“Hizo mucho calor hoy”, le dijo Rafael Nadal a su tío, Toni Nadal, luego de perder un partido en el Abierto de Australia. “A lo mejor solamente hizo en la mitad de la cancha, porque del otro lado tu rival jugó muy bien”, le respondió quien en ese entonces también era su entrenador.
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“Las excusas te dan sensación de alivio, pero no te ayudan a ganar”, dijo Toni Nadal tras contar una de las tantas anécdotas que compartió ayer en Bogotá. En su conferencia, el también director de la Rafa Nadal Academy, compartió los principios que promovió en el ganador de 22 Grand Slams y en uno de los referentes del tenis en toda su historia.
Su vínculo con su sobrino la resumen así: “Es la suma de dos historias simples: la de un chico que ya sabía que quería dedicarse al deporte. A él le hubiera gustado más ser un destacado futbolista que un tenis. Y la historia de un entrenador normal, de un pequeño club de mi pueblo, que tenía la ilusión de alcanzar un logro importante. No concibo la vida sin retos, sin marcar objetivos”.
Toni Nadal, que escribió un libro que lleva su nombre, expone también en esta obra los valores que inculcó en el tenista español y que le han servido al entrenador para su legado en el tenis, pero también para sus lecciones de liderazgo y disciplina, que son los pilares desde los cuales es invitado a países como el nuestro para dictar conferencias sobre la importancia de estos elementos en los objetivos no solamente de deportistas, sino de cualquiera de nosotros.
“Desde que vislumbré que mi sobrino tenía condiciones le propuse retos muy elevados. Creció con la idea de ganar Roland Garros, de ganar Wimbledon, de ser el número uno del mundo. Para mí hubiera sido un fracaso no lograrlo. Rafael tenía la ilusión de lograrlo. Pero esto no depende de uno mismo, no sabes si te toca convivir con un Djokovic, con un Federer. (…) El reto principal que le propuse toda la vida a él es mejorar, así que creció con dos ideas: la mejora es siempre posible y es siempre necesaria”, contó el entrenador español.
Con humor, Toni recordaba anécdotas de partidos contra Roger Federer y con esto ejemplificaba lo que más quizá se podía destacar de Rafael Nadal: su actitud, no dar una bola por perdida. Fueron muchas las imágenes y los aplausos que quedaron en la memoria de jugadas que cualquier otro hubiera dado por perdidas, pero que el español rescataba con un esfuerzo que difícilmente otros hubieran podido dar.
“Uno en la vida tiene que ser consciente de la realidad. A Rafael nunca se la escondí. Una vez estábamos en Montecarlo. Teníamos que jugar la final contra un suizo, un tipo que no lo hacía mal. Mi sobrino me preguntaba la táctica, yo casi nunca la sabía. Esa vez, faltando un par de horas para el partido, me preguntó que cómo veía el juego de hoy. Le dije que lo veía complicado porque Federer tiene un mejor drive, un mejor revés, una volea mejor. Rafael me interrumpió y me dijo ‘vaya moral que me das para salir a la pista’. Le dije que yo lo podía engañar, pero que el suizo no. A partir de ahí había que buscar una solución, le dije que creía que le podía ganar si jugaba cada punto como si fuera un match point, como si su vida dependiera de eso y si se las tiraba todas al revés y así lo hizo, lo logró derrotar. Tiempo después lo volvió a hacer y nos dio una paliza. Federer mejoró el revés sin avisarnos (risas)”.
Otra anécdota interesante que da cuenta de los principios de los Nadal tiene que ver con la responsabilidad, con hacerse cargo de los resultados y de los hechos, más allá de que puedan o no influir los factores externos. “Siempre intenté que Rafael se hiciera responsable de todo lo que le pasaba. Lo primero para desarrollar el sentido de la responsabilidad es no buscar excusas. Recuerdo que una vez, cuando tenía 15 años, lo acompañé a un partido previo al circuito profesional. Me fui a ver a otro jugador que también iba conmigo. A mi sobrino lo veía jugar de lejos, vi que era un completo desastre. La raqueta parecía estar rota. La cambió, pero igual perdió. Yo no estaba muy contento. Le dije que cómo era posible que un tío que llevaba jugando toda la vida jugara de esa forma. Recuerdo que mi sobrino me dijo lo siguiente: ‘Estoy tan acostumbrado a tener siempre la culpa que para nada me habría imaginado que era la raqueta la que me hizo jugar mal’”.
La actitud y la simplicidad fueron valores que resaltó. De la primera aseguró que la diferencia de los resultados de grandes jugadores no es cuando juegan bien, sino cuando lo hacen mal. “Cuando Djokovic juega mal, casi siempre gana. Cuando Rafael jugaba mal, casi siempre ganaba. Federer casi nunca jugaba mal (risas). Han crecido dentro de un mundo donde se enfrentan y superan casi siempre a la frustración. La frustración viene de una falta de ánimo, pero también de una búsqueda exagerada de la inmediatez. La capacidad de aguante de mi sobrino lo ha hecho superar bastantes adversidades”, comentaba, recordando también que en 2005 un especialista le dijo a Nada que su carrera estaba prácticamente terminada por una enfermedad que tenía en uno de los huesos del pie.
“Mi sobrino creo que el 80 % de las veces no podía terminar el entrenamiento. Desde finales de 2005 nunca pudo terminar un grand slam sin tomar un calmante, sin salir cojeando. El especialista nos decía que no sabía cómo hacía. Él entendió que la adversidad hacía parte de la vida. Nunca fui un entrenador complaciente. La gente que se queja es la que menos está dispuesta para cambiar su situación. Le dije que no habláramos más del pie porque hablar mucho de un problema es agrandarlo. Le dije que no se quejara, que la vida nos había tratado mucho mejor de lo que merecíamos”.
Sobre la importancia de la simplicidad, señaló: “No estoy en contra de la tecnología, sé que esta nos aporta valor, pero mi sobrino creció y llegó a ser un buen jugador con los tres datos que le di: golpea la pelota lo más fuerte, tira la pelota donde no esté el rival y tira la pelota dentro de la pista. Hubo un cuarto que le ayudó, yo le decía, golpea la pelota cada vez de la mejor manera posible. Mi sobrino se acostumbró a esto y siempre supe que el factor diferencial es la preparación. Yo lo escuché decir que siempre fue más difícil jugar contra mi tío que jugar una final. Siempre le di mucha más importancia a la actitud. Yo busqué sobre todo el desarrollo personal y lo hice con base en tres razones: la primera es porque el reto era muy elevado, el segundo porque siempre vi a Rafael como un chico capaz. La tercera porque tenía una gran estima por mi sobrino. Nunca sería exigente con alguien a quien no sentía un gran aprecio”.
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