Y pensar que a Alejandro Falla, quien se clasificó ayer a los cuartos de final del ATP 250 de Auckland, le han sugerido que se retire del profesionalismo, tantas veces como dieron falsamente como muerto al Joe Arroyo. En 2009, un periodista osado se atrevió a retirarlo, a sugerirle casi subliminalmente que lo hiciera. Una hernia discal lo había dejado por fuera de las canchas por tres meses. A los 26 años, después de haberse recuperado de otras lesiones en su muñeca y espalda, y con títulos de Challenger como máximos logros en su carrera, el tenista alcanzó a pensarlo. “Pasé por momentos complicados, sobre todo en la parte anímica, pero por fortuna siempre tuve el apoyo de Colsánitas, que no me dejó solo durante los tres meses de convalecencia y de recuperación”, dijo en ese entonces el vallecaucano.
Así ha sido la carrera de Falla desde que se hizo profesional en el año 2000: impredecible, sufrida, agobiante.
Repleta de vicisitudes. Tras la recuperación, luego de que muchos medios lo dieron como extenista, vinieron sus mejores actuaciones. La tercera ronda en el Australian Open de 2010 y la inédita cuarta ronda en el pasado Roland Garros, en el que provenía del cuadro clasificatorio. Tal vez allí mostró el mejor tenis, similar al que por poco supera a nada menos que a Roger Federer en la primera ronda de Wimbledon de 2010 (sacaba 5-4 en el cuarto set), cuando ya había alcanzado su mejor puesto en el escalafón (58). Hubiese sido apoteósico un triunfo contra su jugador favorito. “Si usted quiere sufrir vea jugar a Falla. Si a usted no lo agobian los calambres que le dan, es porque no gana rápido”, le dijo a este diario un compañero suyo.
Es cierto. Es un sufrimiento. Su estilo de caminar, como de medio lado, sugiere cansancio. Siempre cabizbajo, pensaría uno que se rindió unos cuantos ‘games’ atrás. Cuando dobla su espalda casi 70 grados hacia atrás para servir, sus entrenadores sufren porque piensan que acaba de lesionarse de nuevo. No. Es así. “Tiene uno de los mejores reveces del mundo. Sería mejor si no se lesionara tanto”, diría Miguel Tobón, extenista colombiano. Uno de los más destacados del país en los 90.
Las lesiones –porque en 2010 Falla volvió a ausentarse y se perdió una serie de Copa Davis contra Canadá- lo han aquejado. También la irregularidad, pues a este caleño tuvo que vivir solo por un tiempo en Pereira cuando sus padres viajaron a Estados Unidos. En 2010, por ejemplo, parecía ser el ocaso de la carrera. No andaba bien Falla, mientras Santiago Giraldo realizaba el mejor arranque de temporada de un colombiano en muchos años. Pero el zurdo de 1.80 de estatura volvió a reponerse y en el Roland Garros se convirtió en el primer colombiano en lograr acceder a los octavos de final. Una vez más ilusionó a sus coequiperos y entrenador Marc Gorris, pues tuvo claras opciones de imponerse, pero finalmente el cansancio lo venció en un quinto y último set.
Todos los años se formula la misma pregunta: ¿seguirá en competencia el tenista colombiano, target de lesiones? Pues la caja de pandora este año la resolvió rápidamente. El martes en la noche derrotó al italiano Potito Starace en sets corridos y se clasificó a los cuartos de final del ATP 250 de Auckland, en Nueva Zelanda, lo que le permite escalar casi 20 puestos en el ranking de la ATP (es actualmente el número 80). En la madrugada de este jueves (a la 1:00 a.m.) enfrentará al cinco del mundo, David Ferrer. Quién sabe: la lógica y lo corriente no hace parte de la carrera de Alejandro Falla.