La participación de la selección de Colombia femenina de baloncesto en el preclasificatorio al Mundial, que se disputa en Francia, deja un balance agridulce que se condimenta con la mezcla de orgullo y realidad.
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El equipo logró llegar a una instancia internacional de alto nivel y ese roce internacional siempre será positivo, más para Colombia, que no acostumbra a estos escenarios. Sin embargo, los resultados evidencian la enorme distancia que todavía existe entre el baloncesto colombiano y las potencias del mundo.
A falta de un partido para terminar el torneo, Colombia ya está eliminada. El equipo suma cuatro derrotas en cuatro presentaciones y solo le queda el duelo ante Filipinas, que podría servir al menos para cerrar el campeonato con una mejor sensación.
El rendimiento de Colombia en el clasificatorio
El primer partido fue con Nigeria, uno de los rivales más fuertes del grupo. La selección africana, con varias jugadoras en ligas de Estados Unidos y Europa, impuso desde el inicio su físico y su intensidad. Colombia logró competir durante la primera mitad y se fue al descanso a menos de diez puntos, pero en el segundo tiempo Nigeria elevó el ritmo y terminó dominando con claridad. El marcador final fue 70-37.
El segundo encuentro fue contra Francia, una de las potencias del baloncesto mundial. El equipo europeo impuso su jerarquía desde el comienzo y mostró una clara diferencia de nivel en ritmo, profundidad y calidad técnica. Colombia intentó resistir, pero terminó cayendo 88-48.
El tercer partido aparecía como el más importante para Colombia, ya que Corea del Sur era uno de los rivales ante los que podía aspirar a competir con mayor equilibrio. Sin embargo, el equipo asiático mostró un juego colectivo sólido y gran efectividad en el tiro exterior. Colombia no logró sostener el ritmo y terminó perdiendo 82-52. En ese partido volvió a destacarse Marta Moscarella, que sumó 17 puntos y 7 rebotes.
La cuarta derrota llegó frente a Alemania, que se impuso 78-57. Aunque Colombia tuvo algunos buenos momentos durante el partido, el equipo europeo terminó imponiendo su mayor ritmo y experiencia.
Más allá de los marcadores, el propio entrenador del equipo colombiano, Luis Cuenca, resumió con claridad lo que ha significado esta participación en rueda de prensa. “Nosotros claramente hemos mejorado, estamos orgullosos de eso, pero acá también nos hemos dado cuenta que nos falta mucho camino por recorrer, muchas cosas por mejorar para poder competir en este nivel”. Esa reflexión explica buena parte de lo que se ha visto en el torneo.
El proceso del baloncesto femenino en Colombia
Colombia ha dado pasos importantes en el contexto regional. En los últimos años ha logrado consolidarse como una selección competitiva en el continente americano, ubicándose con frecuencia entre los cinco mejores equipos de la Copa América. Sin embargo, el salto hacia la competencia mundial sigue siendo enorme.
El problema no es únicamente deportivo. En gran medida, se trata de una diferencia estructural.
En Colombia prácticamente no existe una liga femenina estable que permita a las jugadoras competir de manera constante. Sin un torneo profesional o semiprofesional que funcione durante buena parte del año, resulta muy difícil sostener el desarrollo deportivo de las jugadoras. En muchos casos, las deportistas dependen de procesos departamentales o de oportunidades en el exterior para poder mantenerse en alto nivel.
A esa limitación se suma otro factor importante: la preparación para este torneo fue muy corta. La selección apenas tuvo cerca de doce días de trabajo conjunto antes de viajar a Francia y no disputó partidos de preparación frente a rivales de características similares. En la práctica, el equipo llegó al preclasificatorio sin haber tenido una verdadera prueba competitiva previa.
Cuando se observa el contexto de los rivales, la diferencia se vuelve aún más evidente. Francia y Alemania cuentan con ligas locales de alto nivel y sus clubes compiten regularmente en torneos europeos, lo que eleva considerablemente el nivel de sus jugadoras. Nigeria tiene una base importante de jugadoras formadas en el sistema universitario de Estados Unidos y muchas de ellas compiten actualmente en ligas europeas. Corea del Sur dispone de una liga profesional estable que permite mantener un ritmo competitivo constante, y Filipinas también tiene una estructura de competencia local permanente.
En ese escenario, Colombia llega con una desventaja clara desde lo estructural.
Por eso, más allá de las derrotas, el hecho de haber alcanzado este preclasificatorio ya representa un logro importante dentro del proceso del baloncesto femenino colombiano. Las expectativas reales estaban centradas en intentar una hazaña: ganar dos partidos, especialmente ante Corea del Sur y Filipinas, para aspirar a avanzar en el torneo.
La derrota frente a Corea terminó por cerrar prácticamente esa posibilidad. Ahora el último partido ante Filipinas aparece como una oportunidad para despedirse con una victoria que deje una mejor imagen.
También hay razones para mirar el futuro con optimismo. La selección empieza a mostrar un proceso de renovación que será clave en los próximos años.
Marta Moscarella es el ejemplo más evidente. Con apenas 18 años y compitiendo en el baloncesto italiano, la joven ya aparece como una de las jugadoras sobre las cuales se puede construir el próximo ciclo de la selección. Junto a ella también ya están nombres consolidados como Manuela Ríos, Daniela González y Yuliany Paz, parte de una nueva generación que empieza a asumir protagonismo.
Ese relevo es importante porque varias de las jugadoras históricas del equipo están entrando en la etapa final de sus carreras. Referentes como Mabel Martínez y Jennifer Muñoz han sido fundamentales en el crecimiento reciente de la selección, pero el proceso natural indica que poco a poco irán cediendo espacio a las nuevas generaciones.
Por eso, el gran desafío del baloncesto femenino colombiano no está solamente en los resultados de este torneo. El verdadero reto está en lo que ocurra después.
Si el país quiere competir realmente a nivel internacional, necesita fortalecer su estructura. La creación de una liga femenina estable, semiprofesional o profesional, se vuelve una necesidad urgente. Sin ese espacio de competencia permanente, el talento que empieza a surgir corre el riesgo de estancarse.
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