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Los ancianos más rápidos del mundo

Hasta el próximo 16 de agosto se disputa en Lyon, Francia, el Campeonato Mundial de Atletismo para veteranos. El brasileño Frederico Fischer, de 96, es uno de los más longevos participantes.

10 de agosto de 2015 - 04:18 p. m.
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“¿Están los jóvenes preparados?”, preguntan en tono comico los altavoces antes de dar el disparo que avisa el inicio de la competencia. ¡Pam! Y a correr. Ocho atletas consumen con avidez 100 metros. Todos vivieron la Segunda Guerra Mundial, pero pertenecen a distintas generaciones. Los animados, de más de 90 años, finalizan en menos de 20 segundos guiados por el peruano Hugo Delgado (19,79), un maestro de yoga ‘hipster’ de barba blanca y larga coleta. Los verdaderos expertos, de más de 95, se dedican cuatro segundos más y, en ese cortísimo tiempo, provocan el delirio en las gradas: vence en la ‘foto-finish’ el británico Charles Eugster (96 años, 23,50), pero cámaras y micrófonos se dirigen al derrotado, el brasileño Frederico Fischer (24,89), que no parece muy cansado.

Esta historia la reproduce el portal Web del diario El Mundo de España, que cuenta a manera de crónica cómo es el día de competencias del Mundial de Atletismo para veteranos que se disputa por estos días en Lyon, Francia. A pesar de que no corre Usain Bolt ni hay una estrella significativa para seguir, estos ancianos se roban el show con su amor por el deporte y sus ganas de seguir compitiendo a nivel profesional.

El brasileño Federico Fisher es el participante de mayor edad del Mundial de atletismo para veteranos. A sus 98 años, recuerda que lleva siete décadas de entrenamientos y que mantiene vigentes dos plusmarcas mundiales. En 2007, ya nonagenario, marcó 17,53 segundos y, un lustro después, 20,41. Ahora sólo pide vivir dos aniversarios más, cumplir los 100, para poder batir el récord histórico de la categoría: en 2010, un japonés, Hidekichi Miyazaki, acabó el hectómetro en 29.83 segundos. “Manteniendo un estilo de vida sano, el cuerpo sigue respondiendo. Creo que llegaré”, asegura.

De familia alemana, su padre emigró a Brasil en 1909 y montó una carnicería en Ribeira Preto, en el estado de Sao Paulo. Ocho años después, en 1917, nació él con una definición bajo el brazo: deportista. Jugó al fútbol en el club de la ciudad de Santo Amaro, probó el ciclismo en sus montañas y compitió en remo con una canoa hecha por su hermano mayor (que falleció casi centenario). A los 20 años se pasó al atletismo, consiguiendo en 1945 el título regional de los 400 vallas (57,02), pero rápido el trabajo se le cruzó para retrasarle los sueños. Contable en una fábrica, un día su jefe se presentó en su mesa y no le dejó opción: “Tú eliges, el atletismo o tu empleo”. “Y me olvidé de competir, claro”, admite.

Tardó varios años en recuperar sus rutinas, tres entrenamientos a la semana de un par de horas cada uno, pero volvió a colocarse un dorsal. A los 40 empezó a organizar competiciones ‘master’ y, tras crear en 1973 la Associação Atlética Veteranos de São Paulo, debutó en un Mundial para mayores de Hannover en 1979. “En Brasil gano todo porque la gente abandona el deporte muy joven, pero en el extranjero, ante estadounidenses, británicos o japoneses, tengo que hacerlo mucho mejor”, comenta con modestia, pues en realidad, hubo una época que dominó el mundo. En el Mundial de Puerto Rico en 2003 venció en los 100, 200, 400 metros y los lanzamientos de peso y disco de su categoría.

“El único problema es mi mujer, discutimos mucho y ella se pone como una fiera”, señala al portal español antes de que su acompañante, Teresa, ya ex atleta, a la que conoció, de hechoen la pista, intervenga en la entrevista: “Un día tendremos un problema. No digo que deje el deporte, puede seguir entrenando, pero competir es peligroso”. “Si paro de correr, me pararé del todo”, amenaza Fischer, que dice no haber notado declive físico alguno en las últimas décadas: “Según el cronómetro voy más lento, pero yo me siento igual. Mi mentalidad no ha cambiado: quiero llegar a la meta lo más rápido posible”.

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