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«En tenis, España es un ejemplo»

Entrevista con Iván Lendl, ex número uno mundial.

02 de diciembre de 2009 - 05:09 p. m.
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Iván Lendl nació en Ostrava, República Checa, en 1960, fue número uno del mundo y ganó siete grandes, todos menos Wimbledon. Hoy, aunque es ciudadano estadounidense, espera con gran expectativa la final de la Copa Davis que enfrentará desda mañana a España y la República Checa.

Lendl, ganador de la Ensaladera en 1980 con el equipo de Checoslovaquia, su país de nacimiento, ya no es Iván el terrible, sino justo lo contrario: un tranquilo jugador de golf que hasta se pasea con dificultad. “No jugué al tenis durante 14 años, porque tenía problemas en la espalda”, cuenta en una conversación telefónica. “Volví hace un año, gracias a un doctor que me ha permitido hacer ejercicio sin sentir dolor”.

¿Qué tenía el equipo checoslovaco que fue campeón en 1980 que no hayan tenido los siguientes?

Nosotros sólo éramos grandes amigos que la pasábamos muy bien juntos. Sé que el equipo checo, ahora, tiene una canción, que cantan para unirse. Nosotros viajábamos por todo el mundo juntos, íbamos a los torneos juntos, cenábamos todos los días juntos. Eso nos permitía no vivir en Checoslovaquia, que era un país comunista. Ninguno quería vivir allí. Y por eso nos conocíamos los unos a los otros muy bien. Recuerdo que estaba en Estocolmo cuando cayó el Muro de Berlín y que lo vi en las noticias de la televisión. “¡Genial!”, pensé. La caída de la Cortina de Hierro fue la cosa más grande que había pasado en mi vida hasta ese momento.

¿El comunismo cambió su vida?

Absolutamente. Fue la fuerza que condujo el desarrollo del tenis y de los tenistas checoslovacos. El deporte era la mejor forma de salir del país. Esa fue mi motivación, la más fuerte. Al salir de Checoslovaquia, me di cuenta de que también quería vivir una buena vida fuera de lo que era el tenis y de que el tenis era la vía para lograrlo. Ahora veo que no es así para los jugadores checos. Quizás esa sea una de las razones, aunque no la única, por las que no hay más jugadores de élite allí, diferentes a Radek Stepanek y Tomas Berdych.

Justo ellos llevaron al equipo ahora hasta la final. ¿Lo hubiera esperado al principio del año?

Probablemente no. Pero aunque los jugadores checos no son tan buenos como Rafa Nadal, sí son muy buenos.

¿Qué es lo que hace bueno a Stepanek?

 Que juega diferente. Es muy atlético y peligroso, porque los otros no están acostumbrados a su estilo de juego. Nadie juega ya así. Es muy difícil volear consistentemente en estos tiempos, con las nuevas raquetas y la fuerza de los tiros.

Usted ganó la Davis en 1980…

No gané la Copa Davis solo, eso es imposible. Teníamos un gran equipo. Ganarle a Argentina cuando nadie lo esperaba, fue especial.

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¿Cuál es el consejo que les ha dado a los checos para la final?

He visto a Radek en los Estados Unidos. Hemos practicado juntos, pero mi política es no comentar esas conversaciones con la prensa. Sí puedo decir una cosa que les he dicho: ‘Ustedes son los que deciden, cualquier cosa es posible’. Les he recordado que nosotros tampoco éramos favoritos en 1980, cuando fuimos a Argentina a jugar contra Vilas y Clerc. Y ganamos.

España es el mejor equipo del siglo XXI: lleva tres títulos y cinco finales. Antes, nunca alzó el trofeo. ¿Cómo explica una transformación tan radical?

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Muy fácilmente. La Federación española hace un trabajo fantástico en el desarrollo de jugadores nuevos. Contrata a ex jugadores para entrenar a los jóvenes y éstos les enseñan cómo viajar, cómo entrenarse, cómo jugar, les están enseñando todo el tiempo. España es un ejemplo.

Nadal, optimista para la final

Rafael Nadal, número dos del escalafón mundial y principal carta del equipo español para la final de Copa Davis que desde mañana jugará ante la República Checa, negó encontrarse tocado anímicamente, tal como aseguró su tío y entrenador, Toni Nadal, tras la eliminación en el Masters de Londres y la discreta temporada que ha tenido. En cambio aseguró estar “con la mejor actitud” para ayudar a sus compañeros a retener la ensaladera de plata y lograr la cuarta corona este siglo. “En Londres la pista no ayudó, pero hay que ser realista: no jugué a mi mejor nivel. Mi tío tendrá su opinión. Es evidente que es mejor no perder tres partidos seguidos que perderlos, pero aquí me ve entrenarme y lo estoy haciendo con actitud máxima, normal de ánimos, feliz por poder jugar la final y con la intención de ganarla”, explicó ayer en el Palau Sant Jordi de Barcelona, escenario de la confrontación.

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