué, en 15 años de carrera en el Camp Nou, se convirtió en el mediocentro de referencia.

Sergio Busquets, ídolo de Barcelona.
Foto: Getty Images - David Ramos

Su temperamento fue otra de sus marcas. De gesto calmado, pocas veces se dejó llevar por la euforia. Sin embargo, bajo esa apariencia serena se escondía una ambición feroz y una competitividad inagotable. Su palmarés lo demuestra: 9 Ligas, 3 Champions, 7 Copas del Rey, 3 Supercopas de Europa, 8 Supercopas de España, 3 Mundiales de Clubes. Con España ganó el Mundial de 2010 y la Eurocopa de 2012. En total, 36 títulos oficiales, una cifra que lo coloca en la élite de los futbolistas más laureados de todos los tiempos. Sencillamente espectacular.

Riquelme, voz autorizada para hablar de talento, lo definió con precisión: “El único número 5 que yo conocí en mi vida que es un número 10 y hace todo bien es Busquets. Busquets confundió al fútbol mundial”, explicó. “Desde que apareció Busquets empezamos que el ‘5’ tiene que tener buen pase, empezamos que si los equipos juegan mal es porque el ‘5’ pasa mal la pelota. Ya nos olvidamos que antes era el número 10 el que te hacía jugar bien, ahora parece que si el equipo juega mal es por culpa del ‘5’. Ya nos olvidamos que el ‘5’ tiene que marcar, se tiene que meter entre los centrales, que si sale el lateral tiene que cubrirlo…”. Esa definición resume lo que significó: un mediocentro que obligó a reinterpretar el fútbol.

Su historia comenzó en las categorías inferiores. Nacido en Sabadell, pero criado en Badía del Vallés, pasó por clubes modestos hasta ingresar en La Masia en 2005. Allí entendió que estaba en “el club de su vida”, como él mismo lo definió. Su ascenso fue vertiginoso: de entrenar con Guardiola en el filial a debutar en 2008 con Rijkaard y consolidarse ese mismo año bajo la dirección de Pep. En su primera temporada completa ya levantó el triplete. De ahí en adelante, su lugar en el once fue indiscutible, tanto en el Barça como en la selección.

Tras 18 años en el Barcelona, donde llegó a ser capitán tras la salida de Messi, decidió poner fin a esa etapa en 2023. Su destino fue Inter de Miami, donde volvió a compartir vestuario con su gran amigo y socio futbolístico, Leo Messi. Allí conquistó la Leagues Cup y se mantuvo competitivo hasta el final, siempre con la misma elegancia y oficio que lo caracterizaron. El fútbol estadounidense lo recibió como maestro, y él respondió aportando jerarquía a una liga en crecimiento. En 2025, tras disputar su partido número 100 con el equipo, anunció que era momento de colgar los botines.

La carrera de Sergio Busquets queda como un ejemplo de coherencia y grandeza silenciosa. No fue un futbolista de highlights ruidosos, pero sí el engranaje que hacía funcionar a los equipos más memorables de este siglo. Su nombre queda inscrito entre los grandes, no solo por los títulos, sino por haber cambiado la manera de entender una posición. Difícilmente aparezca otro igual: Busquets fue único, y lo seguirá siendo en la memoria del fútbol.

No ad for you

🚴🏻⚽🏀 ¿Lo último en deportes?: Todo lo que debe saber del deporte mundial está en El Espectador

Ver todas las noticias