El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Ilusión sin fronteras

Richard Páez se estrenó con triunfo en el banquillo de Millonarios y al entrenador patriota, antes que el resultado en sí, le agrada la confianza de la hinchada y que los jugadores albiazules estén asimilando su estilo de juego.

25 de julio de 2010 - 05:00 p. m.
PUBLICIDAD

Mientras en Cúcuta se tomaban todas las medidas posibles para buscar que la crisis con Venezuela sacuda con menos fuerza la principal frontera con ese país, en El Campín, también con límites en sus tribunas, Richard Páez por primera vez se sentaba en el banco norte del estadio bogotano, con dos responsabilidades adicionales al debut: ser el primer patriota en dirigir en el fútbol colombiano y no ser motivo de distanciamientos, sino de unión.

Demasiada carga para el médico, sin duda, pero la ‘operación Cali’ la pudo sacar adelante el de Mérida gracias a una estrategia que tuvo un principio básico y suficiente de paso: respeto hacia el balón por encima de cualquier cosa.

El Millonarios que no hacía más de tres pases seguidos en el Apertura, parece ser parte del pasado, porque el sábado los verdiblancos por varios pasajes vieron pasar la pelota por su frente y lucieron incapaces de quitarla, casi hipnotizados por el control absoluto del rival, que los sometió a placer.

Por eso el ‘ole’ que parecía exclusividad de la Santamaría, se escuchó en el Nemesio después de un buen tiempo, tal vez meses y años, pero eso no satisfizo tanto a Páez, como sí “la respuesta individual y colectiva del grupo, porque más allá del triunfo, que es importante por el gran rival que superamos, lo que me deja tranquilo es que se sigue asimilando el estilo que se pretende y la disposición de los jugadores es absoluta”.

Le halaga que la hinchada respondiera y se fuera ilusionada, pero el técnico advierte “que esto es un proceso y todavía faltan muchas cosas por mejorar, así que no somos los mejores ya por ganar un partido, ni seremos los peores cuando no salgan las cosas”.

Igual se empezó bien y la imagen alberga esperanza, porque así sean prácticamente los mismos del semestre anterior, la actitud y la respuesta en la cancha son bien diferentes, partiendo del arquero Juan Obelar, que no dio ni un rebote e impregnó de confianza al fondo, donde José Mera y Oswaldo Henríquez cada vez se entienden mejor en la mitad de la zaga, así les llegue competencia con el venezolano Alejandro Cichero.

El lateral derecho Elvis Perlaza tal vez sea el más parecido de todos respecto al Apertura, porque sigue impreciso en la salida y temeroso en marca, mientras Luis Mosquera podría encontrar su lugar como marcador izquierdo porque sabe proyectarse.

Ya en la mitad, la fórmula Ómar parece marcar la diferencia, porque Rodríguez en primera línea, con el apoyo de Elkin Blanco, recupera y sabe entregar limpio el balón, mientras Vásquez en segunda le da buen manejo, se complementa con John Ulloque y resuelve en media distancia como el sábado.

No ad for you

Y arriba, Lionard Pajoy parece arreglárselas solo, aunque con el apoyo de Yovanny Arrechea y el del paraguayo Néstor Bareiro si finalmente llega, el potencial ofensivo deberá aumentar, como también la imaginación con las alternativas de Johathan Estrada y Rafael Robayo, indiscutibles de antes y hoy opciones ante el buen nivel de los titulares.

Los nombres parecen ser lo de menos para Páez, que apenas en un partido hizo notar el cambio, el mismo que propició en la selección venezolana para que no todo fuera béisbol en la república bolivariana. Allá sembró la esperanza y hoy la riega en Bogotá, dando de paso un mensaje, porque cuando más distancia parece haber entre su país y el nuestro, él une al pueblo azul de entrada, y con la pelota bien tratada, como pretexto para hacerlo.

 

Ver todas las noticias