Quien no haya visto sus documentos de identificación o no le pregunte por su edad, supondría que Cristian Harson Bonilla, el espigado portero con cara de grande de la selección sub-20 de Colombia, es el más curtido y experimentado del equipo. Pues no. En su casa, ubicada en el barrio Villa Carmenza de Manizales, cuentan con orgullo que apenas hace un par de meses estrenó su cédula de ciudadanía.
Con sus acrobacias, autoridad y liderazgo, el manizaleño (2 de junio de 1993) hace pasar desapercibida su edad, la cual le permitiría, dado del caso, poder estar en el Mundial de Turquía 2013. Aunque en cierto sentido ha sido un alumno aventajado, pues ha integrado las selecciones sub-15 y sub-17, esta última con la que actuó en el Mundial de Nigeria.
Y eso que empezó siendo delantero cuando era chico, tratando de emular a su papá Hárold y sobre todo a su primo Víctor Bonilla, que por tantos clubes colombianos pasó. Pero, a pesar de que en la escuela de formación del Once Caldas lo calificaban de potente y contundente, “era muy gordito, por lo que un día le dije a mi papá que quería entrar en una posición donde no tuviera que correr tanto y me metí en el arco”, recuerda, aún con jocosidad, dicho capítulo en su carrera.
Aunque es consciente de que “un pestañeo puede borrar el trabajo de 90 minutos”, se siente orgulloso de esa decisión. Hoy, titular de la selección, ha demostrado cuánto hizo falta en el Suramericano de Perú, certamen realizado en enero pasado y del que estuvo ausente por lesión.
“Fue muy doloroso, porque estábamos a pocos días de ir y sufrí un choque con un compañero…”, dice Cristian.
Pero su revancha con el destino la tuvo en Toulon, donde levantó el trofeo de campeón y de paso se ganó la titularidad para el Mundial: “nadie es indispensable en este equipo. He seguido trabajando a pesar de todo y ahora estoy viendo los frutos”, dice.
Sólo ha encajado tres goles durante el torneo, pero el martes pasado sufrió más de la cuenta con los ticos. “Cometimos errores, eso le puede pasar a cualquier equipo. Pero sacamos la casta, demostramos que somos unos hombres y revertimos el marcador”.
Ahora se viene México, un “equipo fuerte y habilidoso”, y por tal razón, Cristian, un devoto por Dios y que apunta al cielo cada vez que entra al gramado, ya sólo piensa en México, “en avanzar a semifinales”.