El español Carlos Sainz no tiene ni una pizca de soberbia en su andar. Dos veces campeón del mundo de rallies, el primer español en ganar en carros el Dakar, en su Volkswagen Tuareg, se muestra como un ser humano de carne y hueso al que le gusta hablar con sus aficionados, tomarse fotos y firmar autógrafos. A los 48 años, este madrileño está cerca de ganar por segunda vez la prueba de carros del Dakar, que se corre por Argentina y Chile y que este domingo entró en su segunda semana, la definitiva.
Su compañero de equipo, el catarí Nasser Al Attiyah, ganó este domingo la séptima fracción, pero Sainz mantuvo una jornada más el liderato en la general. “Estoy muy contento de seguir de líder. En todo caso, el rally entra en una etapa dura. Queda lo más difícil, hay que seguir con la misma estrategia, porque está funcionando bien. El ritmo de carrera es muy alto y hay que estar concentrados para estar arriba”, fueron la palabras de Sainz, quien ha ganado cuatro de las siete etapas que se han disputado.
Su mujer Reyes Vázquez le preguntó hace un año que, si le compensaba esta aventura, ¿por qué seguir si ya la ganó?
La respuesta está en la pregunta. Porque me compensa; si no, no estaría aquí. No tengo necesidad. Pero es un reto que me apetece. Me encuentro con ganas de afrontarlo y de tratar de defender la victoria. Eso lo que más quiero.
¿Ella le pidió entonces que pasara el fin de año en familia?
No. Nos conocemos bien. Sé lo que piensa, pero a la vez, ella sabe lo que yo siento y nos respetamos.
¿Qué echa en falta por estar lejos de la familia estos días?
La cena de fin de año, sin duda. Además, ha habido siempre una tradición en casa: la primera semana de enero salíamos a esquiar juntos, incluidos mis hermanos y mis padres. Eso lo he perdido, al igual que la cena de Nochevieja, y es, sin duda, lo que más echo en falta.
Logrado el reto de ganar el Dakar, ¿afronta esta edición con mayor tranquilidad o de manera diferente?
Estratégicamente, no. La afronto con la misma idea: respetando mucho la carrera. Pero sí es cierto que estoy más tranquilo, porque el reto que me propuse al terminar el Mundial de Rallies, que era ganar el Dakar, ya lo conseguí; si lo logro dos veces, mucho mejor. Pero ya no tengo esa presión. Y creo que eso me ayudará a hacer una carrera mejor. Así lo espero.
Dice que no piensa cambiar su mentalidad, aunque se le criticara desde su aterrizaje en 2006 por querer ir siempre rápido. Pero lo cierto es que venció el año en que solamente ganó dos etapas…
Sí, pero eso no significa nada. Las etapas muchas veces las ganas o las pierdes por un pinchazo. Y eso no supone que no hayas ido rápido. Lo que la gente no mira es que hace dos años sólo pinché una vez y el pasado pinché unas seis veces. Seis pinchazos por dos o tres minutos: salen muchos minutos que por algún lado tuve que recuperar.
Declaró que estaría en disposición de ganar el Dakar cuando aprendiera a ser paciente. ¿Cómo ha aprendido a serlo?
Es un ejercicio que se me olvida de año en año. Tengo que tratar de ir refrescando la memoria. Efectivamente, una de las cualidades que un piloto debe tener para ganar esta prueba es paciencia. Hay que pensar que es una carrera larga y que no todos los días pueden salir perfectos.
Explicaba el año pasado que con Lucas Cruz, su compañero, su desgaste mental era menor porque hablan el mismo idioma. Debe haber más motivos por los que se entienden mejor.
Por supuesto. Es evidente que el complemento que hemos hecho Lucas y yo ha sido, y espero que siga siendo, muy competitivo. Aquello era simplemente una anécdota: no tengo que gastar energías en traducir. Pero lo importante es que un copiloto te puede hacer ganar o perder un rally. Y Lucas ha hecho un trabajo fantástico, porque desde que corremos juntos hemos ganado las cuatro carreras en las que hemos participado. Nos compenetramos muy bien. Le agradezco lo bien que trabaja conmigo.
Él, además, explicaba que su papel es también diferente al que tenía con Nani Roma…
Mientras que conmigo se despreocupa del tema de la conducción, él me ha contado que a otros pilotos tenía que animarles o apretarles para que fuesen un poco más rápido en algunos momentos. Yo me despreocupo totalmente de la navegación. Lo mío es conducir. Para eso está el copiloto, para confiar en él. Le dejo plena libertad. Puedo comentarle algo si veo alguna huella, pero no deja de ser su responsabilidad. Y así nos va bien.
Su rival también está en casa este año, Al Attiyah, quien este domingo justamente ganó la séptima etapa y además es segundo en la clasificación general. No habrá órdenes de equipo. ¿Preferiría que las hubiera?
En toda la historia del Dakar la primera marca que no ha dado órdenes de equipo ha sido Volkswagen. Es de agradecer, sobre todo para el público. Una vez terminó el rally de 2010, mejor ganarlo sin órdenes de equipo que con ellas, pero en la historia del Dakar tanto Mitsubishi, como Peugeot, Citroën, Porsche… siempre han dado órdenes de equipo, especialmente en la parte final, cuando había un claro dominador. Yo creo que este año tampoco habrá órdenes de equipo, pero la gente habla de Al Attiyah y de Carlos Sainz, y yo opino que no sólo somos nosotros dos. Hay otros pilotos que pueden ganar, incluidos mis otros dos compañeros de equipo (Miller y De Villiers) y también Peterhansel (BMW) y Gordon (Hummer).
Su equipo ya no duerme a la intemperie.
No, aunque de hecho en África al final ya sólo dormíamos en tienda dos o tres días. El año pasado también dormimos dos días en la tienda. Pero ocurre, a veces, que vamos a los hoteles y nos devolvemos porque es más cómodo dormir en tu tienda de campaña, a pesar de la falta de espacio. Es mejor eso que la falta de higiene de algunos hoteles.
No le gustan demasiado los baños prefabricados. ¿Qué hace entonces?
No tengo nada en contra. Pero tenemos la suerte en el equipo de tener un camión ducha; y lo primero que intento al terminar la etapa es lavarme. Y, para lo demás… el desierto es muy grande.
¿Qué es lo peor de estas dos semanas?
Hay muchas incomodidades, pero no se me ocurre nada que me suponga un gran esfuerzo.
El año pasado, en una entrevista usted aseguró sentirse rechazado por los demás competidores, debido a que su estilo de manejar era distinto al de los demás dakarianos. ¿Sigue sitiéndose en fuera de lugar?
No, aquello fue una situación que se dio al inicio, pero para nada me siento ya el patito feo del Dakar. A algunos se les hizo difícil aceptarme, pero eso ya hace parte del pasado. Yo me callé y seguí en lo mío. Además, demostré que también se puede ganar a mi manera, eso es un hecho. Por tanto, creo que ellos deben admitir ahora que mi forma de afrontar la carrera tampoco es equivocada.
¿Cuánto de competitivo diría que es?
No lo sé. Creo que debo serlo, porque si estoy aquí defendiendo el título es porque he ganado y para ganar hay que ser competitivo.
¿Ha empezado a pensar en dejar de competir o todavía lo disfruta demasiado?
Me sigue gustando mucho, pero es evidente que el momento de dejarlo está muy cerca. Otro tema es que compita esporádicamente en alguna otra cosa por placer, pero no será lo mismo.
Primer español con el título
Carlos Sainz nació el 12 de abril de 1962 en Madrid y en este 2011 corre su quinto Dakar, siempre con el equipo Volkswagen Race Touareg. Su debut fue en 2006, año en el que terminó en el puesto once, tras ganar cuatro fracciones. En 2007 fue noveno, con cinco triunfos de etapa. En 2009 tuvo que retirarse, cuando marchaba en la punta de la clasificación general de pilotos, tras un accidente y seis jornadas como ganador. En la edición pasada logró el sueño de su vida, tras llevarse el título y convertirse en el primer español en ganar en esta categoría del automovilismo.