Bogotá acogió esta semana la 38ª Convención Mundial de la Organización Mundial de Boxeo (OMB), un evento que reunió a más de 250 delegados de más de 100 países entre dirigentes, promotores, entrenadores, árbitros y boxeadores. La cita, que se extendió hasta este jueves en el Ágora Bogotá – Centro de Convenciones, tuvo lugar en salones de conferencias y también en el ring. El miércoles, la noche de los campeones —la cereza del pastel— se presentó en el quinto piso del Ágora. Afuera, sobre La Esperanza, estaban las siglas de la WBO. Adentro había 14 pugilistas listos para darse con todo.
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La velada arrancó con el venezolano Samuel Gutiérrez ante uno de los locales, el monteriano Brayan Orozco. Ambos estaban invictos como profesionales. “Marca con el jab” le gritaban desde su esquina al cordobés. Cada golpe suyo era celebrado, mientras que el silencio acompañaba los de su rival, quien terminaría imponiéndose en una decisión dividida.
Luego, el turno de representar a la casa fue para Flor Rodríguez, quien entró al ring sonriente. En frente tuvo a Elise Soto, de Puerto Rico. Al igual que en la primera pelea, ambas pusieron en juego su invicto y tienen fama de noqueadoras. La tolimense, con un auditorio cada vez más lleno, conectó el rostro de su rival y encendió al público. Sin embargo, en el segundo asalto la boricua le desacomodó el protector bucal con su ataque y la puso contra las cuerdas. La diferencia entre intensidad y velocidad era evidente. Una serie de golpes sin respuestas obligó al árbitro a detener la pelea cuando iban 1:32 minutos, por lo que Rodríguez también perdió su historial perfecto.
Este congreso, organizado por la OMB y la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB), contó con el apoyo del Ministerio del Deporte y la Federación Nacional de Boxeo, entre otros. Ovidio Claros Polanco, presidente de la CCB, destacó que el impacto económico estimado del evento es de COP 31.400 millones, con la generación de casi 1.000 empleos directos e indirectos.
“Esta edición representa la importancia de las alianzas institucionales para extender nuestra misión sin fines de lucro. El boxeo no solo forma campeones en el ring, también genera impacto social, desarrollo económico y orgullo regional”, afirmó Gustavo Olivieri, presidente de la OMB.
El tremendo noqueador
Volviendo a la velada, uno de los momentos más emocionantes fue con Yuberjén Martínez de protagonista. En los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, el pugilista se ganó el cariño de Colombia cuando buscó el oro para comprarle la casa a su mamá y conquistó el corazón de todo el país. Aunque se tuvo que conformar con la plata, pudo cumplirle el sueño a su señora madre. Ahora está en otra etapa de su carrera. Pasó del boxeo aficionado (IBA) al profesional (OMB).
Antes representó al país en eventos del ciclo olímpico, de combates más cortos y puntuación técnica, pero desde hace un par de años, con el cambio de circuito, enfrenta peleas más largas en las que pesan más la resistencia y el espectáculo.
Al firmar con la OMB entró en un circuito regido por rankings, bolsas más generosas y títulos mundiales. Este salto le ofreció al peleador urabaense mayor proyección y ganancias, pero también mayor riesgo físico y exigencia competitiva. En la noche de los campeones enfrentó al dominicano Juan Agüero. El ambiente se encendió cuando el presentador anunció su nombre. El pugilista, nacido en Turbo hace 33 años, ingresó al ring vestido de blanco y con la bandera tricolor como si fuera una capa. El Tremendo, como se hace conocer Martínez, prendió las tribunas sin haber lanzado un golpe.
El cariño del público era tan evidente que cuando Yuberjén recibía un golpe, el público lo sentía como si el cuero de los guantes no lo impactara a él sino a ellos. “No regales nada”, le gritaban desde su esquina e hizo caso, pues la pelea de la que se esperaban seis asaltos solo duró dos. Bueno, ni eso (1:07). Un par de golpes certeros que superaron las defensas del dominicano bastaron para que, una vez se separaron sus cuerpos, el foráneo se desplomara en la lona. Mientras le buscaban una silla a Agüero, el colombiano por fin dibujó una sonrisa que rompió su concentración y fue levantado en brazos por su entrenador.
“Esta es una más para mi palmarés deportivo. Superagradecido con mi equipo de trabajo, con el profe Richard y el profe Cristian por hacer todo esto posible”. Ya son seis las peleas que registra en este nivel y en todas se ha llevado la victoria por nocaut. Tremendo.
Tanto importó la victoria de Martínez, que la presentación de los peleadores que vinieron después pasó inadvertida. El chileno Andrés Campos tuvo que pasar entre los periodistas para entrar al ring, lo mismo que su rival, el mexicano Brandon Rodríguez.
Para que Yuberjén se alejara del ring tuvieron que jalarlo para quitarlo del alcance de la prensa. “Cerramos una noche llena de fuerza, pasión y gloria. Tenemos la certeza de que el futuro del boxeo latinoamericano se escribe desde aquí, desde Colombia”, comentó más tarde, con la cabeza más fría.
Bogotá en la casa
Esteban Garzón entró al cuadrilátero con una bandera mitad colombiana y mitad cubana, en honor a su entrenador, para encarar la pelea semiestelar de la noche. En frente tuvo a Miguel Queliz Santos, de República Dominicana. El capitalino, a diferencia de su rival, se subió a la lona invicto
Hizo una reverencia, luego sonó la campana y las cortesías quedaron de lado. Al principio reinaron la cautela y el respeto. El local tuvo la iniciativa y no quiso parar. Golpes al hígado y al riñón fueron el combo que le permitió desplomar a su rival, cuyo estilo conservador le permitió tres rounds y monedas (2:53 del cuarto episodio), antes de que los impactos surtieran efecto y no pudiera mantenerse de pie, para júbilo de las tribunas. Garzón hizo respetar la casa y se colgó el cinturón. Mientras una mano levantaba el puño en señal de victoria la otra levantaba el título Latino OMB del peso ligero (135 libras).
La última pelea de la noche comenzó con los colores y la música de Boca Juniors, pues la argentina Gabriela Alaniz se subió al ring seguida de Laura Wollenmann, quien tenía en sus golpes la posibilidad de darle a Colombia la remontada simbólica tras dos derrotas y mismo número de victorias.
Los gritos de “¡Laura, Laura, Laura!” inundaron el auditorio. Resistió los embates de su rival, pero no le alcanzó para remontar. Pudo terminar la pelea, pero no le fue posible llevarse la victoria. Colombia cerró la noche en el Ágora Bogotá con un 3-2 en contra, pero con la certeza de que puede organizar eventos de talla internacional.
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