Antes de empezar en la lucha, la vallecaucana Jackeline Rentería probó suerte en el judo y en el boxeo. Por distintas razones no tuvo mayor éxito en ninguna de las dos disciplinas y a los 14 años decidió entrar a practicar ese deporte milenario, mucho menos caro, en el que se busca derrotar al otro sin usar los golpes.
“Ya han sido muchas”, dice la señora Delia Castillo, madre de Rentería, para referirse a las innumerables medallas que su hija trajo a la casa de juegos y campeonatos nacionales. Castillo afirma que el boxeo era muy duro, como hecho para hombres, pero que, una vez enrolada en la lucha olímpica, Jackeline ha sido un ejemplo de disciplina y autosuperación permanente.
Luego vendrían las victorias internacionales, que empezarían a construir una brillante carrera deportiva. A una plata en el Mundial Júnior de Guatemala se sumaría el bronce en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Cartagena, en 2006, donde forjaría su primera participación en Olímpicos, los de Beijing 2008.
En esas justas Rentería se llevó el bronce, que compartió con la canadiense Tonya Verbeek. Era joven, tenía 22 años y construía una trayectoria notable. Y de no ser porque la venció la china Xu Li, que a la postre se llevaría la presea plateada, la hazaña habría sido mayor.
“En los pasados Olímpicos me aceleré un poco”, recordó ayer la deportista durante la rueda de prensa que ofreció en el Comité Olímpico Colombiano, tras obtener su cupo a Londres, convertirse en la clasificada 100 del país y así cumplir la meta de llevar un centenar de atletas a las justas británicas.
Y es que, después de esos Olímpicos, Rentería no sólo debió superar una lesión de ligamento cruzado anterior en una rodilla, sino que, ya más recientemente, tuvo que esperar que la Federación Colombiana de Lucha (la caleña ya había renunciado una vez a la selección de Colombia), luego de la intermediación del Comité Olímpico Colombiano e Indervalle, le diera el aval para participar en el pasado Mundial de Helsinki.
“En Finlandia era o era”, dice Rentería. Y fue, fue en absoluto: ganó el oro, el cupo a Londres y la satisfacción de nunca achicarse ante las circunstancias. Agradece entonces a Víctor Capacho, su entrenador hace 7 años: “Con el respeto de mi papá, que amo mucho, siento que él es como un segundo padre”.
En Londres, ya con una experiencia a cuestas, la caleña buscará llevarse el oro. Conoce a Saori Yoshida, la doble campeona olímpica, a quien ha enfrentado. Y sabe que, a partir de su fortaleza mental, esta vez podrá llegar más lejos.
“Me encuentro bien, estamos trabajando fuerte, ya logramos el cupo, que era muy importante, pero ahorita sigue algo muchísimo más importante, que es lograr el primer lugar en estos Olímpicos”, concluye.