A tres días de comenzar oficialmente la era del técnico argentino José Pékerman al frente de la selección de Colombia, que tiene a cuestas la cruz de no haber clasificado a los últimos tres Mundiales, tras una combinación de desaciertos de todo orden, El Espectador viajó a nueve zonas del país para indagar cómo están los semilleros del fútbol, cuál es el futuro que le espera al balompié nacional, y descubrió que el panorama es bastante desalentador.
Tumaco, Buenaventura, Cali, Quibdó, Bogotá, Antioquia, Barranquilla, Cartagena y Santa Marta fueron los sitios visitados. En muchos, claro, abunda la pobreza. Pero más allá de los pocos recursos económicos, lo que se evidencia es una falta de planificación absoluta, con algunas excepciones de trabajos particulares. Talento hay por montones, pero no están las directrices. Así que Colombia, por ahora, tendrá que seguir confiando en la generación espontánea de la que siempre ha vivido. Ni el auge de los años 80 y 90, en los que el fútbol colombiano logró su mayor reconocimiento internacional, sirvió para trabajar desde la base con una política de Estado y no sólo con esfuerzos individuales.
La serie, de siete entregas, comienza hoy con la cruda realidad de Tumaco, cuna de Willington Ortiz, Léider Calimenio Preciado y Pablo Armero, en donde este deporte es, literalmente, la salvación de sus pobladores. Todos los días, hasta el sábado 3 de marzo (ver gráfico) encontrará en El Espectador la serie Los Semilleros del Fútbol.