Javier Aguirre heredó una selección en caída libre. El paso del sueco Sven-Göran Eriksson causó tal cataclismo en el equipo que su 14ª presencia en los mundiales, la quinta consecutiva, pendió de un alambre.
“Sólo se sumaron tres de los primeros nueve puntos y percibí un desánimo generalizado en el entorno, en todo. Los propios futbolistas que compiten en Europa no venían con hambre de querer ser seleccionados… El ambiente estaba un poquito enrarecido. Pedí una tregua de seis meses para que todos entendieran que el enemigo no éramos los propios mexicanos, sino que estaba afuera. Me dejaron trabajar y, al final, cuadramos las cuentas. Ahora tiramos todos del carro. Me resultó fácil engancharme con los jugadores porque conocía el medio. Así, poco a poco, hemos armado un rompecabezas. Sabemos a lo que jugamos. El equipo camina”, así resume Aguirre lo que fue su periplo para llegar a Sudáfrica.
Pero ahora hay otro capítulo aparte. Llegó al Mundial, empató con Sudáfrica en el partido inaugural; le ganó nada más y nada menos que a los franceses y pese a caer 0-1 con Uruguay, se clasificó para los octavos de final, en los que este domingo chocará ante la poderosa Argentina de Diego Armando Maradona.
Llevaban cuatro ediciones sin pasar de los octavos y las dos veces que llegaron a los cuartos fue como anfitriones.
En Estados Unidos 1994 nos echó Bulgaria en los penaltis. En Francia 1998 lo hizo Alemania. Ganábamos por 1-0 y en diez minutos le dieron la vuelta por más que sabíamos que a los alemanes hay que matarlos y rematarlos… A mí me tocó en Corea del Sur y Japón 2002 contra Estados Unidos. Éramos favoritos y un despiste al comienzo nos hizo cambiar todo. Nos faltó un balón detenido, una estrategia en el medio campo, algo. Y luego, en Alemania 2006, un golazo de Maxi Rodríguez desempató un partido igualadísimo frente a Argentina. Esa ha sido la historia. Y si así fue es porque a veces no cuidamos los pequeños detalles. ¡Carajo!, nos faltaba creérnoslo. Teníamos que romper con el pasado, como España en la última Eurocopa.
Y entonces, ¿qué cambio en Sudáfrica para que rompieran ese maleficio y avanzaran a los octavos.
Pues que no la creímos. Pese a que perdimos el último partido, salimos a ganar, fuimos leales y fieles a nuestro estilo. Vinimos a clasificarnos y lo logramos.
Pero ahora el rival es Argentina, ¿qué piensa de su rival de este domingo?
Tenemos una bonita oportunidad para reivindicarnos de lo que sucedió hace cuatro años cuando nos eliminaron. Argentina es un equipo muy complicado, con grandes individualidades, pero pelearemos de tú a tú, y vamos a cambiar el curso de la historia y que esta vez sea un mexicano el que logre un golazo y no como en el Mundial de Alemania 2006, que el héroe fue Maxi Rodríguez.
Sobre el papel su grupo era el más parejo y todos le apostaban a Francia y bueno, también al local Sudáfrica…
Era una incógnita, pero dudo que muchos se hubieran atrevido a cruzar apuestas por dos favoritos. Nuestra intención era dar el primer golpe en la inauguración y, con el empate, creo que lo conseguimos. Pero luego con Francia nosotros escribimos la historia, pues les ganamos a los actuales subcampeones del mundo, que luego quedaron eliminados. ¿Qué puedo decir de Uruguay? ¡Entre Forlán y Luis Suárez habrán metido 2.000 goles!
Resuma, ¿a qué juega México?
No somos muy veloces, con lo cual no nos gusta bajar a nuestro campo y recuperar la pelota muy atrás, porque luego tenemos que volver. Por eso intentamos recuperarla en campo rival y tener allí la posesión permanentemente. Por lo general, intentamos llegar con muchas unidades al frente, presionando muy arriba y con el portero muy adelantado.
¿Qué estilo les incomoda?
Los equipos que sean capaces de contraatacarnos de manera muy rápida nos pueden pillar muy lejos de la portería y mal colocados. Lo ideal es que seamos capaces de terminar las jugadas. Si vamos con tanta gente al frente y no la terminas, te puedes quedar un poco al aire. Si somos contundentes, no concederemos goles. Nosotros no hacemos muchos. Generamos muchas ocasiones, pero nos cuesta concretarlas.
Cuenta con una banda izquierda muy fuerte: Osorio, Salcido, Guardado, Giovani…
Como pocas veces en la historia tenemos jugadores zurdos. También llaman la atención dos o tres jóvenes, que espero que rompan: Pablo Barrera, Efraín Juárez y Paul Aguilar. Todos tienen 20 o 21 añitos y son muy ligeritos y decididos. Creo que van a ser grandes sorpresas.
Le gusta acaparar la presión para liberar a los jugadores.
Me gusta canalizar todo lo que venga del entorno. Por ejemplo, el pasado verano, contra Panamá, en la Copa de Oro, el equipo no estaba bien y, en un acto reprobable, interrumpí el juego y me expulsaron. Pero sirvió de motivación para los jugadores. Les despresurizó y valió para decir: “Ahora, por el mister, nos vamos a romper la cara y nos vamos a dejar el alma”. Y así fue. Fuimos campeones.