El Santos vuelve a una final de la Copa Libertadores de la mano de Neymar, el más reciente epígono de la saga de orfebres del balón cincelada en una de las canteras más prolíficas de Brasil, de la que también surgieron Pelé y Robinho.
Mucho antes de la llegada de Neymar, el Santos ganó sus dos únicos títulos de la Libertadores, en 1962 y 1963 de la mano del ‘rey’ Pelé; con Robinho llegó a la final de 2003, pero sucumbió ante el Boca Juniors argentino.
Con Neymar la historia se repite: de nuevo una generación portentosa del Santos, equipo que tiene el ‘jogo bonito’ tatuado en su ADN, alcanza una final continental bajo el liderazgo de un adolescente prodigioso, desequilibrante, que marca diferencias con la pelota en el pie.
El Santos, club de la homónima ciudad portuaria en el litoral de Sao Paulo, se ha mantenido siempre a flote en la elite del fútbol brasileño gracias al mimo con el que ha cuidado sus divisiones inferiores.
Pelé estuvo acompañado por una generación majestuosa, con varios campeones mundiales de la talla de Pepe, Zito, Coutinho, Mengalvio y el portero Gilmar, que le proporcionaron al club una época dorada en los años sesenta.
Además de las dos Libertadores, el Santos arrasaba en Brasil y se medía de igual a igual con los equipos más fuertes de Europa en las numerosas giras que realizó por todo el mundo.
El adiós de Pelé en 1974 y la sequía repentina de la cantera del estadio Vila Belmiro condujeron al club a una larga travesía de casi tres décadas en las que sólo ganó dos títulos paulistas y una Copa Conmebol (1998) a pesar de los intentos de la dirección de suplir la falta de juveniles talentosos con la billetera.
El resurgimiento del equipo ocurrió en 2002, cuando volvió a coincidir una fantástica hornada de canteranos, encabezada por Robinho y Diego, que, salvando las distancias, revivió la memoria del siempre idolatrado Pelé.
Robinho maravilló al mundo con sus ‘bicicletas’, guió al Santos a sus dos triunfos en el campeonato brasileño (2002 y 2004) y llevó al equipo a la final de la Libertadores de 2003, aunque no pudo repetir el triunfo de Pelé en la máxima competición continental.
Tras la venta de Robinho al Real Madrid, el Santos no acusó tanto el bajón. Mantuvo el tipo con dos triunfos en el paulista, terminó casi siempre en los puestos de cabeza de la liga brasileña y alcanzó las semifinales de la Libertadores en 2007.
La directiva del equipo se convenció entonces de que el camino a seguir era invertir con fuerza en la formación de juveniles, para lo que en 2006 creó un moderno centro de entrenamiento, cuyas canchas recibieron precisamente los nombres “Robinho” y “Diego”.
Neymar se unió al club a los 12 años y se benefició brevemente de esta “fábrica de talentos” antes de dar el salto al equipo profesional en 2009, junto a la nueva casta de ‘meninos da Vila’ que ha enamorado a Brasil con su fútbol de toque.
Una de las principales figuras de esta generación, el centrocampista Paulo Henrique Ganso, que se considera ya como una figura imprescindible en la selección brasileña, se perderá al menos el partido de ida de la final por una lesión.