Los ojos están fijos en la bola blanca. La concentración es máxima. El taco va y viene; y aunque parece que roza el esférico, que llega a tocarlo, no; entre ambos hay apenas una separación de un centímetro o menos.
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El jugador toma un respiro profundo y, tras estudiar una y otra vez la mejor forma de ejecutar el golpe para lograr la carambola, se decide. Impacta y la bola inicia un recorrido preciso: va de lado a lado, de banda en banda; pasa por una, luego por otra, rebota en la bola blanca y, tras un último contacto con la mesa, encuentra la roja. Carambola.
Una escena que se repitió muchas veces durante la Copa Mundo de Billar, disputada en Bogotá del 6 al 12 de abril, como parte de un circuito que comenzó en 2024 y se extenderá hasta 2027. Y, más allá de las buenas actuaciones locales, el título quedó en manos del surcoreano Myung Woo Cho, quien se coronó campeón tras vencer en la final al vietnamita Thanh Luc Tran. El mejor colombiano fue Luis Martínez, quien alcanzó los octavos de final, donde cayó precisamente contra Cho, y cerró su participación en la casilla 13 de la clasificación general.
Sobre este panorama, Carolina Portela, presidenta de la Federación Colombiana de Billar, destacó el lugar del país en esta disciplina: “Colombia, sin lugar a dudas, desde hace muchos años es potencia del billar en América. Acabamos de obtener nuevamente una medalla mundial en el campeonato de tres bandas por equipos. Nuestra disciplina más fuerte es, indudablemente, el tres bandas, y somos una potencia fuerte en América”.
Además, resaltó el alcance que tiene este deporte en el país: “El billar es un deporte que en Colombia se practica mucho. Solo en Bogotá hay más de 2.500 clubes, lo que demuestra la cantidad de seguidores que tiene. Después del fútbol, es quizá uno de los deportes con mayor participación: hay juveniles, damas y representación de casi todos los departamentos del país”.
Por otro lado, Jorge Franco, tesorero del Comité Olímpico Colombiano y vicepresidente de la Confederación Panamericana de Billar, destacó el trabajo sostenido de los deportistas en esta disciplina: “Nuestros atletas mantienen una preparación constante, como cualquier profesional. Compiten de forma permanente en torneos nacionales, panamericanos, bolivarianos y centroamericanos. Han sido competencias muy interesantes, con buenos promedios y un alto nivel”.
En esa misma línea, también se refirió al principal desafío que enfrenta el billar en el país. “El mayor reto es cambiar el estigma que existe en Colombia, donde el billar aún se asocia con lo recreativo o el esparcimiento. Hoy somos campeones panamericanos, tenemos títulos mundiales y un proceso formativo de atletas que no son aficionados, sino profesionales. Ese es el reto, y por eso es clave tener una Copa Mundo en nuestro país”.
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Dentro de ese grupo de atletas se encuentra Johana Sandoval, la única mujer de la delegación colombiana que participó en la Copa Mundo. Su historia con el billar comenzó de manera espontánea, gracias a amistades del colegio; en los recreos y tiempos libres tuvo su primer contacto con la mesa de paño, hasta que alguien notó su facilidad para aprender y le habló de su talento.
Con el paso del tiempo, ese acercamiento casual se convirtió en una rutina exigente del día a día, a lo que se suma la disciplina individual; horas frente a la mesa, repitiendo jugadas y estudiando cada detalle del juego. Como ella misma explica, el billar va mucho más allá de la intuición. “Es un deporte prácticamente matemático, donde se manejan ángulos, velocidades y efectos. Todo eso se entrena de forma repetitiva. Hay que hacerlo con amor, porque es un deporte muy bonito. A mí me encanta y le meto mucha entrega”, afirma.
Sandoval no enfrenta el mismo panorama que la mayoría de sus colegas. El billar ha sido históricamente un entorno dominado por hombres, aunque, según cuenta, esa realidad ha empezado a transformarse con el paso del tiempo.
“En el billar, obviamente, el tema es porque es un mundo más de hombres, pero hace un tiempo se ha venido cambiando eso. Eso también es por el tema profesional. Los mismos deportistas nos hemos encargado de ayudar para que esto mejore. En el caso de las chicas, también influenciar para que haya más respeto.”
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Además, en el caso de las mujeres, explica, también ha habido un esfuerzo por abrir más espacios, fomentar el respeto y motivar una mayor participación en torneos y eventos. “Como todo, ha venido cambiando, se han visto mejores resultados, el ambiente se ha vuelto más familiar. En los billares se ve más participación femenina, y eso es muy importante. Lo difícil, poco a poco, se ha ido cambiando. Ahora ya se ve algo mucho mejor y se ve más respeto, que es muy importante”.
Entre esos cambios avanza un proceso que no solo pasa por los resultados, sino también por la transformación cultural dentro de este deporte. El billar, poco a poco, se desprende de ese imaginario ligado únicamente al ocio para consolidarse como una disciplina de alto rendimiento, con atletas, procesos y una estructura que respalda su crecimiento.
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