Se levantó alrededor de las 6:30 a. m. Ya no podía dormir más. A su lado, en la habitación del hotel en París, su esposa todavía dormía. Rafael Westrupp prendió el computador. No tenía nada más que hacer. La luz azul de la pantalla terminó de despertarlo y, casi por rutina, ingresó a su correo electrónico. Apenas abrió la bandeja de entrada, vio algo que no podía creer.
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El Comité Olímpico Internacional lo había seleccionado para ser uno de los encargados de la ceremonia de medallas en la final de tenis de los Juegos Olímpicos de París 2024. Se alistó y salió rumbo a Roland Garros. Ese día, Novak Djokovic ganó el título que le hacía falta en su repertorio y Westrupp, en medio de los protocolos y frente a miles de personas, estuvo allí para hacer parte de la ceremonia de premiación. Su presencia respondía al cargo que ocupaba como presidente de la Confederación Sudamericana de Tenis.
Hoy, dos años después de aquella mañana en París, Westrupp continúa cerca de los escenarios más importantes del tenis mundial. Además de presidir la Confederación Sudamericana de Tenis (COSAT), es vicepresidente de la Federación Internacional de Tenis (ITF), dos cargos desde los que conoce de cerca el presente de este deporte y, especialmente, los retos que enfrenta Sudamérica para volver a tener protagonismo en la élite.
Ese protagonismo, sin embargo, no se recupera de un día para otro. Para Westrupp, el camino comienza mucho antes de que un jugador llegue al circuito profesional. “Todo empieza por la base”, explica. Y ahí está uno de los grandes retos del tenis sudamericano: aprovechar una región que históricamente ha producido jugadores de alto nivel, pero que necesita seguir fortaleciendo las condiciones para que sus jóvenes talentos puedan crecer y competir.
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“La base puede tener dos definiciones: la base de la iniciación y el desarrollo, y la base del alto rendimiento. Y la base del alto rendimiento tradicionalmente en Sudamérica es muy fuerte. Tenemos resultados muy importantes a nivel mundial y es uno de los pilares estratégicos de la Confederación Sudamericana de Tenis. Siempre se mira a la cima de la pirámide, pero para llegar ahí hay que construir”, dice el oriundo de Florianópolis, Brasil.
Esa apuesta por fortalecer la base se refleja también en la realización de campeonatos sudamericanos para las categorías inferiores. Un ejemplo reciente fue el Sudamericano Sub-16 que se disputó en Bogotá, del 2 al 8 de agosto, que reunió a diez países de la región en el América Tenis Club. El torneo terminó con Brasil como campeón en la rama masculina y Colombia, conformado por Alicia Londoño, Sara Lozano y Emanuela Lares, como ganador en la femenina, además de entregar los cupos al mundial de la categoría, que se disputará en noviembre en El Cairo (Egipto).
“Una de las cosas que nos dejan muy seguros de que estamos en buen camino y de la importancia de los torneos sudamericanos son los resultados. Por ejemplo, en 2022 Brasil fue campeón mundial sub-16, y ese mismo equipo, lógicamente, jugó el Sudamericano. De ese equipo de Brasil tenemos a João Fonseca, tenista brasileño de 19 años que está entre los 30 mejores del mundo en la ATP”.
De hecho, Fonseca es uno de los cuatro latinoamericanos que está en el “top” 30 del “ranking” ATP. El argentino Francisco Cerundolo es el mejor ubicado en la lista: puesto 23. A él lo siguen el chileno Alejandro Tabilo (26), el brasileño João Fonseca (27) y el argentino Tomás Martín Etcheverry (30). Que ellos estén entre los mejores 30 tenistas del mundo responde a un crecimiento sostenido de los sudamericanos en el panorama global del tenis.
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“Aumentamos un 40 % el número de jugadores sudamericanos entre los 100 mejores del mundo. Además, dentro de los 250 mejores pasamos de tener 21 a 23. Es decir que aumentamos un total de 7 jugadores entre los 250 mejores”.
Uno de los que entró en esa lista es el colombiano Nicolás Mejía —129 en el “ranking”—. En junio pasado, el cafetero de 26 años logró, por primera vez en su carrera profesional, ingresar al cuadro principal de un Grand Slam; lo hizo en Wimbledon. Mejía superó la primera ronda, al ganarle al paraguayo Daniel Vallejo, pero perdió en la segunda instancia contra el estadounidense Michael Zheng.
El hecho de que Mejía haya podido disputar la ronda clasificatoria en Wimbledon responde a la mayor cantidad de puntos ATP que el colombiano ha conseguido. Puntos que, en parte, ha conseguido en los torneos que COSAT ha impulsado en la región.
“En 2021 teníamos alrededor de 12 torneos ATP Challenger en Sudamérica. Este año vamos a tener 36 torneos. O sea, el triple. Eso, lógicamente, también se ve reflejado en el “ranking” ATP. Cuando vamos a hacer la comparación de nuevo, probablemente vamos a tener como 15 o 16 entre los 100 y como unos 25 entre los 250”.
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Por eso, las miras hacia el futuro son alentadoras para el tenis sudamericano, a la espera de que haya varios jugadores dentro del “top” 10 del tenis mundial: “El tiempo, si miramos bajo una expectativa deprisa, puede ser enemigo. Pero si miramos con calma, va a ser nuestro amigo. Tenemos mucho potencial para llegar entre los 10 mejores del mundo con los jugadores que nacieron entre 2004 y 2006-2007 en Sudamérica”.
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