Dos estilos distintos, pero igual de efectivos, llegaban a una final adelantada al Camp Nou, de donde uno solo podría seguir en camino y pudo más la férrea y segura defensa del Inter que las intenciones ofensivas de un Barcelona que en su propio campo dejó el trono vacante de la Liga de Campeones.
Al actual monarca y favorito para ser el primero en repetir corona de Champions en el nuevo siglo no le alcanzó con su victoria de este miércoles 1-0 en la vuelta de la ‘semi’, porque los negriazules hicieron valer el 3-1 de la ida en el San Siro, para llegar a la última instancia del torneo de clubes más importante del mundo, algo que no saboreaban desde el año 72.
El Barcelona se quedó sin la final del Bernabéu pese a tener posesión del esférico durante casi todo el encuentro y la Orejona tendrá otro dueño el próximo 22 de mayo en Madrid, mas no un extraño, porque tanto los verdugos catalanes como el Bayern de Munich, que avanzó el martes, ya la han levantado.
El que sí no subió el nivel este miércoles fue Lionel Messi, tampoco Xabi tuvo el liderazgo de otras noches y a Piqué le tocó echarse al club catalán a cuestas. Dejó la zaga y como un atacante más fue complicando el fondo visitante, hasta que a siete minutos del final quedó frente a Julio César en fuera de lugar que no sancionó el asistente e hizo pasar de largo al brasileño y a Iván Ramiro Córdoba —ingresó a los 80 en lugar de Diego Milito— que le cerraban, para marcar la diferencia, no suficiente, pero que devolvía la esperanza de clasificación.
Los de Guardiola quedaban a un tanto de Madrid y con 10 minutos que en el Camp Nou suelen ser horas. Balón, campo, un jugador más —Thiago Motta vio la roja al 28 de la inicial—, en fin, todo para inclinar la cancha hacia el arco interista que soportó la marea azulgrana que parecía ahogar a su rival en una jugada de gol anulada a Bojan, por una mano de Keyta que el central belga De Bleeckere, juzgó como voluntaria.
El Barcelona lo intentó con más ganas que fútbol, pero terminó imponiéndose la aplicación de un Inter, que con orden y entrega hizo sentir más orgulloso que nunca a su técnico José Mourinho, quien celebró a rabiar el paso a la final, que será en el Santiago Bernabéu, estadio que según muchos será su casa en el próximo verano.