Si hay deportes tratados como religión en Argentina son el fútbol y en menor medida el rugby. A pesar de que el segundo no es tan popular en América Latina, los Pumas — nombre con el que se le conoce al equipo nacional— se han convertido en unos ídolos de este deporte. Tanto así que en 2016, fueron incluidos en el Rugby Championship junto a las grandes potencias: Sudáfrica, Nueva Zelanda y Australia.
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El rugby en Argentina se remonta a 1873 cuando fue introducido por los británicos. El deporte poco a poco fue ganando popularidad entre la población local y el primer club, el Buenos Aires Football Club, se fundó en 1867. La Unión Argentina de Rugby (UAR) se creó en 1959, y el equipo nacional, que ha competido en cada edición de la Copa Mundial de Rugby, es considerado como un conjunto primer nivel por el organismo rector del deporte y es el principal referente en nuestro continente.
“Si Argentina no hubiese tenido el respaldo de un Sudáfrica en su momento en la década del 60 o de Francia, que generalmente ha sido un país bastante generoso en términos prácticos, mandando maestros, grandes entrenadores y jugadores, la verdad no sé si hubiese tenido el crecimiento y los entrenadores argentinos hubiesen adquirido el conocimiento como para después transmitirlo”, reconoce el periodista deportivo Alejandro Coccia, quien lleva más de 30 años dedicado a cubrir este deporte.
Gracias a la persistencia del rugby en Argentina, se han formado varias generaciones de Pumas que se han encargado de representar a su país en la cita orbital en nueva oportunidades. Incluso han llegado a las semifinales, como en Francia 2007 e Inglaterra 2015. Esto ha dado como resultado a que varios exjugadores como Juan Martín “el Mago” Hernández se hayan vuelto ídolos de este deporte.
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Aquel mundial de 2007, sembró las semillas de lo que sucedería en el futuro, incluida la inclusión en The Rugby Championship. En territorio francés jugadores como el capitán Agustín Pichot, Felipe Contepomi, Nani Corleto y el mismo Hernández supieron brillar. “Para cualquier jugador, del deporte que sea, siempre anhela poder representar a su país en un Mundial. En Francia fue todo un privilegio donde, por supuesto, ganar es la prioridad y disfrutar es lo segundo”, dice el expuma.
La utopía de la Haka
El equipo de rugby de Nueva Zelanda, los All Blacks, realizan la tradicional haka antes de cada partido en una impresionante demostración de fuerza y destreza física. Este ritual, que tiende a ser intimidante para muchos jugadores del equipo rival, tiene un significado distinto para Diego Albanese, también exjugador de los Pumas, y Hernández quienes lo ven como un privilegio.
“Me acuerdo que la primera vez que me tocó que fue en 1997. Ellos eran mis ídolos, pero prácticamente solo los veíamos por televisión y tenerlos ahí al frente era otra cosa”, recuerda Albanese. “Llegó el día del partido y en aquella época, éramos amateurs y estar enfrente era casi una utopía. O te pasaba una vez en tu vida hoy, como experiencia es algo único y lo recuerdo muy fuertemente”.
Para los jugadores que aquella selección, que solo jugaban una vez cada cuatro años, estar frente a quienes históricamente han sido los mejores del mundo, son dos minutos tan especiales y que difícilmente se olvidan. Y aquella sensación que tuvo Albanese fue muy similar a la experiencia de Hernández.
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“Cuando era muy chico jugaba y los veía por la tele. Era hacer silencio e incluso subir el volumen para escuchar la haka de quienes eran los máximos referentes, los ídolos. Ya años después, el privilegio de estar diferente a ellos sin jugar y saber que vas a poder medirte ante ellos”, agrega Juan Martín.
“No es ninguna amenaza ni intimidación, es algo ya propio de los All Blacks. Después, cuando hablas con ellos y les preguntas qué es lo que significa para ellos, lo hacen también como una forma de entrar en calor y meterse realmente en el juego. También empiezas a tomarlo de la misma manera”.
El rugby es un deporte profundamente arraigado en la cultura argentina. La pasión por el juego es evidente en la forma en que se juega y celebra en todo el país. Los Pumas gozan de gran estima entre los aficionados a este deporte en todo el país y sus victorias se celebran con gran entusiasmo.
Muchos argentinos ven el rugby como algo más que un simple deporte. Es una forma de vida, un símbolo de orgullo e identidad. Se juega con mucha intensidad y se espera que los jugadores lo den todo en el campo. Esta pasión por el rugby se refleja en los numerosos clubes en el país, que son una parte integral de la comunidad local.
¿Cómo se puede mejorar el rugby en otros países de Sudamérica?
Al igual que el tenis en su momento, el rugby todavía lleva el estigma de ser un deporte de clase media y alta. Sin embargo, para los que lo practican en Colombia no es posible vivir solamente de su práctica a pesar de que en 2010 se creó la Federación Colombiana de Rugby, que ayuda a regular los torneos a nivel nacional.
Colombia tiene su propia selección que a nivel internacional es conocida como los Tucanes.
Para el Mundial de este 2023, se logró algo histórico: la clasificación de tres representantes del rugby sudamericano y todo esto gracias a la profesionalización que se está teniendo en países como Uruguay y Chile.
“Por el desarrollo que han tenido los Teros [la selección de Uruguay], por el ensamble que tiene jugadores, cuerpo técnico, porque evidentemente ha crecido. La cantidad de jugadores que tienen ahora en distintos equipos europeos, algunos destacándose notoriamente, es el producto de la profesionalización”, dice Coccia.
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Algo fundamental para ayudar al crecimiento de este deporte al sur del continente es no actuar en soledad. Lo que hizo Argentina en su momento fue trasladar lo que recibió a mediados del siglo pasado que lo llevo a convertirse en el eje de la región.
“Así como alguna vez alguien nos ayudó, lo mejor que nos puede pasar es poder ayudar a los que a los que están al lado”.
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