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Inolvidable

Argentina y Alemania disputarán, desde las 2:00 p.m., por el Gol Caracol, la gran final del Mundial de Fútbol de Brasil 2014.

12 de julio de 2014 - 09:00 p. m.
El estadio Maracaná, de Río de Janeiro, acogerá la final de Brasil 2014 entre alemanes y argentinos. / EFE
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Este domingo termina el Mundial de Fútbol de 2014, ese que quedará para siempre en el corazón de los colombianos por la magnífica actuación de nuestra selección tras 16 años de ausencia. Ese mismo que se recordará por la increíble goleada 7-1 de Alemania a Brasil, el que consagró a Costa Rica como la revelación y tuvo tres técnicos nacidos en nuestra tierra. El que le permitió a Miroslav Klose convertirse en el máximo anotador de las Copas del Mundo.

El Mundial de James Rodríguez, candidato a mejor jugador, quien además podría quedarse con el Botín de Oro como goleador. El de los himnos cantados a todo pulmón, con orgullo nacionalista. El de las camisetas amarillas, azules y rojas en todas las ciudades. El Mundial más colombiano de los 20 que se han realizado, en el que hemos tenido el mayor protagonismo.

La final la jugarán dos históricos, Alemania y Argentina, como en México 1986 e Italia 1990. Está vez los teutones son favoritos, pero los albicelestes cuentan con Lionel Messi, el mejor futbolista de los últimos años, así que cualquier cosa puede pasar. Será la novena final de los europeos, campeones en Suiza 1954, Alemania 1974 e Italia 1990 y subcampeones en Inglaterra 1966, España 1982, México 1986 y Corea-Japón 2002. Para los suramericanos será la quinta definición, pues se consagraron en Argentina 1978 y México 1986, pero cayeron en Uruguay 1930 e Italia 1990.

A los locales, que organizaron una exitosa fiesta de 31 días pero que seguirán discutiendo por años su conveniencia, les quedará el sabor amargo de no haber podido borrar de una vez por todas el legendario Maracanazo, la derrota ante Uruguay en la final de 1950.

Al contrario, desde el pasado martes tienen un nuevo motivo, tal vez más grande, para avergonzarse: la derrota 7-1 ante Alemania en el estadio Mineirão. Claro quedó que Brasil, el país del fútbol y las supersticiones, nunca volverá a organizar un Mundial, porque los dos que ha hecho, en vez de darle satisfacciones, le han generado las peores humillaciones de su historia.

Cuando alemanes y albicelestes salten a la cancha del estadio Maracaná, los primeros con su tradicional uniforme de camiseta blanca y los segundos con la alternativa azul, ya habrá pasado el espectáculo musical de clausura, por tercera vez consecutiva a cargo de la cantante barranquillera Shakira.

Y después del juego la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, y el de la Fifa, Joseph Blatter, le entregarán la Copa Mundo a Philip Lahm o Lionel Messi, ante la mirada de unos 70 mil espectadores, la mayoría de ellos invitados. Una boleta para el partido costaba en la reventa por lo menos 2.000 dólares.

Fue un Mundial ofensivo, con un alto promedio de gol, en el que sin embargo se evidenció el cansancio físico de buena parte de los jugadores, extenuados tras una exigente temporada. Las lesiones, previas y durante la competición dejaron preocupados a los integrantes de la comisión técnica de Fifa, que esperan modificar los calendarios en los años de los próximos mundiales.

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A Brasil, el país, le queda la satisfacción de haberle cumplido al mundo, a pesar de los retrasos en las obras y las denuncias de corrupción. También un buen saldo en el aspecto logístico, pues su infraestructura hotelera, de transportes y comunicaciones respondió. Incluso salió avante en el delicado tema de la seguridad, a la que destinó cerca de 150 mil personas. Todo eso sirvió como aval para los Juegos Olímpicos de Río, que se realizarán en 2016.

Colombia, en lo deportivo, recuperó con creces el prestigio que había perdido. Su quinto lugar en la clasificación general, con un balance de cuatro victorias y una sola derrota, con 12 goles a favor y cuatro en contra, no es más que la confirmación de que vale la pena apostar por los procesos a mediano y largo plazo, pues esta generación es fruto del trabajo que comenzaron, hace una década, Eduardo Lara y Reinaldo Rueda en las selecciones menores.

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Brasil 2014 puede ser el punto de partida de una era dorada para nuestro balompié, sobre todo teniendo en cuenta que nuestros rivales continentales, Brasil y Uruguay, tienen que iniciar nuevos proyectos. Por eso los amantes del fútbol ya sienten nostalgia, pero esperan con ansiedad que el tiempo pase rápido para poder volver a disfrutar una nueve fiesta futbolera, la de Rusia 2018.

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