Una vez se confirmó el listado oficial de Brasil para Sudáfrica 2010, fue otra razón para atacar al técnico Dunga por no incluir en él a Ronaldinho, uno de los artífices del pentacampeonato en Corea y Japón. Este Brasil adolece de la falta de magia que en su momento le dio el hoy jugador del Milan, pero no ahora sino desde la eliminatoria. La cambió por el pragmatismo de Kaká, quien sin lucir en toda su dimensión de asistencia por partido en esta Copa del Mundo, puede ser tan o más efectivo que el de Porto Alegre.
Este lunes, por ejemplo, en el Ellis Park, el 10 auriverde, mientras en la tribuna todavía se festejaba el gol de Juan, a un toque puso a celebrar a Luis Fabiano, tal cual había acontecido contra los marfileños, también en Johannesburgo, lo que explica en parte por qué el delantero ya ha pegado tres gritos y sea como el Ronaldo de 2002, que definía con la misma claridad de la asistencia.
En cuestión de segundos Brasil despachaba a un Chile que, tal y como se advertía, no salió a esconderse, pero que lucía impotente para frenar una máquina amarilla que una vez prende motores, demuele sin contemplación alguna. Se lo dejó en claro a los australes con un festejo más a cargo de Robinho, que vino a aparecer cuando más se le necesitaba y esta vez, en lugar de jugadas para la tribuna, aportó en función de un colectivo que cuando se lo propone parece no tener rival al frente que le resista.
Lo que hace por momentos es cierto, pero hay que ahorrar combustible para lo que resta y así lo entendió la torcida en las gradas, donde las vuvuzelas y el carnaval que montaron los auriverdes en todos los rincones del estadio contrastaban con la mirada analítica de Reinaldo Rueda, quien de protagonista dos semanas atrás pasaba a ser un espectador más en el Ellis Park.
Y si se da todo para que Rueda dirija en la próxima eliminatoria suramericana a Perú, el colombiano no se verá otra vez las caras con Marcelo Bielsa. El Loco hasta anoche fue el seleccionador austral y, fiel a ese rol enigmático que lo envuelve, entrará en cuarteles de invierno en su natal Rosario para volver cuando él así lo decida.
Mientras lo hace, está claro que no sólo en Chile se hablará de su estilo, cada vez más reconocido en todo el mundo y, sobre todo, admirado por tener como principio básico ir al frente, pero no de cualquier forma, porque el respeto al balón es una obligación. Lo cierto es que con la fórmula Dunga de resolver antes que gustar, está más cerca del ‘hexa’.