Rodeado de su familia, sus médicos, muchos amigos y varios dirigentes del fútbol, el estratega aceptó emocionado el galardón que no pudo ir a recoger a Montevideo ese año porque, días antes de la ceremonia de premiación, quedó cuadrapléjico como consecuencia de dos disparos en el cuello que le propinaron unos delincuentes cuando intentaban robar a su esposa.
La sencilla ceremonia se realizó en la casa-finca que el columnista de El Espectador comparte desde hace cuatro años con su esposa Adriana Herrera y su pequeño hijo José Fernando en la población de Caldas, Antioquia.