Fue un grito al estilo Haka, el alivio de un tenista que más que superar al rival luego de una complicada batalla, se superó a sí mismo, a su cuerpo que quiso detener todo.
“Pido disculpas por el festejo, pero necesitaba desahogarme”, dijo Novak Djokovic tras derrotar a Taylor Fritz, por. 7-6 (1), 6-4, 3-6, 4-6 y 6-2, y avanzar a la cuarta ronda del Abierto de Australia.
Todo inició de manera rutinaria para el número uno del mundo. Un par de sets apretados, cerrados, pero a su favor. Ya después, de un momento a otro, el serbio no pudo moverse como habitualmente lo hace, y las zapatillas no sonaron como siempre, como cuando está en punta de pies para reaccionar más rápido.
Y entonces Nole solo se limitó a pasar la pelota, a adivinar para dónde iba el saque del estadounidense y así no tener que desplazarse más de la cuenta. Fritz entendió eso y apeló a las aperturas y de a poco fue remontando el marcador.
Djokovic pidió asistencia médica, y en cada cambio de lado el fisioterapeuta trabajó en su zona lumbar con más empeño para soltar el músculo, para distencionar. Ya con el partido empatado a dos sets la cosa fue mejorando, el serbio recuperó su movilidad y puso todo en orden.
Claro que para ese momento, el público que estaba en las tribunas abandonó la cancha, en medio de abucheos, por la reglamentación de que después de la medianoche nadie puede estar en el completo del torneo
Luego de tres horas y 25 minutos y de un encuentro que parecía estar destinado a tres capítulos, pero que se fue a cinco, el mejor del mundo festejó y cerró lo que puede ser un golpe anímico bastante fuerte, pues, por ahora, ni siquiera su mismo cuerpo puede detenerlo. La determinación del que es fuerte mentalmente.
Adiós a Schwartzman
Este viernes, la sorpresa de la jornada la dio el ruso Aslán Karátsev, número 114 del mundo y proveniente de la clasificación, quien dejó en el camino al argentino Diego Schwartzman. El europeo no cometió muchos errores y se impuso con un triple 6-3 para eliminar al último tenista suramericano en carrera.