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“Las Anas” y la hazaña de subir la montaña más alta de la Antártida

Ana María Giraldo y Ana Isabel Bustamante conquistaron el monte Vinson, la cumbre más alta de la Antártida, el continente más frío del mundo, dejando una historia que no se puede solo quedar en la foto del triunfo para verla completa y valorarla lo suficiente.

18 de diciembre de 2025 - 09:36 p. m.
Ana María Giraldo y Ana Isabel Bustamante en la cima del Monte Vinson en la Antártida.
Foto: Cortesía
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Todo el mundo quiere tomarse la foto en la cima, pero pocos quieren recorrer el camino para llegar a ella. Podría estar hablando de montañismo, de Ana María Giraldo y de Ana Isabel Bustamante, pero también podría referirse a cualquier otro aspecto de la vida. No solo de aquellas valientes que se atreven a escalar una montaña helada, llegar hasta los casi 5.000 m. s. n. m. (metros sobre el nivel del mar) y tomar una foto que solo cuenta una parte de la historia.

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“Han sido dos años de mucho trabajo. La foto que todos ven en la cima del monte Vinson es apenas una parte del camino”, relata Ana María, manizaleña nacida y criada entre montañas con una profunda pasión por el senderismo. Ese sentimiento que no solo “mueve montañas”, sino que la hace moverse entre ellas en busca de esa paz que al nivel del mar, o cerca de él, a veces es difícil encontrar. Una tranquilidad que descubrió en Ana Isabel, su compañera, una paisa de voz querendona a la que describe como una mujer serena, aplomada y a quien eligió para compartir este viaje. “Yo quería una compañera que disfrutara del camino tanto como yo”, afirma Ana María Giraldo.

Ana Isabel ha subido cuatro de las siete cumbres más altas de cada continente. Un reto que incluye el Everest. Un monstruo de casi 9.000 m. s. n. m. que todos vemos desde afuera como un imposible para simples mortales. Un desafío reservado solo para quienes aprenden a sufrir con cada paso que dan en medio de la nieve o en medio de la vida, pues para las Anas, como las llaman sus allegados, no hay pico demasiado alto ni objetivo demasiado grande que esté fuera de los límites humanos. “Para lograr algo en la vida hay que merecerlo y para eso hay que trabajarlo. Nada que realmente valga la pena llega en bandeja de plata”, asegura Ana Isabel Bustamante.

Una convicción tan grande como sus ganas de completar el reto. Esos deseos que a veces flaquean cuando más cuesta arriba se pone la montaña o la vida misma. “Llegar a las metas grandes solo es posible si estás dispuesto a poner una muy buena cantidad de esfuerzo”, complementa Ana María Giraldo.

Montar en bicicleta, fortalecer los músculos, hacer senderismo y ascender algunas montañas fue parte vital del entrenamiento físico y mental de este par de mujeres durante los dos años previos a poner un pie en la Antártida, el continente más frío del mundo. Las temperaturas de hasta -40 °C las obligaron a usar botas de 1,25 kg de peso en cada pie. Algo así como cargar un balón de baloncesto en cada bota. Aun así, para ellas esa u otras situaciones no eran una anormalidad. “Manipular objetos con guantes también es muy complicado. Mucho más en nuestro caso, que vinimos con tres capas en cada mano. En el montañismo siempre te vas a sentir incómodo, pero, como con cualquier actividad en la vida, todo es cuestión de adaptabilidad”, sostiene Ana Isabel.

Una afirmación que vuelve a cuestionar la verdadera distancia entre este deporte y la vida cotidiana. Aquella que todos experimentamos cada día y que, como la montaña, en ocasiones nos irrita, pero siempre nos da el lugar en el que debemos estar. Incluso renunciando a esa idea de que lo único importante es la meta, pues pocas veces les damos el verdadero valor a los caminos. Esos que solo los conoce quien los transita y de los que casi nadie habla, publica o comparte. “La cumbre es solo una parte del proceso, que se disfruta más que cualquiera, pero no es el fin del camino”, reflexiona Ana Isabel.

Eso es mejor que cualquier trofeo. Saber que el sendero de las Anas y de la vida no premia ni castiga, solo pone todo en su justa proporción, aun cuando el resultado no sea el esperado. No obstante, ese no es el caso de estas dos mujeres colombianas, quienes terminaron su helada travesía en el campamento Glaciar Unión, centro de convenciones de científicos, deportistas, turistas del Polo Sur y hasta entusiastas del pingüino emperador. Ellas dicen que no hay mayor satisfacción que la del deber cumplido, dejando una conclusión más allá de la montaña. “Si te rodeas de las personas correctas, puedes cumplir los sueños más grandes de tu vida”.

Grandes hazañas que se conocen por las fotos, pero que solo se comprenden mediante el camino y el trasegar de una vida que es mucho más que subidas y bajadas. Una vivencia que puede resultar tan inspiradora como la de Ana María Giraldo y Ana Isabel Bustamante. No solo para quienes hacen montañismo, senderismo o cualquier otro deporte, sino para todas aquellas personas que se levantan todos los días de sus vidas a trabajar, caminar y escalar para, un día, llegar a esa foto que después con orgullo le comparten al mundo. “Esperamos que esto no se quede en una foto en una cumbre, sino poder darle la esperanza a cualquier persona de que pueda lograr lo extraordinario”.

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Por Daniel Montoya Ardila

Periodista de la Universidad Externado de Colombia apasionado por los deportes, especialmente el fútbol. Tiene diplomado en táctica y estrategia en fútbol. 27DanielMontoya dmontoya@elespectador.com
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