A las 8:00 de la mañana, en el Comité Olímpico Colombiano en Bogotá, se dieron cita los deportistas que se colgaron medallas en Londres, así como algunos atletas más que representaron el deporte nacional en los Juegos Olímpicos. Todos se bajaron de un bus, luego ingresaron a la sede del COC y fueron informados de cómo sería el día de homenaje. Unos minutos más tarde salieron de ahí y junto a María Isabel Urrutia y Mábel Mosquera subieron al carro de bomberos que les daría el paseo de la victoria por las calles de Bogotá.
A medida que avanzaba la caravana por las calles bogotanas, la gente gritaba, batía banderas, pitaba en sus carros y hasta se cruzaban en la vía para poder ver con mejor detalle a cada uno de los deportistas. La gente, que se salió de sus trabajos para el saludo olímpico, hizo todo lo posible para que los héroes se sintieran emocionados y evidentemente lo lograron, pues en la Casa de Nariño, a donde llegó la caravana, los atletas mostraron su asombro por la multitud que los acompañó.
Aproximadamente a las 11:00 llegaron a la Plaza de Armas, donde se instaló un escenario para el homenaje presidencial. A primera hora ingresaron los deportistas que no lograron medalla. Éstos fueron aplaudidos y recibidos con admiración por parte de los cerca de 400 asistentes al evento, entre los que había ministros, empresarios, deportistas, invitados especiales y periodistas. Unos minutos más tarde entraron por una alfombra roja los siete medallistas (Rigoberto Urán no pudo asistir porque se está preparando para la Vuelta a España), acompañados por el presidente Juan Manuel Santos y la primera dama, María Clemencia de Santos.
Un aplauso estremecedor fue el que recibieron estos siete héroes al ingresar al lugar del homenaje. Inmediatamente después se ubicaron en el centro de la tarima, junto al presidente, y entonaron el Himno Nacional, con el mismo ánimo, quizás, que lo hizo Mariana Pajón en la premiación en Londres.
El homenaje continuó con la distinción de la Orden de Boyacá a los ocho medallistas. Por Rigoberto Urán la recibió el presidente de la Federación de Ciclismo, Jorge Ovidio González.
Las palabras de Mariana Pajón entonces se hicieron sentir. La antioqueña, de 20 años, agradeció a los colombianos por el recibimiento e invitó a que se siga apoyando al deporte en Colombia para que en los próximos años se puedan cosechar muchos más triunfos: “Gracias a todos, ahora más que nunca me siento orgullosamente colombiana. Debemos seguir creyendo en el deporte colombiano para que nos puedan reconocer como una potencia”.
Luego el turno fue para Juan Manuel Santos, quien en un discurso extenso agradeció uno por uno a cada medallista, hablando un poco de la vida de cada uno y haciendo analogías con sus logros y la situación del país. Por ejemplo, de Mariana destacó su mentalidad ganadora. Del también bicicrosista Carlos Mario Oquendo destacó su berraquera y entereza, la misma que le sirvió para sobreponerse a dos caídas durante la prueba y luchar por el bronce. Aseveró así que los colombianos tienen que ser persistentes y no derrotarse en el primer intento. De Catherine Ibargüen comentó que es una persona con un carisma impresionante, capaz de poner a todo el estadio de Londres a aplaudirla y apoyarla. El presidente bromeó y le dijo: “Catherine, regáleme un poco de ese carisma”.
Los anuncios más importantes que dejó Santos en su intervención fueron que gracias al logro de Mariana Pajón, el BMX ahora es un deporte querido en el país y que por eso se hará una inversión en Antioquia para construir, con la asesoría de la campeona olímpica, la mejor pista de BMX en Latinoamérica.
El presidente destacó también la labor de Andrés Botero, director de Coldeportes, que ahora tendrá participación en las reuniones del gabinete ministerial. Además, se pronunció que para este ciclo olímpico que comienza y que buscará superar lo obtenido en Londres 2012, se traerán entrenadores cubanos para fortalecer el deporte desde la base, en las escuelas y centros de formación deportiva.
Cuando se estaba terminando el homenaje, el pesista y ganador de medalla de plata Óscar Figueroa tomó la palabra y les dijo a los congresistas presentes, y al presidente, que se debía modificar la política del deporte en Colombia, puesto que “la gloria olímpica sin educación para la vida no sirve de nada”. Figueroa además solicitó que la norma sea hecha para que los organismos encargados del tema sean manejados por “gente que conozca el deporte, la Constitución y la ley”.
Pero lo mejor estaba por venir. Cerca de la 1:00 de la tarde, el presidente cerró literalmente con broche de oro sus palabras, al anunciarles a los medallistas que además de lograr la gloria olímpica, se llevarían en los ‘bolsillos’ carro, casa y beca. La marca Kia le otorgó un automóvil a cada uno, mientras que el Gobierno, a través del Ministerio de Vivienda, se comprometió con subsidio para casa y finalmente la beca la otorgó la Universidad Militar, que regalará a cada uno de los medallistas la opción de estudiar la carrera que deseen, sea a distancia o presencialmente.
Y así, con ‘la barriga llena’ y el corazón contento, los medallistas terminaron su visita presidencial. Como se lo merecen unos verdaderos héroes olímpicos.