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El “tumbao” de los kenianos

Los africanos han volado en el Nido de Pájaro. Talento innato complementado por el profesionalismo adquirido en el último tiempo, aunque no exentos de sospechas.

Los keniatas Ezekiel Kemboi, Brimin Kipruto y Conseslus Kipruto celebran el 1, 2, 3 en los 3.000 metros con obstáculos. / AFP
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Los números no mienten. El dominio de Kenia en las primeras cuatro jornadas del Mundial de Atletismo de Pekín es apabullante. Pero su éxito no es una sorpresa. Sin tanta atención de los medios de comunicación que cubren este deporte, sobre todo estadounidenses, británicos, rusos y alemanes, ese país africano siempre ha sido potencia. De hecho, en la tabla histórica de medallería, desde Malmo 1976, cuando se realizó la primera cita orbital, ha logrado 47 oros, 40 platas y 34 bronces, incluidos los nueve que ha conquistado en el Nido de Pájaro de la capital china.

“Nuestro secreto es que vivimos para correr, para nosotros este deporte es un estilo de vida”, señaló ayer Ezekiel Kemboi, quien lideró el sorprendente 1,2, 3 y 4 keniata en los 3.000 metros con obstáculos. Antes que él, Viviana Cheruiyot se había impuesto en los 10 mil metros damas. Ayer, como se esperaba, David Rushida ganó la final de los 800 metros, mientras que Nicholas Bett sorprendió al llevarse el título de los 400 metros vallas.

“Normalmente hemos sido potencia en las pruebas de semifondo, pero estamos mejorando en la velocidad, nuestros niños cada vez se dedican más a eso y allá estamos trabajando para tener mejores resultados”, dijo Bett en la zona mixta del estadio Olímpico, con la amabilidad y sencillez que caracteriza a los atletas africanos.

De acuerdo con el doctor Jordan Santo, miembro del Departamento de Educación Física y Deportiva de la Universidad Pública Vasca, quien publicó un estudio sobre los atletas keniatas en la revista Journal of Applied Physiology, tras varias pruebas en los laboratorios de las Universidades de ciudad del Cabo y Stellenbosh, “ellos tienen la capacidad de mantener su oxigenación cerebral dentro de un rango estable durante un buen número de kilómetros, lo que les permite haces esfuerzos constantes de minutos e incluso un par de horas”.

Para los especialistas, la elevada altitud a la que nacen y se crían, complementada por la intensa actividad física a la que son sometidos en su niñez, les desarrolla una mayor resistencia y capacidad cardiopulmonar. “Y el aspecto social también ha contribuido”, explica Yaliane Kavosos, una periodista que sigue las hazañas de los atletas africanos por todo el mundo. “El atletismo es una profesión más rentable y respetable que la mayoría. Los jóvenes ven el esta disciplina la oportunidad de asegurar un futuro económico y, de paso, disfrutar y conocer el mundo”.

Claro, con el paso de los años el nivel de exigencia ha crecido y por eso han tenido que mejorar en otros aspectos. “Hoy, el atleta africano es disciplinado, descansa bien, se alimenta bien, viaja en buenas condiciones, se fija en los pequeños detalles, porque la competencia es muy complicada”, agrega la corresponsal del periódico The Nation, uno de los cinco medios escritos de Kenia, además de cuatro de radio y televisión, presentes en el Mundial de Pekín, en el que suman nueve medallas (cuatro oros, tres platas y dos bronces), además de tres cuartos puestos, dos quintos y dos octavos, que son las posiciones que dan puntos en la tabla general.

Claro, sus éxitos no son tan promocionados como los de Usain Bolt, pero eso a ellos los tiene sin cuidado. “Corremos por placer, por diversión, pero también porque es nuestro trabajo. Disfrutamos más si ganamos, pero igual disfrutamos”, le dijo a El Espectador Geoffrey Kamworor, quien perdió la final de los 10 mil metros en un electrizante final con el británico de origen somalí Mo Farah.

Es posible que en la parte final del campeonato llegue el repunte de Estados Unidos, aunque ha perdido medallas con las que contaba, y de Rusia y de Jamaica, favorito en los relevos, pero está claro que Kenia sigue siendo una de las naciones que mandan en el atletismo mundial. En el Nido de Pájaro de Pekín sus gacelas han volado y, sobre todo, se han ganado el cariño y la simpatía de una ciudad de 21 millones de habitantes que se paraliza en las noches para ver, en directo en el estadio o por alguna de las muchas pantallas gigantes que ha instalado la organización, las apasionantes finales del gran máximo evento del deporte base.

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Pero no toda esta historia es color de rosa. Los resultados positivos por dopaje de algunos atletas kenianos han sembrado un manto de duda sobre ellos. De hecho, la federación de ese país suspendió a un par de agentes de deportistas de quienes se dice les suministraban sustancias prohibidas a sus muchachos. También se rumora que hay algunos representantes que manejan a su antojo los calendarios de los corredores y que deciden cómo se reparten las competencias de calle por todo el mundo, con el fin de que todos ganen.

De eso, sin embargo, no hay pruebas contundentes. Y mientras no se demuestre lo contrario, los atletas keniatas seguirán siendo inocentes y ganadores, como en Pekín.

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