Cerca de 1,86 metros de estatura. Contextura media, cabello largo, barba y una mirada firme, centrada en el objetivo. Podía ser el capitán de un barco, de una tropa de cualquier fuerza armada, pero lo era de una selección nacional de fútbol. Ese era Mario Alberto Yepes.
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Como todos los que decidimos entrenar fútbol de niños, a Yepes también le pasó que quería ser goleador, quería jugar adelante y ser el protagonista de las alegrías de los hinchas y de los objetivos de su equipo. Así empezó, incluso, pero antes de ser profesional -como también le pasa a tantos otros que terminan jugando en otra posición-, la necesidad o la urgencia de resolver un problema en un partido específico le cambió su destino en el fútbol.
Yepes entrenaba con la Escuela Carlos Sarmiento Lora, de la que también salieron otros referentes del fútbol vallecaucano como Faustino Asprilla, Arnulfo Valentierra, Héctor Hurtado, Miguel Calero u Óscar Córdoba.
Humberto ‘Tucho’ Ortiz fue el entrenador que lo llevó a Cortuluá y que le pediría que dejara de ser un ‘9′ para convertirse en un defensor central ante la ausencia de estos en su equipo. Su talla y corpulencia serían la clave para considerarlo idóneo para dejar de hacer goles y pasar a evitarlos. Luego, Reinaldo Rueda, terminó de sentenciarle a Yepes su camino como defensa. Así nacería uno de los gladiadores de la selección nacional de Colombia.
Su debut en el fútbol profesional colombiano fue con Cortuluá fue en 1994, año en el que el ya extinto equipo vallecaucano disfrutaba su ascenso a la primera división. En ese club estuvo hasta 1997, cuando pasó al Deportivo Cali, el de sus amores, el que lo hizo amar el fútbol.
Con Cali rápidamente supo lo que era la gloria, no solamente por defender literalmente la camiseta del equipo del que es hincha, sino porque en 1998 fue campeón de la Liga tras vencer a Once Caldas en una serie de tres partidos en la que Yepes fue protagonista como héroe y villano, pues se fue expulsado en una jugada en la que se vio obligado a bajar al rival, pues era ocasión manifiesta de gol. Al año siguiente estuvo cerca de ganar la Copa Libertadores, pero terminó como subcampeón al caer desde los penaltis con Palmeiras.
Esa fue su historia en el fútbol colombiano, porque en 1999 fue fichado por River Plate, equipo con el que quedó campeón del Apertura de ese año y del Clausura 2000. Estuvo en el millonario hasta 2002 y tendrían que pasar 12 años para volver a Argentina, pues ya con una carrera más consolidada fue llevado a Europa.
Nantes -donde fue apodado ‘El rey’-, Paris Saint-Germain, Chievo Verona, Milan y Atalanta fueron las escuadras que defendió Mario Alberto Yepes. Con el club parisino ganó dos títulos: la Copa de Francia 2005-2006 y la Copa de la Liga en 2007-2008. Con los rossoneros levantó los títulos de la Serie A en 2010-2011 y la Supercopa de Italia en 2011.
En su retorno a Sudamérica, en el último club en el que jugó, en San Lorenzo, fue subcampeón del Mundial de Clubes en 2014 y de la Recopa Sudamericana en 2015. En clubes jugó cerca de 580 partidos y anotó 36 goles.
Yepes, el capitán de la selección de Colombia
Mientras fue construyendo su prestigio a nivel internacional, Mario Alberto Yepes fue encontrando su lugar en la selección nacional. Tan grande fue que, a pesar de aparecer paulatinamente en una década de sequía como fue la del 2000, hizo parte de la nómina que ganó la Copa América en 2001, y fue también referente del equipo que nos volvió a llevar a un Mundial luego de 16 años, cuando clasificamos a Brasil 2014.
Con una década de fracasos en la selección, que solo tuvo su luz con la Copa América de 2001, Yepes llegaba a las eliminatorias de Brasil 2014 con 34 años. Muchos pusieron en duda su continuidad y relevancia en la selección, pues esa edad, al menos para esa época, ya daba para pensar en un retiro cercano.
Pero la experiencia pesa más que otras virtudes. Esa generación dirigida por José Néstor Pékerman, que nos llevó a Brasil 2014 y Rusia 2018, nos hizo recordar que en Colombia es posible mostrar una buena cara en el fútbol, que podíamos trascender a las derrotas. Y para ese regreso a una Copa del Mundo uno de los líderes fue precisamente Mario Alberto Yepes, que llevaba en su brazo izquierdo la cintilla de capitán y en su espalda el número 3.
Así como Andrés Escobar o Iván Ramiro Córdoba -que anotó el gol del título de la Copa América- dejaron la estampa del número 2 en la selección, Yepes hizo lo propio con ese 3 a cuestas. Tanto en la eliminatoria, como en ese Mundial en el que fue protagonista, el central y líder de la selección demostró que la elegancia y la jerarquía pueden ir de la mano en el fútbol.
Ya había patentado su estilo en las barridas, pero fue en esos últimos años como futbolista que demostró ser un central con salida diáfana, que aún en el coraje y en la premura de defender no se olvidaba de tener clase en un robo del balón, como si fuera de guante blanco, y de tener clase también para salir jugando. Un defensa de época.
“No señores, él es mi capitán, él es la persona con la que yo voy a dirigir la defensa en el Mundial”. Así respaldó Pékerman a Yepes ante los señalamientos de estar viejo para ir a la Copa del Mundo, pues la jugaría con 38 años. Y con esa misma edad fue titular los cinco partidos que jugó la selección, y terminó siendo héroe, a pesar de no haber logrado una hazaña mayor a la que obtuvieron al llegar a los cuartos de final y caer contra Brasil, en un partido marcado por la famosa polémica del “sí era gol de Yepes”, que significaba el empate frente a los anfitriones, pero que fue anulado por fuera de lugar.
Ese fue Yepes, el elegante, el guerrero, el que muchos cuando niños elegimos para jugar como él cuando nos tocaba defender. “Yo me elijo a Yepes”, dije varias veces, y hoy y siempre volvería a elegirlo para sentir su coraje y homenajear a quien con la selección jugó 102 partidos, siendo el segundo futbolista con más compromisos vestido con la tricolor, por detrás del Carlos ‘El Pibe’ Valderrama.
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