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Johannes Klaebo, el rey de los Juegos de Invierno

Con 10 medallas de oro olímpicas, el esquiador noruego firmó en Milán-Cortina la actuación más dominante de esta edición y se convirtió en el segundo atleta más laureado en la historia de los Juegos, si se juntan con los de verano, solo por detrás de Michael Phelps.

19 de febrero de 2026 - 04:03 p. m.
Con 10 medallas de oro olímpicas, el esquiador noruego firmó en Milán-Cortina la actuación más dominante de esta edición y se convirtió en el segundo atleta más laureado en la historia de los Juegos, solo detrás de Michael Phelps.
Foto: EFE - HANNIBAL HANSCHKE
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A los 29 años, Johannes Hosflot Klaebo dejó a sus máximos rivales en el camino y compite contra sus propias marcas.

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En los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 volvió a hacerlo. Junto a su compatriota Einar Hedegart ganó el esprint por equipos bajo un cielo limpio y un sol que iluminaba las montañas italianas. Fue una victoria clara, controlada, casi serena. En los metros finales, Klaebo bajó el ritmo, levantó los brazos y se permitió saborear el momento antes de cruzar la meta. La décima de oro en su carrera olímpica y el ingreso al doble dígito dorado.

Esa cifra lo coloca como el segundo deportista más laureado en la historia de los Juegos Olímpicos, sumando verano e invierno. Solo lo supera Michael Phelps con sus 23 oros. Por detrás quedan nombres que durante décadas parecían intocables: Carl Lewis, Paavo Nurmi, Mark Spitz, Caeleb Dressel, Katie Ledecky y Larisa Latynina, todos con nueve oros. Klaebo, esquiador de fondo, representante de una disciplina que rara vez ocupa los grandes titulares globales, ya está por encima de ellos en el medallero dorado.

Lo que ocurre en Milán-Cortina tiene algo de irreal. Cinco pruebas disputadas, cinco títulos. Y aún le queda el desafío de los 50 kilómetros individuales. Puede cerrar con pleno de seis, una hazaña que ya logró en el Mundial de Trondheim el año pasado. Será el gran reto por conseguir la secuencia de dominio sostenido.

Llegó a Italia con cinco oros olímpicos en el bolsillo: tres en Pyeongchang 2018 y dos en Pekín 2022. En cuestión de días alcanzó y luego superó a tres leyendas noruegas que parecían inalcanzables en el olimpismo invernal: Marit Bjorgen, Bjorn Daehlie y Ole Einar Bjoerndalen, todos con ocho títulos. El domingo celebró el noveno y el miércoles elevó el techo a diez.

En Noruega, el relevo 4×7,5 kilómetros tiene un sabor especial. Es una cuestión de identidad deportiva. Por eso su oro en el relevo masculino fue vivido como una confirmación colectiva. “En Noruega, ganar el relevo es lo que realmente importa”, dijo Klaebo tras la competencia. No hubo alarde. No hubo frases grandilocuentes. Solo la satisfacción de cumplir con lo que su país espera de él.

La dimensión del logro trascendió lo deportivo. El propio primer ministro, Jonas Gahr Store, celebró públicamente que Klaebo se convirtiera en el atleta olímpico de invierno más grande de todos los tiempos. En las tribunas, miles de aficionados noruegos viajaron para acompañarlo. Incluso los suecos, rivales históricos, terminaron sumándose a la ovación. Cuando un adversario aplaude así, el respeto ya está fuera de discusión.

Su historia ayuda a entender el fenómeno. En un país donde el fútbol convive con la nieve, Klaebo recibió su primer par de esquís a los dos años, regalo de su abuelo en Navidad. Esquiaba dentro de la casa, según ha contado. El juego se volvió disciplina y esa constancia, se convirtió en una carrera gloriosa.

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Ganó su primer Globo de Cristal en la temporada 2016-2017. En 2018 ya era triple campeón olímpico y el más joven en lograrlo en su especialidad. Luego sumó dos oros más en 2022 y fue campeón del mundo en quince ocasiones. Todo encaja en una progresión que parece diseñada con precisión quirúrgica.

Lo más llamativo es su manera de habitar el éxito. Está en la cima de su carrera, pero no se comporta como una estrella distante. Administra la euforia. Disfruta el momento sin sobreactuarlo. “Me gusta cómo suena. Es un título muy bonito”, dijo tras una de sus victorias en Italia. La frase es sencilla. Sus resultados, en cambio, son descomunales.

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En la pista se desliza con una mezcla de potencia y control que intimida. No transmite ansiedad. Transmite autoridad. Cuando acelera, rompe la carrera. Cuando regula, parece hacerlo con un margen invisible que solo él conoce.

Klaebo está redefiniendo el lugar del esquí de fondo en la conversación olímpica global. En un deporte de esfuerzo prolongado y técnica refinada, ha construido una narrativa de dominio comparable a la de los gigantes del atletismo o la natación.

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Milán-Cortina 2026 ya tiene su figura central. Si completa el pleno en los 50 kilómetros, el debate será cuánto más puede ampliar su legado. Si no lo hace, su estatus no cambiará. Diez oros olímpicos bastan para asegurar un sitio permanente en la memoria del deporte.

El niño que recibió unos esquís a los dos años hoy es el rey de la nieve. Y todavía no parece haber tocado techo.

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Foto: El Espectador

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